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Sobre ideología y economía


La fuerza social de los partidos políticos tiene que ser su ideología, la cual debe ser coherente y concretarse en sus acciones. El arnulfismo -panameñismo tiene una base nacionalista y social. En su praxis ejecutivo siempre ha dado prioridad al desarrollo social y ha defendido los intereses nacionales, sean soberanos, productivos o laborales. No es lógico llamarse "democrático" (PRD) cuando fue creado por una dictadura. ¿Quiénes se nos han opuesto? Poderes económicos internacionales, oligarquías mercantilistas nacionales, militares dictadores, oportunistas desviados.
La identificación ideológica tiene que ser vivencial, ejercida y demostrada. Los pronunciamientos, defensas, persecuciones, cárceles y exilios, cristalizan las convicciones ideológicas. No puede ser transmitida sólo por parentesco, "slogans" o teoricismos.
La falta de consistencia ideológica puede conducir a aprovecharse de los partidos para lograr otros intereses. Eso le ha sucedido a muchos partidos, sobre todo cuando se trata de millonarios y banqueros que naturalmente tienen sus propios intereses de clase o personales. Los ejemplos sobran.
Hoy por sus poderes económicos y publicitarios pareciera que el mundo gira alrededor del dinero, de los grandes consorcios, de los bancos y de las IFI"s.
¿Pero es la economía de moda la que está salvando al mundo? Lamentablemente los economistas y sus teorías nos han hecho dar muchas vueltas, perder tiempo y recursos, especialmente en América Latina.
Hoy pareciera que el capital mundial no tiene suficiente dinero o lo tienen acumulado esperando especular. Pero no circula entre los consumidores de los países pobres. Sus reglas del juego que inventan para presionar a las naciones pobres no las aceptan para ellos: Suiza, Control Tributario; Europa, Acuerdo Kyoto. No globalizan las inversiones, ni la tecnología, ni sus mercados laborales. Buscan como excusa, la corrupción, cuando los que ensucian el dinero con drogas son los países ricos, y ellos no controlan sus propias tributaciones.
Si los países ricos no crecen por incapaces o porque no pueden continuar explorando el colonialismo económico, mal podemos esperar que de su crecimiento, como ellos dicen, puedan dar suficientes migajas para que las naciones pobres progresen.
El capitalismo, supuestamente, debe acumular riquezas, aunque mal distribuidas. La competencia enriquece a algunos y empobrece al vencido, con lo cual la mayoría pierde.
El socialismo crea desarrollo social, pero no acumula riquezas monetarias. Objetan el estatismo, pero ¿quién defiende a las mayorías? ¿Quién civiliza y humaniza a los ambiciosos y desenfrenados directores y rentistas cuya meta es crecer indefinidamente? ¿Quiénes corrompen con su dinero? ¿Quién puede controlar justicia económica internacional con ética? Cuando su meta es: libre empresa, libre comercio, libre explotación. Resultados: la pobreza de las mayorías del mundo.
Cuando surgen creativas novedades en el continente, como la socialdemócrata de Allende y varios actuales gobiernos en la región, entonces la banca y los empresarios entran en la política activa, porque su concepción de la política es el dinero y no la sociedad ni las ideologías.
El costo de las campañas políticas, es decir la intervención del dinero, en la política es la verdadera causa íntima de todas las corrupciones en todas las épocas.
A la presidenta Mireya Moscoso podrán privarla de la publicidad noticiosa, podrán distorsionar sus percepciones ejecutivas, pero tendrán que reconocer que ha sido leal a los principios fundamentales del arnulfismo en su actuación social y nacional. Justamente esa lealtad ideológica es la que debe existir en todos los partidos políticos.
Y es lo que los arnulfistas tenemos que conservar cuando designemos a nuestro candidato o candidata a la presidencia. Garantía de que por cualquier otro interés, los principios fundamentales del arnulfismo, deberán prevalecer.

101 años de Panamá América

 
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