Solución de un crimen
El pueblo panameño ha venido sufriendo por años una brutal agresión a su sistema auditivo. Los conductores de autobuses del servicio público, canallescamente y sin misericordia con troneras y amplificadores se han convertido en verdugos de los usuarios.
Las autoridades, esporádicamente prometen acabar con ese flagelo, pero no pasa nada. Sin duda alguna, para que este mal perdure, los propietarios de los buses son señores poderosísimos que están por encima de la ley y alcahuetean la infamia; de lo contrario, hace tiempo les hubieran puesto fin a los malandrines torturadores del pueblo. De paso pensamos que por ello hay tantos miles de boletas por infracciones de tránsito por parte de los conductores de los "diablos rojos" que permanecen desatendidas, y en consecuencia, astronómicas cifras de multas no pagadas. Los dueños de los autobuses tienen mucho de pecado en eso. Pero tan poderosos señores son, que todos los jefes de la Autoridad Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre, se sienten impotentes para encararlos.
Es hora ya de que la Autoridad Nacional del Ambiente y el Ministerio de Salud, detengan al autobús escandaloso, bajen al conductor y lo pongan a disposición de las autoridades por delinquir contra la salud pública, y saquen al "diablo rojo" de circulación hasta que aparezca su dueño o el testaferro que figure como tal.
Si no se termina con este problema hoy y no mañana, tendremos que convenir en que aquí hay un acto de corrupción con cómplices y encubridores de individuos colosalmente poderosos.
Las autoridades, esporádicamente prometen acabar con ese flagelo, pero no pasa nada. Sin duda alguna, para que este mal perdure, los propietarios de los buses son señores poderosísimos que están por encima de la ley y alcahuetean la infamia; de lo contrario, hace tiempo les hubieran puesto fin a los malandrines torturadores del pueblo. De paso pensamos que por ello hay tantos miles de boletas por infracciones de tránsito por parte de los conductores de los "diablos rojos" que permanecen desatendidas, y en consecuencia, astronómicas cifras de multas no pagadas. Los dueños de los autobuses tienen mucho de pecado en eso. Pero tan poderosos señores son, que todos los jefes de la Autoridad Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre, se sienten impotentes para encararlos.
Es hora ya de que la Autoridad Nacional del Ambiente y el Ministerio de Salud, detengan al autobús escandaloso, bajen al conductor y lo pongan a disposición de las autoridades por delinquir contra la salud pública, y saquen al "diablo rojo" de circulación hasta que aparezca su dueño o el testaferro que figure como tal.
Si no se termina con este problema hoy y no mañana, tendremos que convenir en que aquí hay un acto de corrupción con cómplices y encubridores de individuos colosalmente poderosos.