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Sordera sobre fugas


Una vez más la prensa ha dado cuenta de que un peligroso delincuente se escapó de la cárcel y que dos sargentos y un subteniente son investigados por su presunta vinculación con el caso.

Es indudable que la fuga de un prisionero, en la gran mayoría de los casos, no es cosa fácil si no se cuenta con la complicidad de sus propios custodios. El tema lo hemos tratado con anterioridad y volvemos a tocarlo en la esperanza de que alguien se interese en considerar la posibilidad de ponerle coto a este mal a fin de que se legisle para evitar sus continuas repeticiones o al menos, aminorarlas en apreciable escala.

Hemos sugerido antes, y repetimos ahora, que convendría establecer que a cada persona que resulte implicada en el caso de la fuga de un recluso, no importa en qué grado de participación o apoyo, se le imponga como pena el resto de lo que le faltaba por cumplir al evadido, y un período adicional.

Estamos seguros de que tal medida haría muy difícil el consentimiento de un custodio para prestarse a patrocinar una evasión por muy bien pagado que fuera.

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