Su derecho a envenenarnos
Cuántas veces, estimado lector o lectora, ha estado usted en una discoteca, en un bar o en un restaurante, con el sencillo deseo de pasarla bien y debe retirarse antes de tiempo porque el humo del cigarrillo y el tabaco que consumen otros le irritan los ojos, le provoca alergia y continuos estornudos? ¿Cuántos niños y niñas padecerán de problemas respiratorios como consecuencia de padres o madres que consumen tabaco?
El consumo de tabaco es uno de los principales problemas de salud en el mundo. En Panamá, el cáncer generado por el malsano hábito de fumar cobra innumerables vidas todos los años. Y lo peor es que no sólo mueren o se enferman quienes fuman, sino que también sufren sus efectos dañinos los que no fuman, pero aspiran el vicio de los demás.
Durante la pasada Asamblea Legislativa, se ratificó el Convenio de la Organización Mundial de la Salud para el Control del Tabaco, que establece una serie de obligaciones para los Estados Partes que deben desarrollar a través de legislación o reglamentación, adoptada de acuerdo a la realidad de sus respectivos países.
Con el inicio del nuevo gobierno, el Legislador Alcibíades Vásquez y yo presentamos un anteproyecto de ley que busca desarrollar integralmente todas las obligaciones contraídas con la ratificación del Convenio de la OMS. Sé que estamos planteando cosas que son heréticas para los grandes intereses de las tabacaleras y de algunos sectores económicos vinculados a la industria del servicio. Sé también que muchos fumadores se alzarán airados a defender su "democrático" derecho a fumar.
Y no es para menos. Estamos proponiendo una legislación severa, cónsona con la gravedad del problema sanitario que busca afrontar. Aumentamos el impuesto a los cigarrillos, proponemos una amplia prohibición de fumar en lugares públicos cerrados, prohibimos la propaganda del vicio de fumar y planteamos establecer estrictos controles para prevenir el contrabando de cigarrillos. Entre muchas otras cosas, que tienen en común, el que sean medidas recomendadas por los expertos en la materia como las medidas necesarias para salvar vidas y prevenir los enormes costos que implican atender a todos los enfermos a consecuencia del humo del cigarrillo.
No le niego a nadie el supuesto derecho que tiene a envenenarse a sí mismo. Pero no le reconozco a ninguno de los que deciden adoptar el vicio de fumar, el supuesto derecho a envenenarnos a quienes no fumamos. Por eso, nuestra propuesta concluye que, quien quiera fumar, que lo haga donde no haga daño a los demás.
A los dueños de casinos, bares, restaurantes y demás negocios similares que alzan el fantasma de que se afectarán sus negocios, quiero invitarlos a que vean las estadísticas. Les aseguro que Panamá tiene más gente que no fuma que gente que fuma. El día que se pueda respirar en sus negocios sin sufrir un ataque repentino de tos o sin irritación en los ojos, seguramente muchas personas como yo, que no vamos a menudo a sus negocios por esas molestias, comenzaremos a ir más. Y los que fuman, seguirán asistiendo y tendrán que fumar afuera, como ya lo tienen que hacer en otros lugares. Piensen en grande y se darán cuenta que sus negocios no sufrirán, sino todo lo contrario.
En todo caso, el tema está sobre el tapete. Esperamos que la discusión se haga de cara al país y no en restaurantes lujosos con opíparos almuerzos ofrecidos por obsequiosos ejecutivos de las tabacaleras. Y usted, ciudadano o ciudadana, que seguramente coincide con nosotros, hagan sentir su voz ante sus respectivos representantes en la Asamblea.
El consumo de tabaco es uno de los principales problemas de salud en el mundo. En Panamá, el cáncer generado por el malsano hábito de fumar cobra innumerables vidas todos los años. Y lo peor es que no sólo mueren o se enferman quienes fuman, sino que también sufren sus efectos dañinos los que no fuman, pero aspiran el vicio de los demás.
Durante la pasada Asamblea Legislativa, se ratificó el Convenio de la Organización Mundial de la Salud para el Control del Tabaco, que establece una serie de obligaciones para los Estados Partes que deben desarrollar a través de legislación o reglamentación, adoptada de acuerdo a la realidad de sus respectivos países.
Con el inicio del nuevo gobierno, el Legislador Alcibíades Vásquez y yo presentamos un anteproyecto de ley que busca desarrollar integralmente todas las obligaciones contraídas con la ratificación del Convenio de la OMS. Sé que estamos planteando cosas que son heréticas para los grandes intereses de las tabacaleras y de algunos sectores económicos vinculados a la industria del servicio. Sé también que muchos fumadores se alzarán airados a defender su "democrático" derecho a fumar.
Y no es para menos. Estamos proponiendo una legislación severa, cónsona con la gravedad del problema sanitario que busca afrontar. Aumentamos el impuesto a los cigarrillos, proponemos una amplia prohibición de fumar en lugares públicos cerrados, prohibimos la propaganda del vicio de fumar y planteamos establecer estrictos controles para prevenir el contrabando de cigarrillos. Entre muchas otras cosas, que tienen en común, el que sean medidas recomendadas por los expertos en la materia como las medidas necesarias para salvar vidas y prevenir los enormes costos que implican atender a todos los enfermos a consecuencia del humo del cigarrillo.
No le niego a nadie el supuesto derecho que tiene a envenenarse a sí mismo. Pero no le reconozco a ninguno de los que deciden adoptar el vicio de fumar, el supuesto derecho a envenenarnos a quienes no fumamos. Por eso, nuestra propuesta concluye que, quien quiera fumar, que lo haga donde no haga daño a los demás.
A los dueños de casinos, bares, restaurantes y demás negocios similares que alzan el fantasma de que se afectarán sus negocios, quiero invitarlos a que vean las estadísticas. Les aseguro que Panamá tiene más gente que no fuma que gente que fuma. El día que se pueda respirar en sus negocios sin sufrir un ataque repentino de tos o sin irritación en los ojos, seguramente muchas personas como yo, que no vamos a menudo a sus negocios por esas molestias, comenzaremos a ir más. Y los que fuman, seguirán asistiendo y tendrán que fumar afuera, como ya lo tienen que hacer en otros lugares. Piensen en grande y se darán cuenta que sus negocios no sufrirán, sino todo lo contrario.
En todo caso, el tema está sobre el tapete. Esperamos que la discusión se haga de cara al país y no en restaurantes lujosos con opíparos almuerzos ofrecidos por obsequiosos ejecutivos de las tabacaleras. Y usted, ciudadano o ciudadana, que seguramente coincide con nosotros, hagan sentir su voz ante sus respectivos representantes en la Asamblea.