Taiwan en la OMS
Hace algunas décadas, las enfermedades contagiosas estaban ampliamente difundidas en Taiwan y eran el causante número uno de muertes en el país. Hoy es otra realidad. Gracias al desarrollo de las campañas educativas para despertar la conciencia pública en asuntos de la salud, a la excelente calidad de las investigaciones científicas y a la aplicación de los resultados de las mismas; a las modernas instalaciones hospitalarias y recursos médicos; a la impresionante proporción de médicos y especialistas con respecto a la población, han sido erradicadas enfermedades como la peste bubónica, la viruela, la difteria, la tosferina, la poliomielitis y la tuberculosis.
Desde 1959 no se ha descubierto un solo caso de rabia y en 1965, la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la cual formaba parte, declaró a Taiwan como área libre de malaria.
La situación de la salud no sólo ha mejorado sustancialmente, sino que ocupa un sitial preponderante en el concierto de las naciones. La atención médica para todos, desde la infancia hasta la ancianidad, está asegurada por ley y el desembolso nacional para el sostenimiento de salud es igual o superior al de otros países desarrollados; el sistema universal de seguro social es el primero en Asia, y cubre casi el 100% de la población.
Taiwan disfruta de uno de los más altos niveles de expectativa de vida (74 años los hombres y 79 las mujeres); las bajas tasas de mortalidad materno-infantil son comparables, favorablemente, con la de países del primer mundo, y combate deficiencias de nutrición. Hoy los taiwaneses consumen, a diario, unas 3,000 calorías e ingieren más de 95 gramos de proteínas. Siendo un país pequeño y aún en desarrollo, ha adoptado la política de compartir su experiencia de desarrollo, incluyendo el área de la salud pública, con otras naciones de Asia, África y América Latina.
En muchos terrenos, como la disminución de la mortalidad infantil, la prevención y reducción de las enfermedades contagiosas y la erradicación de enfermedades endémicas como la malaria, Taiwan ha compartido sus logros y soluciones. Ha fomentado los intercambios en tecnología y salud, educación y capacitación, al organizar foros internacionales, talleres y seminarios sobre salud pública, atendidos por profesionales de numerosos países; ha donado materiales de alivio y brindado ayuda médica humanitaria a 78 países y regiones donde algún desastre natural ha puesto en peligro el sistema de salud pública.
Pero, la salud del pueblo taiwanés se ha visto en algunas situaciones amenazada y sus esfuerzos por brindarle asistencia médica a personas en necesidad en otras partes del mundo han sido obstruidos por estar excluida de la OMS. Esta organización no le brinda a Taiwan información actualizada sobre el SIDA y otras enfermedades, y organizaciones humanitarias como la Cruz Roja Internacional se han demorado en brindar asistencia durante emergencias, como el devastador terremoto de 1999 en la Isla.
Es incomprensible que la organización médica más importante del mundo imposibilite a Taiwan para que pueda compartir, efectivamente, con la comunidad internacional su experiencia, potencial humano y otros recursos de salud. Es inconcebible que se siga sometiendo al pueblo de Taiwan a una forma de "apartheid sanitaria", que no es sólo inmoral, sino que rompe con los ideales y las obligaciones que son todo el sistema de la OMS: "alcanzar para todos los pueblos el grado más alto posible de salud".
No se puede seguir permitiendo esta inconsistencia en un planeta donde las fronteras políticas ya no representan barreras insuperables para el intercambio de bienes, servicios, personas e ideas y la globalización de la salud es de vital importancia para toda la humanidad.
Estos precedentes demuestran que Taiwan está plenamente calificada para participar como observador en el trabajo de la Asamblea Mundial de la Salud (AMS) y en las sesiones de la OMS, porque tiene la infraestructura de salud, los recursos humanos y los conocimientos científicos necesarios para conseguir los objetivos fijados por la Constitución de la OMS. No existe disposición legal en contra de la participación de Taiwan como observador en la Asamblea General de la Salud. Ha llegado el momento para que los miembros de la OMS reconozcan que la exclusión de Taiwan de la cooperación internacional en materia de salud no es justa y crea un abismo en la defensa global contra las enfermedades.
Creo que los panameños tenemos derecho a ser optimistas. Creo que Martín Torrijos cree en lo que prometió y creo que lo prometió porque lo cree posible. Por eso se justifica la gran esperanza que llena en estos días el corazón de la mayoría de los panameños.
Desde 1959 no se ha descubierto un solo caso de rabia y en 1965, la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la cual formaba parte, declaró a Taiwan como área libre de malaria.
La situación de la salud no sólo ha mejorado sustancialmente, sino que ocupa un sitial preponderante en el concierto de las naciones. La atención médica para todos, desde la infancia hasta la ancianidad, está asegurada por ley y el desembolso nacional para el sostenimiento de salud es igual o superior al de otros países desarrollados; el sistema universal de seguro social es el primero en Asia, y cubre casi el 100% de la población.
Taiwan disfruta de uno de los más altos niveles de expectativa de vida (74 años los hombres y 79 las mujeres); las bajas tasas de mortalidad materno-infantil son comparables, favorablemente, con la de países del primer mundo, y combate deficiencias de nutrición. Hoy los taiwaneses consumen, a diario, unas 3,000 calorías e ingieren más de 95 gramos de proteínas. Siendo un país pequeño y aún en desarrollo, ha adoptado la política de compartir su experiencia de desarrollo, incluyendo el área de la salud pública, con otras naciones de Asia, África y América Latina.
En muchos terrenos, como la disminución de la mortalidad infantil, la prevención y reducción de las enfermedades contagiosas y la erradicación de enfermedades endémicas como la malaria, Taiwan ha compartido sus logros y soluciones. Ha fomentado los intercambios en tecnología y salud, educación y capacitación, al organizar foros internacionales, talleres y seminarios sobre salud pública, atendidos por profesionales de numerosos países; ha donado materiales de alivio y brindado ayuda médica humanitaria a 78 países y regiones donde algún desastre natural ha puesto en peligro el sistema de salud pública.
Pero, la salud del pueblo taiwanés se ha visto en algunas situaciones amenazada y sus esfuerzos por brindarle asistencia médica a personas en necesidad en otras partes del mundo han sido obstruidos por estar excluida de la OMS. Esta organización no le brinda a Taiwan información actualizada sobre el SIDA y otras enfermedades, y organizaciones humanitarias como la Cruz Roja Internacional se han demorado en brindar asistencia durante emergencias, como el devastador terremoto de 1999 en la Isla.
Es incomprensible que la organización médica más importante del mundo imposibilite a Taiwan para que pueda compartir, efectivamente, con la comunidad internacional su experiencia, potencial humano y otros recursos de salud. Es inconcebible que se siga sometiendo al pueblo de Taiwan a una forma de "apartheid sanitaria", que no es sólo inmoral, sino que rompe con los ideales y las obligaciones que son todo el sistema de la OMS: "alcanzar para todos los pueblos el grado más alto posible de salud".
No se puede seguir permitiendo esta inconsistencia en un planeta donde las fronteras políticas ya no representan barreras insuperables para el intercambio de bienes, servicios, personas e ideas y la globalización de la salud es de vital importancia para toda la humanidad.
Estos precedentes demuestran que Taiwan está plenamente calificada para participar como observador en el trabajo de la Asamblea Mundial de la Salud (AMS) y en las sesiones de la OMS, porque tiene la infraestructura de salud, los recursos humanos y los conocimientos científicos necesarios para conseguir los objetivos fijados por la Constitución de la OMS. No existe disposición legal en contra de la participación de Taiwan como observador en la Asamblea General de la Salud. Ha llegado el momento para que los miembros de la OMS reconozcan que la exclusión de Taiwan de la cooperación internacional en materia de salud no es justa y crea un abismo en la defensa global contra las enfermedades.
Creo que los panameños tenemos derecho a ser optimistas. Creo que Martín Torrijos cree en lo que prometió y creo que lo prometió porque lo cree posible. Por eso se justifica la gran esperanza que llena en estos días el corazón de la mayoría de los panameños.