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Taxistas y la imagen de Panamá


Las empresas arrendadoras de autos reciben continuas quejas de turistas espantados por los riesgos que conlleva manejar automóviles en la capital en medio del irrespeto flagrante de los taxistas a las reglas del tránsito. Mientras los visitantes extranjeros están habituados a respetar las normas del tránsito porque ello forma parte de la cultura cívica de un norteamericano o de un europeo, encuentran aquí que los taxistas convierten las pistas en un peligroso campo de batalla en el que la matonería, la obscenidad y la ausencia de buenos modales son los antivalores predominantes.
En verdad, los turistas no nos están informando de nada que no conozcamos sobre los taxistas criollos. Con muy ligeras excepciones, el gremio panameño de taxistas tiene una representación que denigra la imagen de Panamá por sus violaciones cotidianas a las leyes de tránsito. Tal pareciera que el reglamento de tránsito rige solamente para los que no son taxistas, porque éstos se comportan como si no existiera para ellos. Pero no se trata únicamente del reglamento que norma el respeto a los semáforos sino de reglas elementales de buena educación. Si alguien les llama la atención por sus desacatos al reglamento reciben una andanada de frases soeces, cuando no amenazas de agresión física.
Se dice que el grado de educación de un país tiene como uno de los principales parámetros la línea de conducta o inconducta de los pilotos frente a las reglas del tránsito. Desde el punto de vista de este método de medición cultural, el nivel negativo de autoestima de los taxistas nos sitúa en bajas calificaciones.
La política de reclutamiento político de la dictadura militar a través de los cupos ha dejado un triste saldo de cúpulas de dirigentes habituados a lucrar con los permisos de operación, recayendo éstos en elementos desprovistos de una apropiada cultura cívica. Lamentablemente las autoridades de tránsito de los gobiernos democráticos, en vez de erradicar el desprestigiado sistema de los cupos, lo han fortalecido. A la cadena de complacencia se aúnan los policías de tránsito que se hacen de la vista gorda ante las infracciones de los taxistas, como cómplices del caos antirreglamentario, mientras se endurecen ante el piloto de vehículos particulares. La experiencia enseña cada día que no bastan los requisitos de edad, salud, y pericia para conceder una licencia de taxista.
La enseñanza del Manual de Carreño es aconsejable y hasta requisito indispensable, porque la irresponsabilidad temeraria provoca accidentes funestos y pérdidas de vidas. ¿ Qué están esperando en las oficinas de la Autoridad de Tránsito Terrestre ante tanto abuso, tantos agravios a la imagen internacional de Panamá y sobre todo ante tantos muertos y heridos por taxistas y buseros?

101 años de Panamá América

 
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