Tercero de adviento 2000
Sacerdote jesuita
A pocos días ya de la celebración devota por parte de quienes han elegido darle un nuevo giro a estas fiestas navideñas, la liturgia eclesiástica católica nos exhorta a que estemos alegres. "Estad siempre alegres en el Señor, el Señor está cerca" Esta es la famosa y antiquísima antífona de entrada de este tercer domingo de adviento. Así comienza también la segunda lectura (Filipenses 4,4-7). La primera lectura del profeta menor Sofonías (Zephaniah 3,14-18) y el salmo responsorial también insisten en el júbilo. La razón está clara, el Señor, el Dios con nosotros que es lo que significa "Emmanuel", está cerca. El gran anuncio de la Navidad está pronto a ser proclamado. Alegría, júbilo. ¿Qué clase de alegría y qué clase de júbilo? Habrá, dirán algunos, motivos para alegrarnos cuando las cosas andan como andan?
No queremos vivir alienados. Ni menos opiados con cantos y cantitos cuando a nuestro alrededor muchos, muchos panameños les espera una Navidad no fría, porque nuestras temperaturas casi siempre andan rondando los treinta grados centígrados, pero sí distinta de otras fechas similares cuando tenían algo para poner a la mesa, aunque fuera un muslo de pavo. Ni eso. Por tantas razones, hay mucha desocupación, muchos buscando trabajo. Muchos despidos de personas que llevaban años trabajando en esta u otra empresa y que por imprimir nuevos rumbos, se les ha señalado la puerta de salida, a leales trabajadores que llevaban más de dos décadas sirviéndole eficiente y productivamente ora al Estado ora a la empresa privada con la razón o pretexto de "ajustes presupuestarios" o "sangre nueva juvenil" que inmisericordemente son aplicados a estas personas. Y se repite y se vuelve a repetir, bueno, esta es la famosa globalización o de otra manera, esta es la privatización que mejoraría la marcha de las cosas. Alegraos, repite la escritura o la Sagrada Biblia en su carta de Pablo a los fieles de Filipos. Otra vez os lo digo, alegraos.
Asimismo, es cosa sabida y lo reiteramos, que la característica del verdadero cristiano es estar siempre alegre porque ha venido el Salvador y ha venido a salvarnos. ¿Cómo armonizar estas creencias religiosas con nuestra realidad que no inspira alegría? Hemos hecho algunos adelantos y avances modernizadores eso no se discute. Pero el avance no ha sido parejo. Externamente Panamá impresiona al extraño, pero en cuanto a nuestras costumbres, francamente cada vez más desmejorándonos.
Un indicador irrefragable de lo que asevero es el caos y anarquía reinante en la circulación vehicular. Hace algunos días conversaba con un periodista sobre este tema y coincidíamos que en el relajamiento de las costumbres se puede señalar como un trauma derivado de la invasión del 20 de diciembre de 1989. De entonces a esta parte, es fácil comprobar que las señales del tránsito no son respetadas, no sólo por los que se sienten poderosos por sus entronques politiqueros con éste o aquél ubicado en los altos estamentos gubernamentales, sino por los que navegan con las banderas de pobres, campesinos, asalariados, destituidos, discriminados, obreros y marginados. La cortesía en el conducir es por lo visto para los tontos, los que no están en nada. Basten dos incidentes que nos confirman lo dicho.
Sin pretender ser preciso y confiando en la memoria de lo que oí por radio, aparentemente un vehículo a velocidad excesiva atropelló a una joven, no sé si era o no era estudiante, derribada en el pavimento fue arrollada por otros dos vehículos que seguían al que se dio a la fuga, siguiendo su mal ejemplo, y por lo visto, los demás que venían en la fila iban por el mismo camino hasta que un conductor de taxi valientemente interpuso su vehículo en forma transversal entre la joven siniestrada y el resto de la furia que se avecinaba. Increíble. Pero la noticia fue repetida varias veces. ¿Conclusión? Luego por este caso, queda claro que nos hemos insensibilizado hasta unos límites que deben alarmar a la ciudadanía a fin de ver qué hacemos porque con este indicador ya sabemos a qué atenernos. Irresponsabilidad e insensibilidad. Entiendo que aún no se ha capturado al culpable, ni se le capturará, a pesar de que nos hemos sofisticado en mecanismos ultramodernos y especialistas para estos casos.
A propósito del conductor del transporte selectivo, habría que proponerlo como un modelo de valor nacional por su humanitarismo y que por otro lado muestra el rostro positivo de los que a este arte se consagran todos los días, que por cierto, no se caracterizan por esa virtud.
El otro indicador de cómo andan las cosas fue el incidente entre dos conductores en el complejo comercial Los Pueblos. Todos recordamos la noticia que nos informaba que un vehículo embistió al otro.
Uno de los afectados, furioso, salió de su vehículo, trató de zanjar su disgusto por medio de los puños. Como se dice hoy con un sabor de anglicismo "lo consiguió" y el conseguido ripostó con una varilla de hierro que llevaba destruyendo parte del vehículo, a lo cual vino otra respuesta con un disparo de arma de fuego con al bala que se incrustó en el hombro del otro involucrado. ¿Qué tal? La agresividad, la impaciencia, la velocidad, la rivalidad, el impulso ciego por incrementar ganancias y más ganancias. ¿Hasta cuánto?
¿Más leyes humanas? ¿Más reuniones de las fuerzas vivas? ¿Más declaraciones? Nada sirve si no estamos convencidos internamente, por eso sólo nos queda volver al texto sagrado en Filipenses 4, 4: "Como cristianos, estén siempre alegres, se lo repito, estén alegres. Que todo el mundo note lo comprensivos que son. El Señor está cerca, no se angustien por nada, en lo que sea, presenten ante Dios sus peticiones con esa oración y súplica que incluyen acción de gracias, así la paz de Dios que supera todo razonar, custodiará su mente y sus pensamientos por medio del Mesías Jesús.