Terremoto de Lula Da Silva
Mientras el presidente brasileño Luiz Inacio Lula Da Silva hacía esfuerzos por reorganizar su gabinete, tocado bajo la línea de flotación, por un torpedo lanzado por el parlamentario presidente de uno de sus aliados, el Partido Laborista, Roberto Jefferson, éste pidió licencia para separarse de la titularidad de su colectivo para dedicar "todos sus esfuerzos a luchar por Brasil", en lo que se ha interpretado como tener las manos libres para rematar a la pieza mal herida. Y lo está, no sabemos si de muerte.
Jefferson había pronunciado hace una semana un discurso demoledor e inesperado ante el pleno del Senado. Acusó al gobierno de Lula, de "alquilar y comprar diputados de la oposición, en vez de esforzarse en co gobernar con ellos". En uno de los despachos contiguos al del presidente, se repartían maletines de dinero, para comprar el voto de congresistas. El mandatario, que asumió la presidencia hace año y medio, no cuenta con mayoría parlamentaria; y pese a ello, venía desarrollando una labor de gobierno muy positiva, alabada incluso por las instituciones de crédito y las calificadoras internacionales.
Los dardos de Jefferson produjeron, por lo pronto una dolorosa baja para Lula, cuando dimitió el principal de sus ministros y cerebro de su exitosa administración, José Dirceu, quien también es diputado y retorna al Congreso, tras su renuncia al gabinete - según ha dicho - para lavar su imagen y enfrentar a sus enemigos. No era, sin embargo la primera vez que circulaban denuncias de corrupción en el seno del gobierno de Lula.
La enseñanza para nosotros es obvia. Desde la valiente actitud de un senador dispuesto a denunciar hasta a un aliado, en su afán de combatir la corrupción; hasta la digna actitud del ministro que renunció, aun declarándose inocente.
Jefferson había pronunciado hace una semana un discurso demoledor e inesperado ante el pleno del Senado. Acusó al gobierno de Lula, de "alquilar y comprar diputados de la oposición, en vez de esforzarse en co gobernar con ellos". En uno de los despachos contiguos al del presidente, se repartían maletines de dinero, para comprar el voto de congresistas. El mandatario, que asumió la presidencia hace año y medio, no cuenta con mayoría parlamentaria; y pese a ello, venía desarrollando una labor de gobierno muy positiva, alabada incluso por las instituciones de crédito y las calificadoras internacionales.
Los dardos de Jefferson produjeron, por lo pronto una dolorosa baja para Lula, cuando dimitió el principal de sus ministros y cerebro de su exitosa administración, José Dirceu, quien también es diputado y retorna al Congreso, tras su renuncia al gabinete - según ha dicho - para lavar su imagen y enfrentar a sus enemigos. No era, sin embargo la primera vez que circulaban denuncias de corrupción en el seno del gobierno de Lula.
La enseñanza para nosotros es obvia. Desde la valiente actitud de un senador dispuesto a denunciar hasta a un aliado, en su afán de combatir la corrupción; hasta la digna actitud del ministro que renunció, aun declarándose inocente.