TLC, la ampliación del Canal y la Omertá
EN LA EDICIÓN DEL pasado viernes de un diario local, bajo el título: "Gabinete informa a cuentagotas", se daba cuenta del desencanto de varios dirigentes políticos de oposición por el secretismo con que la "patria nueva" viene "discutiendo" los decretos-leyes que expedirá, en uso de las facultades extraordinarias que ella misma se autoconcedió, con la diligente complicidad de su bancada en la Asamblea, en abierta violación de la letra y el espíritu de la Constitución.
Aunque lo que reseña la nota de prensa es cierto, no puede menos que asombrar que a estas alturas, después de transcurridos 20 meses de "patria nueva", dirigentes de la oposición se declaren sorprendidos o desencantados con el proceder de los gobernantes de turno. El gobierno del PRD está haciendo lo que siempre tuvo planificado hacer cuando recobrara el poder. Allá los que se tragaron el cuento de "la transparencia más transparente que la transparencia misma".
Después de haber visto con nuestros ojos y oído con nuestros oídos, como solía decir un famoso personaje popular, como nos zamparon, primero, la reforma tributaria "más saca plata que todas las saca plata", que tiene entre la espada y la pared a la mayoría del país; como, con expedita secuencia impusieron, de manera inconsulta, como y cuando le vino en ganas, la Ley 17 de reformas a la Caja del Seguro Social, sazonándola con despliegues de "dobermans" y gases lacrimógenos, creo que ya no queda margen para la duda y menos para "los desencantos" de los dirigentes de la oposición.
Como habían calculado que consumado el madrugonazo de la nefasta Ley 17, bastarían con unos cuantos despliegues de fuerza para que el país se resignara, los estrategas del régimen fueron sorprendidos por la reacción popular que ellos no se esperaban. Enfrentados a una ola de protestas que día a día cobraba intensidad y que se extendía peligrosamente por todos el país, no les quedó otro remedio que recular. A continuación convocaron al diálogo que se habían resistido a realizar. Con la colaboración de sectores empresariales y algunas dirigencias gremiales lograron sacar adelante un nuevo proyecto de reformas a la seguridad social, que ya es ley de la República y, por tanto, ha empezado a aplicarse. Todavía está por verse si sus bondades son las que se pregonan. Iguales exaltaciones se hicieron en su momento sobre la reforma tributaria; pero ahora vemos que muchos de los sectores que la apoyaron hoy se quejan amargamente de sus efectos negativos.
Recurrir a la convocatoria del diálogo sobre el Seguro Social fue, en su momento, una tabla de salvación para el gobierno y le permitió recuperar el control que se le escapaba de las manos. Sin embargo, como ese no era el camino que los estrategas gubernamentales se habían trazado, también se alteró el cronograma que cuidadosamente habían diseñado y de acuerdo al cual: primero, vendría la reforma tributaria; en segundo lugar, las reformas del Seguro Social; en tercer lugar, el TLC; y, en último lugar, la joya de la corona: la ampliación del Canal.
Siempre me pregunté a cambio de qué, algunos sectores empresariales habían hecho frente común con el gobierno, para empujar las reformas de la seguridad social. Hoy, creo que no es una especulación infundada asumir que ese apoyo está vinculado con las negociaciones del TLC y con los beneficios que esperan obtener de la ampliación del Canal; sin olvidarnos que también anda rondando el tema del salario mínimo.
Después de ser testigos de los secretismos con que el gobierno y algunos empresarios y dirigentes gremiales manejaron en su momento la reforma tributaria y también los cambios al régimen de la seguridad social; y de ver la forma sesgada como se han involucrado en el tema del TLC, es fácil advertir de qué pata cojea la mula.
El gobierno de la "patria nueva" y sus aliados estratégicos nunca han pensado abandonar sus planes. Y si bien la prolongación de una definición sobre el tema del Seguro Social los retrasó en la ejecución del cronograma que se habían trazado, por sus acciones posteriores nos siguen demostrando que no hay propósito de enmienda. La experiencia de lo ocurrido con las reformas del Seguro Social, debió hacerlos reaccionar y comprender que no pueden seguir escondiéndose cartas en la manga. Tal vez, ilusamente, crean que pueden seguir engatusando al pueblo; los hechos les volverán a demostrar que no. Su credibilidad se ha deteriorado mucho más de lo que ellos creen.
El patético desenlace de la última ronda de negociaciones con los Estados Unidos para la concertación del TLC, nuevamente ha alertado el pueblo. Nadie se ha tragado el cuento de que la famosa carta, que el gobierno conocía desde hace varios meses, fue puesta en agenda como resultado de la divulgación de su existencia por el ex ministro Cortizo. Esa explicación es tan pobre como ridícula.
Las experiencias de la reforma tributaria, tema que está lejos ser caso cerrado; del Seguro Social, que pretendieron aprobar a espaldas del pueblo; del TLC, donde ha estado ausente la transparencia; el secretismo con el que se maneja lo concerniente a la ampliación del Canal; y las facultades extraordinarias, con las que han despojado a la Asamblea de sus funciones constitucionales y al pueblo del derecho a conocer, mediante su discusión publica, las leyes nacionales, demuestran, así lo percibimos muchos, que en el gobierno de la "patria nueva" se sigue practicando algo muy parecido a la Omertá (aquella ley del silencio que practican las organizaciones mafiosas).
El ser humano, se ha dicho muchísimas veces, es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra, lo cual es verdad; pero los malos políticos, que son otra especie aparte, se tropiezan muchas más. Y por ello, siempre pagan las consecuencias.
Aunque lo que reseña la nota de prensa es cierto, no puede menos que asombrar que a estas alturas, después de transcurridos 20 meses de "patria nueva", dirigentes de la oposición se declaren sorprendidos o desencantados con el proceder de los gobernantes de turno. El gobierno del PRD está haciendo lo que siempre tuvo planificado hacer cuando recobrara el poder. Allá los que se tragaron el cuento de "la transparencia más transparente que la transparencia misma".
Después de haber visto con nuestros ojos y oído con nuestros oídos, como solía decir un famoso personaje popular, como nos zamparon, primero, la reforma tributaria "más saca plata que todas las saca plata", que tiene entre la espada y la pared a la mayoría del país; como, con expedita secuencia impusieron, de manera inconsulta, como y cuando le vino en ganas, la Ley 17 de reformas a la Caja del Seguro Social, sazonándola con despliegues de "dobermans" y gases lacrimógenos, creo que ya no queda margen para la duda y menos para "los desencantos" de los dirigentes de la oposición.
Como habían calculado que consumado el madrugonazo de la nefasta Ley 17, bastarían con unos cuantos despliegues de fuerza para que el país se resignara, los estrategas del régimen fueron sorprendidos por la reacción popular que ellos no se esperaban. Enfrentados a una ola de protestas que día a día cobraba intensidad y que se extendía peligrosamente por todos el país, no les quedó otro remedio que recular. A continuación convocaron al diálogo que se habían resistido a realizar. Con la colaboración de sectores empresariales y algunas dirigencias gremiales lograron sacar adelante un nuevo proyecto de reformas a la seguridad social, que ya es ley de la República y, por tanto, ha empezado a aplicarse. Todavía está por verse si sus bondades son las que se pregonan. Iguales exaltaciones se hicieron en su momento sobre la reforma tributaria; pero ahora vemos que muchos de los sectores que la apoyaron hoy se quejan amargamente de sus efectos negativos.
Recurrir a la convocatoria del diálogo sobre el Seguro Social fue, en su momento, una tabla de salvación para el gobierno y le permitió recuperar el control que se le escapaba de las manos. Sin embargo, como ese no era el camino que los estrategas gubernamentales se habían trazado, también se alteró el cronograma que cuidadosamente habían diseñado y de acuerdo al cual: primero, vendría la reforma tributaria; en segundo lugar, las reformas del Seguro Social; en tercer lugar, el TLC; y, en último lugar, la joya de la corona: la ampliación del Canal.
Siempre me pregunté a cambio de qué, algunos sectores empresariales habían hecho frente común con el gobierno, para empujar las reformas de la seguridad social. Hoy, creo que no es una especulación infundada asumir que ese apoyo está vinculado con las negociaciones del TLC y con los beneficios que esperan obtener de la ampliación del Canal; sin olvidarnos que también anda rondando el tema del salario mínimo.
Después de ser testigos de los secretismos con que el gobierno y algunos empresarios y dirigentes gremiales manejaron en su momento la reforma tributaria y también los cambios al régimen de la seguridad social; y de ver la forma sesgada como se han involucrado en el tema del TLC, es fácil advertir de qué pata cojea la mula.
El gobierno de la "patria nueva" y sus aliados estratégicos nunca han pensado abandonar sus planes. Y si bien la prolongación de una definición sobre el tema del Seguro Social los retrasó en la ejecución del cronograma que se habían trazado, por sus acciones posteriores nos siguen demostrando que no hay propósito de enmienda. La experiencia de lo ocurrido con las reformas del Seguro Social, debió hacerlos reaccionar y comprender que no pueden seguir escondiéndose cartas en la manga. Tal vez, ilusamente, crean que pueden seguir engatusando al pueblo; los hechos les volverán a demostrar que no. Su credibilidad se ha deteriorado mucho más de lo que ellos creen.
El patético desenlace de la última ronda de negociaciones con los Estados Unidos para la concertación del TLC, nuevamente ha alertado el pueblo. Nadie se ha tragado el cuento de que la famosa carta, que el gobierno conocía desde hace varios meses, fue puesta en agenda como resultado de la divulgación de su existencia por el ex ministro Cortizo. Esa explicación es tan pobre como ridícula.
Las experiencias de la reforma tributaria, tema que está lejos ser caso cerrado; del Seguro Social, que pretendieron aprobar a espaldas del pueblo; del TLC, donde ha estado ausente la transparencia; el secretismo con el que se maneja lo concerniente a la ampliación del Canal; y las facultades extraordinarias, con las que han despojado a la Asamblea de sus funciones constitucionales y al pueblo del derecho a conocer, mediante su discusión publica, las leyes nacionales, demuestran, así lo percibimos muchos, que en el gobierno de la "patria nueva" se sigue practicando algo muy parecido a la Omertá (aquella ley del silencio que practican las organizaciones mafiosas).
El ser humano, se ha dicho muchísimas veces, es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra, lo cual es verdad; pero los malos políticos, que son otra especie aparte, se tropiezan muchas más. Y por ello, siempre pagan las consecuencias.