Todo está mal
Se han juntado el hambre y las ganas de comer. Los voceros de la Patria Nueva con los medios de comunicación social. Todo está mal. La economía, el déficit presupuestario, la planilla estatal, el Banco Nacional de Panamá, la Caja de Ahorros, el Puente Centenario, los hospitales Santo Tomás y José Domingo De Obaldía, las fundaciones, los cruceros que no dejan plata, los pasaportes diplomáticos y la justicia, en una larga lista de no acabar.
Esta perspectiva de país contrasta con el estudio 2003-2004 de la CEPAL, que destaca lo siguiente sobre la realidad de la República de Panamá: "Para 2004 se prevé un crecimiento de alrededor de un 5%, dado que ya en el primer trimestre la economía se expandió un 6.7%. Ha continuado tanto la mejoría del entorno internacional como la ejecución de varios proyectos de inversión públicos y privados, y se prevé que la inflación se mantenga baja, mientras el déficit fiscal se situaría en torno al 2% del PIB. El ambiente interno del primer semestre estuvo caracterizado por las elecciones presidenciales y parlamentarias realizadas en el mes de mayo, cuyos resultados dieron al nuevo gobierno un amplio margen de maniobra, que ha mejorado las expectativas económicas".
Hace algunos días tuve la visita en mi despacho profesional de dos importantes inversionistas extranjeros. Al iniciar la reunión, uno de ellos me preguntó: "Doctor Alemán, díganos ¿cuál es el Panamá de verdad, el que vemos o el que aparece en el periódico que me llevan a la habitación del hotel?". A esta interrogante contesté que Panamá era un país pujante, dinámico y de oportunidades, con los problemas propios de las naciones en vías de desarrollo y deficiencias estructurales que seguramente iríamos resolviendo en el futuro. La decisión era entre invertir en Honduras o Panamá, creo que los convencí de invertir en Panamá, salvo que los portavoces del "todo está mal" los hayan convencido de lo contrario.
Los retos de nuestro país no se resolverán con mentiras, falsedades o verdades a medias. Por el contrario, esta práctica seguramente acabará por reversar las tendencias positivas de nuestro crecimiento económico, que destaca en su informe la CEPAL. Entonces, cabizbajos, tendrán que decir "No se pudo". Y seguramente será por culpa de nosotros los arnulfistas.
Esta perspectiva de país contrasta con el estudio 2003-2004 de la CEPAL, que destaca lo siguiente sobre la realidad de la República de Panamá: "Para 2004 se prevé un crecimiento de alrededor de un 5%, dado que ya en el primer trimestre la economía se expandió un 6.7%. Ha continuado tanto la mejoría del entorno internacional como la ejecución de varios proyectos de inversión públicos y privados, y se prevé que la inflación se mantenga baja, mientras el déficit fiscal se situaría en torno al 2% del PIB. El ambiente interno del primer semestre estuvo caracterizado por las elecciones presidenciales y parlamentarias realizadas en el mes de mayo, cuyos resultados dieron al nuevo gobierno un amplio margen de maniobra, que ha mejorado las expectativas económicas".
Hace algunos días tuve la visita en mi despacho profesional de dos importantes inversionistas extranjeros. Al iniciar la reunión, uno de ellos me preguntó: "Doctor Alemán, díganos ¿cuál es el Panamá de verdad, el que vemos o el que aparece en el periódico que me llevan a la habitación del hotel?". A esta interrogante contesté que Panamá era un país pujante, dinámico y de oportunidades, con los problemas propios de las naciones en vías de desarrollo y deficiencias estructurales que seguramente iríamos resolviendo en el futuro. La decisión era entre invertir en Honduras o Panamá, creo que los convencí de invertir en Panamá, salvo que los portavoces del "todo está mal" los hayan convencido de lo contrario.
Los retos de nuestro país no se resolverán con mentiras, falsedades o verdades a medias. Por el contrario, esta práctica seguramente acabará por reversar las tendencias positivas de nuestro crecimiento económico, que destaca en su informe la CEPAL. Entonces, cabizbajos, tendrán que decir "No se pudo". Y seguramente será por culpa de nosotros los arnulfistas.