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Todos somos consumidores



Por la especialización del trabajo, le ofrecemos a los demás bienes o servicios que nosotros producimos o brindamos, y recibimos de ellos lo que necesitamos. Ojo que nadie compra lo que no necesita, por lo que la racionalidad económica indicaría que debemos medir la riqueza de un país no en base a la cantidad de petróleo, zapatos, autos, etc., que produce sino en la cantidad de bienes y servicios que su población puede consumir.
Imagínese que usted tiene un maletín con un millón de dólares en efectivo y yo tengo un galón de agua pura de manantial, digamos que estamos en la mitad del desierto del Sahara solos y a pie, ¿quién es el rico y quién es el pobre? Por mucho tiempo hemos estado confundiendo las cosas. Cuando Dios le dijo a Adán: "Y ganarás el pan con el sudor de tu frente", no le estaba diciendo que su objetivo en la vida era sudar sino comer, y que no comería producto del esfuerzo de otro sino de sí mismo. No es moral, pues, que comamos gracias al sudor del de enfrente sino gracias al sudor de nuestra frente, ni es sabio pensar que lo que Dios nos proponía era que produjéramos sudor, sino que comiéramos pan.
Nuestros pueblos siguen en la pobreza porque hemos trastocado el concepto. Aquí en Panamá tenemos unos 1,800 productores comerciales de arroz y unos 3,000,000 de consumidores; pero cuando van a negociar tratados de libre comercio o a fijar nuestra política arancelaria, los gobernantes no lo hacen de manera que los 3,000,000 de habitantes puedan comer arroz más barato, sino que los 1,800 arroceros comerciales puedan seguir produciendo arroz, aun si es más caro que el importado. Si el consumidor panameño pudiera comprar el arroz que se quiere comer un 10% , 20% ó 30% más barato, significaría que usaría la diferencia para comprar otras cosas que necesitaba, pero para las cuales antes no le alcanzaba el dinero, o que ahorraría el dinero sobrante para adquirir más adelante un bien más costoso o atender un imprevisto. Si la situación hiciera que no sea un negocio rentable producir arroz en Panamá, seguramente que se perderían algunos empleos en el sector arrocero, pero se crearían otros nuevos en los sectores en donde los consumidores gastarían el dinero que se ahorran al comprar arroz más barato. Normalmente los empleos en los sectores que requieren subsidios para existir son peor pagados que los empleos de los sectores que son competitivos para una economía dada. Lo que tendríamos a final de cuentas es pues, unos empleos no bien remunerados que desaparecen, reemplazados por más empleos o la misma cantidad de empleos, pero mejor remunerados en otros sectores y, sobre todo, tres millones de panameños más ricos porque podremos consumir la misma cantidad de arroz pero además tendríamos los otros bienes que antes no podíamos comprar, y hay un extra, y es que el dinero que antes el Estado nos sacaba con impuestos y que destinaba a subsidiar a los arroceros, se podría invertir en otras necesidades como escuelas, carreteras, programas de salud, etc. ¿Verdad que es mejor comer que sudar?

101 años de Panamá América

 
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