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Todos unidos ante la X Cumbre Iberoamericana


Aunque somos un país de servicio, donde continuamente afluyen visitantes de diversas etnias e idiosincrasias, no es costumbre que se den entre nosotros eventos de tal magnitud como lo será la Décima Cumbre Iberoamericana, que se celebrará con miras a perfeccionar políticas en bien de la niñez y la adolescencia de nuestros países.
Como ocurre en el plano vecinal o amical, donde nos apuramos en limpiar la casa más de lo acostumbrado, y tratamos de brindarle a los visitantes lo más exquisito en un ambiente de llana hospitalidad, así mismo deberá ocurrir con esta considerable cantidad de visitantes de países hermanos, de manera que puedan sentirse confortables, aprovechando al máximo su estancia entre nosotros, mientras admiran los parajes citadinos en medio de la más gustadas viandas y cálidas atenciones de nuestra parte. Ello nos permitirá dejar en alto el nivel de cultura que nos ha caracterizado en acontecimientos de mayor o menor jerarquía, pero iguales de dignos.
Dar motivos para que se nos cuestione como malos anfitriones, sería lamentable y, aunque creamos lo contrario, no es el gobierno como tal quien quedaría mal, sino todos y cada uno de nosotros como panameños. Bien saben los mandatarios visitantes lo que tendrían que esmerarse cada uno como gobierno por ser atentos si este evento de carácter internacional se diera en sus respectivos países.
Así, en el ambiente armónico de urbanidad social que debe reinar, mal podría complacer a un invitado el encontrarse en manifestaciones públicas fuera de tono, sobre cualquier temática social o económica de uno u otro grupo, por muy justas que nos parezcan. Inclusive, estamos llamados a ser prudentes y sabios en la forma como nos comportemos, tanto las figuras públicas como el resto de los ciudadanos; además debe manejarse con suma cautela y evitando notas discordantes al enfocarse cualquier noticia o hecho durante estos días, manteniendo cautiva la crudeza con que a veces se dan algunas informaciones, sobre todo, si en realidad éstas no llevan a la solución de algún problema, sino sólo al sensacionalismo.
Los visitantes deben percibir siempre el buen deseo que nos mueva a buscar, de manera mancomunada, soluciones a la problemática de nuestra niñez que tan abandonada está en todos los países, además de defender los derechos que asisten a los niños, dado que ellos no pidieron venir al mundo, a veces injusto de los mayores.
Reflexionar sobre estas reglas de urbanidad cuesta nada, ya que su práctica oportuna nos conducirá a ganar más prestigio como genuinos artífices de la hospitalidad y confraternidad, aparte de abonar entre nosotros un sustrato apropiado para impulsar la inversión por parte de otros países.
Finalmente, dada la trascendencia de este evento, creímos oportuno presentar ante el Consejo Municipal, una propuesta de resolución en la que se le da la bienvenida a estos visitantes, hecho que fue acogido por unanimidad por los señores concejales.
De igual forma, con sumo respeto, nos atrevemos a sugerir al resto de las entidades gubernamentales, a la empresa privada, y a los organismos cívicos, se dignen manifestarse emitiendo públicos saludos de bienvenida.
Aun cuando ni como gobierno ni como oposición somos perfectos, es propicio la ocasión para rebasar nuestras diferencias y anteceder con esmero y responsabilidad a nuestros invitados, dando muestras de madurez ciudadana. Panamá se lo merece y nuestros niños y jóvenes también.

101 años de Panamá América

 
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