¿Trabajador del conocimiento?
El valor comercial de una empresa no sólo se mide por sus activos.
Una pieza fundamental de este valor guarda estrecha relación con la mano de obra que la empresa tiene a su servicio, pero no una cualquiera, sino de aquella denominada trabajador del conocimiento o "knowlead worker".
El termino "trabajador del conocimiento" fue acuñado por Peter Drucker, austriaco especialista en banca y autor de literatura relacionada con el "management". Sus escritos y estudios hicieron que hoy día se le considere como el gurú de la nueva gestión empresarial.
Según sus análisis, en el siglo XX, el activo más valioso de una compañía era su equipo de producción. Mientras que en el siglo XXI el activo más valioso debían ser los trabajadores del conocimiento y su productividad.
Drucker, quien falleció a los 96 años en el 2005, insistía en que quienes trabajan con el conocimiento son dueños de los medios de producción y que su conocimiento es un activo de capital enorme. Aseguraba que los trabajadores manuales necesitan el cargo mucho más de lo que el cargo los necesita a ellos. Entiéndase por trabajador manual aquella persona que ejecuta una actividad de manera mecánica.
En el caso del "knowlead worker" aún no se puede dar por hecho que las empresas los necesitan más que ellos a la empresa, pero para la mayoría se trata de una relación simbiótica en la que los unos necesitan de los otros en las mismas proporciones. La labor de quien dirige una institución o empresa es preservar los activos de la institución a su cargo. Esto significa que quien trabaja con el conocimiento con resultados medibles en productividad ha de convertirse en pieza fundamental de la organización, quizás la principal arma de trabajo de la institución. Sería un gravísimo error dejarlo ir.
En Panamá, son pocas las persona, empresas o instituciones gubernamentales que ponen en la práctica este nuevo y revolucionario concepto, que cada día logra más adeptos es los países desarrollados.
El valor comercial del "knowlead worker", en nuestro país no se mide con suficiente objetividad. "Nadie es indispensable", aseguran algunos. La verdad es así, pero en el engranaje de la productividad qué necesario resultan las ideas puntuales dirigidas a incrementar los ingresos y disminuir los costos de producción.
Qué oportuno es contar con un personal idóneo, creativo y emprendedor, con ideas frescas que pueda establecer una productiva estrategia -de cualquier índole- cuyos resultados sean cuantificables en rendimientos al final de la gestión financiera de la empresa. Pero también qué sencillo, resulta para algunos, con un limitado sentido de la operatividad y desarrollo organizacional; para aquellos que no ven más allá de lo que les permite su pueril desarrollo mental, la importancia del conocimiento y de quien sabe ponerlo a funcionar en benéfico de una entidad privada o estatal.
Poner en práctica la teoría del "knowlead worker", no es tarea fácil. Quizás el problema de mayor importancia en nuestra sociedad radica en que, en principio, las personas no comprenderán la magnitud de las responsabilidades que recaen sobre él, y por ende se generarán choques innecesarios.
En la empresa privada pueden ser considerados por los empleados de menor categoría como inoperantes e incapaces, por el solo hecho de no trabajar con su cuerpo. Por desconocimiento, en el Estado serían considerados como "botellas", o cualquier otro calificativo, muy a pesar de su productividad y los proyectos que lograría desarrollar en beneficio de la Nación. Con esto no queremos decir que el término "botella" no exista, pero no se confunda la comparación, o ejemplificación.
A pesar de los problemas que pueda traer consigo poner en práctica esta futurista teoría, el sistema panameño requiere su establecimiento de manera urgente. Los frutos son del todo cuantificables en réditos y beneficios directos para el desarrollo operacional y financiero de una organización.
Una pieza fundamental de este valor guarda estrecha relación con la mano de obra que la empresa tiene a su servicio, pero no una cualquiera, sino de aquella denominada trabajador del conocimiento o "knowlead worker".
El termino "trabajador del conocimiento" fue acuñado por Peter Drucker, austriaco especialista en banca y autor de literatura relacionada con el "management". Sus escritos y estudios hicieron que hoy día se le considere como el gurú de la nueva gestión empresarial.
Según sus análisis, en el siglo XX, el activo más valioso de una compañía era su equipo de producción. Mientras que en el siglo XXI el activo más valioso debían ser los trabajadores del conocimiento y su productividad.
Drucker, quien falleció a los 96 años en el 2005, insistía en que quienes trabajan con el conocimiento son dueños de los medios de producción y que su conocimiento es un activo de capital enorme. Aseguraba que los trabajadores manuales necesitan el cargo mucho más de lo que el cargo los necesita a ellos. Entiéndase por trabajador manual aquella persona que ejecuta una actividad de manera mecánica.
En el caso del "knowlead worker" aún no se puede dar por hecho que las empresas los necesitan más que ellos a la empresa, pero para la mayoría se trata de una relación simbiótica en la que los unos necesitan de los otros en las mismas proporciones. La labor de quien dirige una institución o empresa es preservar los activos de la institución a su cargo. Esto significa que quien trabaja con el conocimiento con resultados medibles en productividad ha de convertirse en pieza fundamental de la organización, quizás la principal arma de trabajo de la institución. Sería un gravísimo error dejarlo ir.
En Panamá, son pocas las persona, empresas o instituciones gubernamentales que ponen en la práctica este nuevo y revolucionario concepto, que cada día logra más adeptos es los países desarrollados.
El valor comercial del "knowlead worker", en nuestro país no se mide con suficiente objetividad. "Nadie es indispensable", aseguran algunos. La verdad es así, pero en el engranaje de la productividad qué necesario resultan las ideas puntuales dirigidas a incrementar los ingresos y disminuir los costos de producción.
Qué oportuno es contar con un personal idóneo, creativo y emprendedor, con ideas frescas que pueda establecer una productiva estrategia -de cualquier índole- cuyos resultados sean cuantificables en rendimientos al final de la gestión financiera de la empresa. Pero también qué sencillo, resulta para algunos, con un limitado sentido de la operatividad y desarrollo organizacional; para aquellos que no ven más allá de lo que les permite su pueril desarrollo mental, la importancia del conocimiento y de quien sabe ponerlo a funcionar en benéfico de una entidad privada o estatal.
Poner en práctica la teoría del "knowlead worker", no es tarea fácil. Quizás el problema de mayor importancia en nuestra sociedad radica en que, en principio, las personas no comprenderán la magnitud de las responsabilidades que recaen sobre él, y por ende se generarán choques innecesarios.
En la empresa privada pueden ser considerados por los empleados de menor categoría como inoperantes e incapaces, por el solo hecho de no trabajar con su cuerpo. Por desconocimiento, en el Estado serían considerados como "botellas", o cualquier otro calificativo, muy a pesar de su productividad y los proyectos que lograría desarrollar en beneficio de la Nación. Con esto no queremos decir que el término "botella" no exista, pero no se confunda la comparación, o ejemplificación.
A pesar de los problemas que pueda traer consigo poner en práctica esta futurista teoría, el sistema panameño requiere su establecimiento de manera urgente. Los frutos son del todo cuantificables en réditos y beneficios directos para el desarrollo operacional y financiero de una organización.