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Trabajo de menores


“Se necesita empleado”, suele advertirse en estos días en muchas tiendas de Boulder, Colorado, pequeña ciudad turística y universitaria, al pie de concurridos centros de esquí, justo al pie de las Rocallosas. La presencia de jóvenes de ambos sexos, no todos mayores de edad, es evidente. Hacen de meseros y dependientes de todo tipo de negocios, en medio de un enjambre de visitantes que deambulan aquí y allá, preparándose para subir a las montañas, imponentes, al alcance de las manos, mientras algunas docenas de alces, plenos en cornamenta se asoman por las calles y patios de las casas, y la nieve reposa grácil sobre el techado, árboles y plantas, al asomo de las primeras nevadas.

En Panamá, combatimos el trabajo de menores, no obstante, salvo los abusos, es bueno que tengamos presente que en países desarrollados como Estados Unidos, China e Israel, desde muy temprana edad, se estimula que jóvenes y hasta niños de distinto origen económico, desempeñen labores remuneradas como parte de su formación en una cultura de trabajo, como podemos verlo en familias descendientes de inmigrantes de nuestro país. El mayor peligro está en el ocio, no en el trabajo. En casa acechan las novelas, el chateo inútil, el Internet sin control, la tentación de las drogas y del sexo prematuro para aliviar el tedio.

El trabajo es disciplina, conciencia de saberse útil, el justo premio del cansancio remunerado y una palmada de aprobación al final de la jornada.

 

101 años de Panamá América

 
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