Trabajo infantil
Impresiona advertir que se hable y escriba con tanta frecuencia sobre la necesidad de combatir el trabajo infantil. Estimamos que antes de legislar protegiendo a los infantes, debió explicársele a la población, a fin de que padres y madres de familia lo entendieran bien, qué es la infancia. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la define como la edad del niño desde que nace hasta los siete años. A más de ello, es aconsejable ir sobre la materia con pies de plomo para considerar situaciones excepcionales de trabajo de un infante y evitar que se continúe considerando como tal a quien ya dejó de serlo.
Siempre hemos estimado que el trabajo en muchísimos casos es una manifestación espontánea en el ser humano, desde la más tierna edad. El niño que ve a su padre clavando, desea tomar también el martillo y clavar, y así ocurre en multitud de casos.
Estamos de acuerdo con que se combata el trabajo que demande de un infante esfuerzos impropios para su edad. Para muchos de ellos trabajar en labores sencillas que no produzcan agotamiento, es muy entretenido y placentero, sobre todo si de ello derivan fruto. Además, los padres de familia que saben que un pequeño hijo suyo está rindiendo labores sencillas en determinado lugar, se sentirán satisfechos y en sosiego, de los cuales no disfrutarían si el vástago anduviera de su cuenta por las calles y a saber en qué clase de compañía.