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Tragedia de Pakistán


El asesinato de Benazir Bhutto en los días finales de una campaña electoral exitosa, y que auguraba un rotundo triunfo de la oposición política, constituye un duro golpe a la posibilidad de una democracia secular en Pakistán.

Bhutto, nacida en 1953, fue electa Primer Ministro a los 35 años y se convirtió en la primera mujer en presidir un gobierno secular en una nación islámica. Fue derrocada en 1990, antes de cumplir dos años en el gobierno, pero fue electa de nuevo en 1993 y derrocada nuevamente en 1996. Tras ocho años de exilio, regresó en octubre de este año, no sin responsabilizar al gobierno militar de Pervez Musharraf de su seguridad. En noviembre sobrevivió al primer atentado en el que murieron más de cien personas. Sus más odiados enemigos, los militares y los integristas islámicos, son también sospechosos del asesinato. Su contendor político en el torneo electoral, Nawaz Sharif, resumió en pocas palabras el sentir de la nación pakistaní: “Este es el día más triste de la historia de Pakistán”.

Sin Bhutto, que es lo mismo que decir sin una opción secular y modernizante con amplio respaldo popular, Pakistán se queda sin futuro por el momento. El tiempo presente cargado de violencia, inestabilidad política, conducción autoritaria del gobierno y ausencia de libertades, se extiende indefinidamente, pues es improbable que las elecciones para el 8 de enero se celebren del todo, y si se llegasen a hacer no producirán un mandato legítimo y estable en la nación centro asiática.

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