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Transporte público sin rumbo



Luego de un trayecto accidentado y trágico, el Transporte Público anda sin rumbo, dando tumbos y arrollando la esperanza de sus víctimas. El Presidente, que pareció decidido a tomar el toro por los cachos luego del desastre del autobús incendiado, no ha podido conducir el proceso de cambios a favor del usuario, porque parece prisionero de los intereses sectoriales y económicos que explotan y quieren explotar la actividad.
Y ese es el gran error, el tema del Transporte Público de pasajeros sólo se resolverá cuando se tenga como eje de solución al usuario. El usuario que dedica de un veinte a un veinticinco por ciento de su vida a transportarse en vehículos ruidosos, impuntuales y desvencijados, amontonado como una res camino al matadero, que es el calvario diario en el que los matan a plazos, es quien debiera ser objeto de todas las consideraciones y consultas.
No son las mafias del transporte ni los que los quieren reemplazar en el importante negocio, quienes tienen que ser atendidos en sus intereses. Es lógico que la solución considere la justa compensación a quienes han invertido su patrimonio familiar en una actividad cuya naturaleza tendrá que cambiar por fuerza de la realidad, pero de allí a acomodar el nuevo modelo para que todos quepan en la misma cama -junto con los poderosos que se quieren meter también - es un absurdo y criminal propósito. Sólo el cálculo político electoral del impacto de las calles reventadas y la ciudad trancada en el 2009, ha hecho que el proceso se detenga. Menos mal porque en lugar de tomar al toro por los cachos el Gobierno parecía decidido a empujarlo por la chuta y llevarnos con él a todos al matadero.

101 años de Panamá América

 
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