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Tres candidatos y una sola estocada: "desempleo y agricultura"


En esta campaña política para las elecciones presidenciales del 2 de mayo, 1999, sería interesante que cada panameño busque las obras políticas sobre torneo electoral del escritor norteamericano Stephen Hess, quien analiza crudamente las características de un candidato para ganar las elecciones en la gran democracia norteamericana, donde los ciudadanos ante de emitir un voto primero piensan en su país.
Es importante que también los candidatos escudriñen los mensajes, en cuanto a la forma de cómo llegar a sus electores, porque en esta elección popular de Panamá las decisiones del voto no llegarán de una simple encuesta, será del pueblo. Que cada ciudadano observe, detenidamente, los planes económicos de cada candidato y pondere cuál es la mejor propuesta que nos llevará hacia el verdadero camino del desarrollo social del país. De no ser así, los panameños continuaremos viviendo peor que ayer, esperando la muerte y esta no nos llega.
Tres candidatos políticos honestos, pero en la contienda por el poder del voto popular sólo habrá un ganador. El torneo electoral, con sus juegos de azares, de promesas y propuestas, nos brindará una gran sorpresa porque Panamá no puede llegar al año 2000 a ras del suelo ante la exigencia que plantea, hoy en día, el mercado internacional. Hace poco, de viaje por la provincia de Chiriquí, escuché un anciano de las tierras altas de Volcán, con su pipa llena de tabaco y un sombrero montuno que se le caía a los lados, afirmó "que los productos podrían ser comprados en cualquier región de su país, pero aquí todos se hacen de la vista gorda porque las carnadas son espantosas y los negocios son intercambios comerciales donde el producto se hunde".
El escenario ya está marcado en un torneo de elección donde participarán los candidatos Martín Torrijos, Mireya Moscoso y Alberto Vallarino; el teatro, un país que se desangra por el aumento del desempleo, la corrupción de una burocracia entorpecedora y perversa, además, en el camino también aniquilan la microempresa y al productor nacional.
¡Qué triste es el escenario de Panamá! Atrás van quedando los políticos tradicionales, con esquemas de desarrollo dormido. En el nuevo escenario, es la verdad, surge un empresario de éxito presentando una opción económica que se ha transformado en dura estocada, con su propuesta de 250 mil plazas de empleos en un país donde ser joven es doloroso y ser viejo, por los malos servicios de salud, mejor que lo diga Dios (...). De él, dicen hasta adversarios políticos, ha tenido la gracia de ser el primero en presentar "El Plan Económico y de Acción Social", en hablarle al agricultor y referirse a la industria del turismo frente a un mercado industrial que nos arropa sin saber por qué.
Todos, absolutamente todos los ciudadanos, deberíamos detenernos con ejemplos específicos al instante de emitir el voto. Por el momento, que al tomar la decisión se piense un poco en la agricultura del país. Que el enfoque se inicie en nuestras fronteras, las cuales se definen como naturales, marítimas y aéreas; ambas están constituidas por un límite fijado pero los negocios que se realizan allí, a veces, son intercambios que marchan contra el viento de Panamá. Son tan porosas nuestras fronteras, dicen que es por la Zona Libre de Colón que hace de nuestro comercio un negocio de alegría.
El intercambio desigual para el agricultor del país nos trae sus sellos desde el Oeste de las costas de Panamá. En el Caribe, los contrabandos se inician por la desembocadura del río Sixaola, que también hace frontera con Costa Rica. Desde ese punto del país, la expresión de luchar por la vida toma cada día un sentido mayor, los hermanos "ticos" y panameños cruzan y se dan las manos y comercializan sus productos con sus propios esfuerzos, por la falta de política de Estado apropiada.
De la misma forma, más abajo, en Paso Canoa la situación es un poco diferente para no decir peor. Allí los negocios son una cruz para los productores y agricultores panameños. Nosotros no podemos vivir en las fronteras de nuestra nación soportando un intercambio desigual que pareciera nos sigue hasta la muerte.
Ya es tiempo que las zonas fronterizas sean transformadas en puntos agrícolas donde la actividad empresarial encuentre eco bajo nuevas formas de desarrollo social y más orientada hacia el poder de la fruticultura del país. Vallarino dice que puede hacerlo. Hagamos de Panamá una nación donde los vagones refrigerados salgan del territorio llenos de flores, mangos, café, cañas, piñas y maíz, entre otros productos que se pueden desarrollar mediante las técnicas de una buena política frutícola especializada. Reivindiquemos los derechos del productor nacional.
Otro de los aspectos para la decisión del voto, es nuestro mercado turístico. Sin ir muy lejos para el enfoque iniciemos desde el Aeropuerto Internacional de Tocumen. Allí, frecuentemente, escasean las cervezas del país frente a las extranjeras; en los restaurantes las comidas criollas ni las vemos, de jugos naturales ni hablar y por esas delicadas carimañolas hechas de yuca y rellenas de carne, que tanto gusta a los extranjeros, ni hablar.
Sólo se nos ocurre preguntar y lo haremos con temor, igual que si estuviéramos proponiendo una teoría vergonzosa, ¿por qué no orientamos una mejor política turística hacia los productos nacionales? ¿por qué un aeropuerto internacional, que es hermoso, cuando le quitan la pintura de la cara es una vergüenza que nos sorprende, pues, creemos que ni el Instituto Panameño de Turismo (IPAT) ni nosotros mismos conocemos?
Por el momento, pensemos que no es que no se vendan allí las cervezas extranjeras, "por cierto son caras", es que defendamos y comercialicemos también los productos nacionales porque miles de panameños dependen de las industrias que están desarrollando en el país.
En Panamá no se puede continuar viviendo donde cada cual elabore sus propios disfraces y en donde con viejos principios de libre comercio los productores nacionales se ahoguen y no puedan competir. Asimismo, en el segundo aspecto, el crecimiento turístico de cualquier nación se logra perseverando sobre políticas adecuadas para el desarrollo. Desmayar es fracasar, el éxito de cualquier política gubernamental se logra protegiendo nuestros recursos naturales, de lo contrario continuaremos caminando a ras del suelo.

101 años de Panamá América

 
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