Ucrania y Kirguistán, ¿acaso se destiñen las revoluciones de colores?
Uno de los temas de mayor actualidad internacional lo constituyen las revoluciones de colores o no violentas, las cuales no mojan, pero empapan, es decir tumban gobiernos. Estas se produjeron a través de una serie de movilizaciones políticas en Europa Central, del Este y del espacio ex-soviético, con repercusiones en el Medio Oriente e incluso, América Latina. Las mismas constituyen un elaborado esquema de subversión del orden establecido, que se apoya en el empleo de los medios de comunicación, propaganda vía Internet, apoyo financiero de potencias, asesoría a grupos opositores por agencias de inteligencia extranjeras, beligerancia de ONG, movilizaciones juveniles o estudiantiles, guerra psicológica y desconocimiento de la legalidad y constitucionalidad. Tienen como antecedentes entre otros, al movimiento Solidarnosc (Polonia) y la “Revolución de Terciopelo” (Checoslovaquia) ambas en 1989. Se producen contra líderes autoritarios, que amañan elecciones o que practican otras formas de corrupción. En ellas los manifestantes suelen adoptar como símbolo un color específico con el que se denomina su movilización. Tienen en común el recurso a la acción directa no-violenta y un discurso democratizador, liberal y pro occidental. Entre estos movimientos destacan el derrocamiento de Milosevic en Yugoslavia, (2000), la Revolución de las Rosas contra Eduard Shevardnadze en Georgia (2003), la Revolución Naranja de Víktor Yschenko en Ucrania (2004), la Revolución del Cedro en el Líbano (2005) y la Revolución de los Tulipanes en Kirguistán (2005). Luego de un auge inusitado de las mismas, pareciera que en pocos años, han desteñido el balance de lo que fue todo un fenómeno político, no puede ser más decepcionante. La de Serbia acabó abriendo la puerta al nacionalismo de extrema derecha, que es hoy la primera fuerza parlamentaria. La georgiana, se hundió en la corrupción, persecuciones políticas y una desastrosa guerra contra Rusia. La de Ucrania; la reciente elección de Víctor Yanukvich, se explica en virtud del panorama político de confrontaciones en que se vivía, de una economía que nunca levantó vuelo, y del aumento de la corrupción y ahora la de Kirguistán, donde Kurmanbek Bakiyev, héroe de la revolución, luego de verse envuelto en muertes de parlamentarios de oposición y descendido a lo más bajo de la tabla en corrupción y libertad de prensa; acaba de ser derrocado, con un saldo de casi 100 muertos. En conclusión, si resumimos con trazo grueso lo que esta ocurriendo, la pregunta que salta a la vista es: ¿Acaso el resultado de las elecciones en Ucrania y los hechos sangrientos que hoy se viven en Kirguistán , suponen, el inicio del fin de las revoluciones de colores?
*Profesor Titular de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá.