Un alto costo por la inacción
Ahora, quejándose, paga cotidianamente las consecuencias por no haber sabido escuchar ni entender y mucho menos saber qué hacer. Lo más tremendo es que miles de panameños que confiaron en su propuesta de gobierno y capacidad para implementarlo, sufren hoy la pérdida de esperanza en el futuro y se ven embargados por el pesimismo, condenados a aguardar los próximos comicios, con su cosecha de políticos aprovechadores ofreciendo el "cielo" a cambio del voto. La comunidad sigue, pues, asfixiada bajo el agobiante peso de tener que afrontar compromisos cotidianos insolubles, lidiando a diario con la desesperación.
Nada, absolutamente nada, fue previsto por este gobierno. No hubo planes, no hubo medidas de choque ni contención, no hubo estructuras para hacer frente a situaciones críticas como las que se están planteando. Todo ha sido improvisación y reacción, y nada de medidas proactivas para contraatacar la crisis.
Someter a los habitantes del país a esta triste situación de incertidumbre, es literalmente inconsecuente. Es una falta inadmisible frente a los que menos tienen, pudiendo convocar a las más lúcidas mentes y especialistas del país, que los hay y muchos, para enfrentar la crisis.
Es difícil tratar de pensar en positivo frente al tremendo desbarajuste de cosas, donde sobran decretos y prohibiciones y falta imaginación y amplitud de criterio para salir adelante. También es difícil convencer, por ejemplo, a un jubilado, docente u otro trabajador, a que se resigne a la realidad y ponga un grano más de sacrificio para la solución del problema, mientras los políticos celebran triunfos partidistas que no protagonizan nada de envergadura. Las cosas están decididamente mal en Panamá.
Es hora que, para algunos, suene el despertador.
Nada, absolutamente nada, fue previsto por este gobierno. No hubo planes, no hubo medidas de choque ni contención, no hubo estructuras para hacer frente a situaciones críticas como las que se están planteando. Todo ha sido improvisación y reacción, y nada de medidas proactivas para contraatacar la crisis.
Someter a los habitantes del país a esta triste situación de incertidumbre, es literalmente inconsecuente. Es una falta inadmisible frente a los que menos tienen, pudiendo convocar a las más lúcidas mentes y especialistas del país, que los hay y muchos, para enfrentar la crisis.
Es difícil tratar de pensar en positivo frente al tremendo desbarajuste de cosas, donde sobran decretos y prohibiciones y falta imaginación y amplitud de criterio para salir adelante. También es difícil convencer, por ejemplo, a un jubilado, docente u otro trabajador, a que se resigne a la realidad y ponga un grano más de sacrificio para la solución del problema, mientras los políticos celebran triunfos partidistas que no protagonizan nada de envergadura. Las cosas están decididamente mal en Panamá.
Es hora que, para algunos, suene el despertador.