Un amigo, un periodista
No hay noticia más triste que aquella que anuncia la muerte de los seres que amamos y estimamos, de aquellos(as) que nos rodean con sus hechos y sus palabras, con sus abrazos y sentidos, con sus cotidianas actitudes que nos ayudan a construir el mundo mejor, aquel que soñamos día a día.
Por eso la muerte del periodista y amigo Ricardo Samaniego es un hecho doloroso, una noticia impactante que nos enlutece el corazón hasta las lágrimas, porque lo conocimos en vida, seguimos sus pasos, y lo vimos crecer fuera y tras la pantalla, entregado a sus faenas y sueños, a sus anhelos de justicia, de perfección y amor, como ser humano, como amigo, y como profesional del periodismo, convencido cien por cien de su sagrada misión de informar con objetividad e imparcialidad a un público ávido de informaciones, manejadas con ética. Así era Ricardo Samaniego, el amigo, el periodista.
Creo que fue por los años ochenta y algo cuando lo conocimos en el Canal Once. Intentábamos hacer un vídeo artístico, y él estaba en la estación, siempre divulgando nuestros valores vernaculares, la música y la cultura en general, así como dándole la mano a nuestros artistas huérfanos de apoyo y estímulo. Allí estaba Ricardo, con su voz de aliento, con un consuelo, o con una gran idea, con ese optimismo desbordante y contagioso, capaz de derrotar al desánimo más cruel. Porque así era Ricardo Samaniego... el ser humano... el amigo... el periodista.
Y es que para Ricardo Samaniego no había obstáculos insalvables, siempre tenía una sonrisa, una respuesta ingeniosa como un as sacado de una manga, siempre listo a derrotar a la tristeza y el pesimismo. Porque Ricardo Samaniego era un profundo creyente en la alegría y en la esperanza humana, y también en el esfuerzo colectivo que tiene como meta el bien común.
Quienes lo conocimos sabemos de sus aciertos y sus triunfos. Como un meteoro, tras mucho trabajo, incansablemente, ascendió en el difícil mundo de la televisión. Por eso sus múltiples reportajes nos transmitían sensibilidad, creatividad, y nos expresaban su compromiso vital con la denuncia y la transformación de una realidad enajenante y empobrecida. Testigo acucioso de los hechos, siempre denunció la miseria, la violencia, el odio y la explotación humana.
No en vano, con sus atributos de comunicador humano y sensible, Ricardo Samaniego logra crear en nuestra televisión un medio de expresión para nuestra juventud: "Juventud" con Ricardo Samaniego. Un programa de gran sintonía que durante años ha sido el vínculo ameno e interesante para que nuestra juventud exprese sus preocupaciones y sus expectativas de vida. Un espacio para miles de jóvenes que de otra forma nunca tendrían la oportunidad de decir pío. Tal vez de otro modo, sin Ricardo Samaniego nunca hubiéramos sabido que nuestra juventud tiene voz, qué siente, o qué piensa.
A Ricardo le debemos ese diagnóstico, este descubrimiento íntimo de nuestra propia realidad. De algún modo, también, Ricardo Samaniego abrió la ventana que hizo respirar a nuestra juventud.
Creo que en ese sentido, Ricardo Samaniego, rodeado de jóvenes, es y viene a ser un ejemplo para nuestra juventud, que sólo necesita de agua y abono para crecer.
No ha sido en vano, creemos, la labor periodística y tesonera de un Ricardo Samaniego, quien con sus ideas y su esfuerzo sostenido ha sembrado en nuestras conciencias la necesidad que tiene toda nuestra sociedad de crear los mecanismos de participación y oportunidades para que nuestra juventud pueda dar de sí lo mejor, ayudando a construir la sociedad justa que nos merecemos para el bien de todos y todas.
Casi a cuentagotas, Ricardo Samaniego, a través de su programa "Juventud" ha radiografiado social, económica y políticamente nuestra exuberante realidad panameña. Ha retratado a nuestra juventud de pies a cabeza.
Así, Ricardo Samaniego ha sido un visionario que nos ha hecho ver con su trabajo y dignidad, que sin la participación real y efectiva de nuestra juventud nunca podremos tener un verdadero futuro.
Por eso la muerte del periodista y amigo Ricardo Samaniego es un hecho doloroso, una noticia impactante que nos enlutece el corazón hasta las lágrimas, porque lo conocimos en vida, seguimos sus pasos, y lo vimos crecer fuera y tras la pantalla, entregado a sus faenas y sueños, a sus anhelos de justicia, de perfección y amor, como ser humano, como amigo, y como profesional del periodismo, convencido cien por cien de su sagrada misión de informar con objetividad e imparcialidad a un público ávido de informaciones, manejadas con ética. Así era Ricardo Samaniego, el amigo, el periodista.
Creo que fue por los años ochenta y algo cuando lo conocimos en el Canal Once. Intentábamos hacer un vídeo artístico, y él estaba en la estación, siempre divulgando nuestros valores vernaculares, la música y la cultura en general, así como dándole la mano a nuestros artistas huérfanos de apoyo y estímulo. Allí estaba Ricardo, con su voz de aliento, con un consuelo, o con una gran idea, con ese optimismo desbordante y contagioso, capaz de derrotar al desánimo más cruel. Porque así era Ricardo Samaniego... el ser humano... el amigo... el periodista.
Y es que para Ricardo Samaniego no había obstáculos insalvables, siempre tenía una sonrisa, una respuesta ingeniosa como un as sacado de una manga, siempre listo a derrotar a la tristeza y el pesimismo. Porque Ricardo Samaniego era un profundo creyente en la alegría y en la esperanza humana, y también en el esfuerzo colectivo que tiene como meta el bien común.
Quienes lo conocimos sabemos de sus aciertos y sus triunfos. Como un meteoro, tras mucho trabajo, incansablemente, ascendió en el difícil mundo de la televisión. Por eso sus múltiples reportajes nos transmitían sensibilidad, creatividad, y nos expresaban su compromiso vital con la denuncia y la transformación de una realidad enajenante y empobrecida. Testigo acucioso de los hechos, siempre denunció la miseria, la violencia, el odio y la explotación humana.
No en vano, con sus atributos de comunicador humano y sensible, Ricardo Samaniego logra crear en nuestra televisión un medio de expresión para nuestra juventud: "Juventud" con Ricardo Samaniego. Un programa de gran sintonía que durante años ha sido el vínculo ameno e interesante para que nuestra juventud exprese sus preocupaciones y sus expectativas de vida. Un espacio para miles de jóvenes que de otra forma nunca tendrían la oportunidad de decir pío. Tal vez de otro modo, sin Ricardo Samaniego nunca hubiéramos sabido que nuestra juventud tiene voz, qué siente, o qué piensa.
A Ricardo le debemos ese diagnóstico, este descubrimiento íntimo de nuestra propia realidad. De algún modo, también, Ricardo Samaniego abrió la ventana que hizo respirar a nuestra juventud.
Creo que en ese sentido, Ricardo Samaniego, rodeado de jóvenes, es y viene a ser un ejemplo para nuestra juventud, que sólo necesita de agua y abono para crecer.
No ha sido en vano, creemos, la labor periodística y tesonera de un Ricardo Samaniego, quien con sus ideas y su esfuerzo sostenido ha sembrado en nuestras conciencias la necesidad que tiene toda nuestra sociedad de crear los mecanismos de participación y oportunidades para que nuestra juventud pueda dar de sí lo mejor, ayudando a construir la sociedad justa que nos merecemos para el bien de todos y todas.
Casi a cuentagotas, Ricardo Samaniego, a través de su programa "Juventud" ha radiografiado social, económica y políticamente nuestra exuberante realidad panameña. Ha retratado a nuestra juventud de pies a cabeza.
Así, Ricardo Samaniego ha sido un visionario que nos ha hecho ver con su trabajo y dignidad, que sin la participación real y efectiva de nuestra juventud nunca podremos tener un verdadero futuro.