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Un año más de Código de Trabajo


El Código de Trabajo cumple ya 37 años de vigencia. Pero eso es lo menos. Lo importante es hacer un alto para inventariar sobre lo que fue ese código, su situación actual y porqué del cambio, y las perspectivas.

Sin discusión, el Código fue un eje transversal en la política social del régimen que orientó el General Torrijos, y lo siguió siendo en los dos gobiernos que, luego de la invasión, terminaron respetando las líneas generales del torrijismo. Fueron aisladas, y están ahora en vías de extinción, las voces de fundamentalistas parroquiales que le atribuían al Código laboral el origen de nuestros problemas socio-económicos. Aunque no siempre sus arengas perdieron, el Código resistió sus feroces embestidas y todavía no ha sido desbancado de ser columna vertebral en la preservación y garantía de la tranquilidad nacional. Sin embargo, los peligros para el Código de Trabajo no vienen de la patronal.

Hay síntomas del lado obreril que pueden minar la sostenibilidad de la legislación laboral. Tenemos una dirigencia sindical con muchas millas acumuladas de inmovilización, atornillados en puestos de juntas directivas de instituciones oficiales, mientras un inmenso porcentaje de trabajadores deambulan a margen de organizaciones sindicales o matriculados en sindicatos de paja. Esto explica el bajo nivel de la educación sindical y los raquitismos en la formación profesional lo que facilita, en el primer caso, que ya entre los trabajadores se llaman como "colaboradores" y, por el otro, una conciencia distraída sobre la importancia de la productividad.

Y si en el terreno de la política sindical llueve, en el plano jurídico no escampa. En la defensa legal de sus reclamos, los trabajadores casi han perdido la guerra. A nivel de las Juntas de Conciliación y Decisión, sus representantes son escasamente coherentes y no muestran una línea en temas de trascendencia. Los fallos, cuando son de importancia por la cuantía involucrada, se deciden en el Tribunal Superior de Trabajo en cuya instancia no tienen, en lo absoluto, representación alguna como ocurría antes.

La casación laboral sigue supeditada a los criterios administrativos de una Sala que le es ajena. El resultado es triste y desolador: dos Códigos de Trabajo. Uno, el que está escrito y que empezó a regir el 2 de abril de 1972, y otro, el que se aplica o se interpreta en el Ministerio de Trabajo y Tribunales, que nace día a día como tributo a la desunión de la dirigencia sindical.

Si los líderes no se reinventan muy pronto se tendrá que discutir sobre la existencia del movimiento sindical, como tal, y no tanto sobre el porqué de la vigencia de dos códigos de Trabajo.

101 años de Panamá América

 
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