Un día para pensar en el futuro
En los últimos años las condiciones de vida de los niños y sus posibilidades futuras, sufrieron un fuerte deterioro por razones bien conocidas. El aumento de la desocupación y la pobreza en miles de hogares, redujo la capacidad de las familias para ofrecer a los chicos la educación y el cuidado sanitario indispensables. Como muestran las estadísticas oficiales y muchas evaluaciones privadas, un número creciente de niños está sufriendo, incluso, enfermedades que podrían evitarse con una alimentación adecuada.
El empobrecimiento crea también problemas serios en la educación. Muchos niños deben abandonar la escuela para ayudar a sus padres y otros tienen bajo rendimiento por su alimentación deficiente. Por eso muchas escuelas han debido convertirse en sostén alimentario de sus alumnos. La crisis económica suele derivar, también, en crisis de los lazos familiares, lo cual priva a los chicos de la armonía y el afecto necesarios para un crecimiento con alegría. Este fenómeno ya no es privativo de los hogares de más bajos ingresos sino también de sectores de la clase media. El deterioro del entorno familiar contribuye, además, a los problemas en la escuela y afecta la integración grupal y social de los chicos.
La desocupación y la falta de expectativas familiares en el futuro se traslada al universo de los menores que crecen en el escepticismo, el rechazo a los valores de convivencia social y, en una proporción creciente, soñando con un destino fuera de su país y lejos de su familia. Los casos extremos se encuentran en la multitud de niños de la calle, en la drogadicción y la delincuencia infantil.
Como los niños de hoy son el futuro de la sociedad, el mapa de su vida económica, de su educación, valores y expectativas, traza la vía del futuro social. En la actualidad podrá ponerse en discusión la magnitud de alguno de los indicadores utilizados para estimar la situación de la infancia, pero no cabe duda que ésta presenta perfiles inquietantes para la actualidad y el futuro. Todo esto convoca, por lo tanto, a la responsabilidad de los dirigentes políticos y sociales y de toda la sociedad, para trabajar, para mejorar las condiciones de vida y las perspectivas de futuro de la infancia, lo cual supone, en primer lugar, mejorar las posibilidades de trabajo e ingresos de la familia a la que los niños pertenecen.
El empobrecimiento crea también problemas serios en la educación. Muchos niños deben abandonar la escuela para ayudar a sus padres y otros tienen bajo rendimiento por su alimentación deficiente. Por eso muchas escuelas han debido convertirse en sostén alimentario de sus alumnos. La crisis económica suele derivar, también, en crisis de los lazos familiares, lo cual priva a los chicos de la armonía y el afecto necesarios para un crecimiento con alegría. Este fenómeno ya no es privativo de los hogares de más bajos ingresos sino también de sectores de la clase media. El deterioro del entorno familiar contribuye, además, a los problemas en la escuela y afecta la integración grupal y social de los chicos.
La desocupación y la falta de expectativas familiares en el futuro se traslada al universo de los menores que crecen en el escepticismo, el rechazo a los valores de convivencia social y, en una proporción creciente, soñando con un destino fuera de su país y lejos de su familia. Los casos extremos se encuentran en la multitud de niños de la calle, en la drogadicción y la delincuencia infantil.
Como los niños de hoy son el futuro de la sociedad, el mapa de su vida económica, de su educación, valores y expectativas, traza la vía del futuro social. En la actualidad podrá ponerse en discusión la magnitud de alguno de los indicadores utilizados para estimar la situación de la infancia, pero no cabe duda que ésta presenta perfiles inquietantes para la actualidad y el futuro. Todo esto convoca, por lo tanto, a la responsabilidad de los dirigentes políticos y sociales y de toda la sociedad, para trabajar, para mejorar las condiciones de vida y las perspectivas de futuro de la infancia, lo cual supone, en primer lugar, mejorar las posibilidades de trabajo e ingresos de la familia a la que los niños pertenecen.