Un discurso peligroso
Nos rebelamos contra aquellos que sostienen que el garantismo o el exceso de garantías judiciales y penales es licencia para el crimen perpetrado por los menores de edad y también por la población adulta que delinque.
En consecuencia, rechazamos aquellas posturas que reivindican a la sociedad de sus propios males a partir de un pedido de incremento punitivo y de la teoría de los "tres strikes" -ponche- reincidencia.
Rechazamos la posición de quienes abogan por un Estado fascista en procura de la pseudo paz social que se consigue a través de la puesta en práctica de la represión por la represión. Quienes abogan por un concepto del Estado Disciplinador, de modo ingenuo, soslayan que ellos mismos están poniendo de relieve o en el tapete viejas discusiones sobre el papel del Estado en una sociedad, dando acentuación al Estado Hobbesiano, que anula el proceso, el debido proceso, el procedimiento, las garantías penales y judiciales en pro de un Estado que discipline, castigue, reprenda, reforme a como dé lugar al ciudadano transgresor de las normas penales.
Quienes así piensan, ignoran que nuestros antepasados, nuestros precedentes históricos, atravesaron por tortuosos caminos en los que el castigo se imponía sin merecimiento alguno de defensa, o que la pena advenía si derecho a ser oído, o que las torturas se infligían sin que se conociera el cargo concreto o quién acusaba o, tal vez, que se condenaba sin que existieran las pruebas del cargo. La humanidad tuvo que pagar muy alto el precio: mucha sangre, muchos desvelos, muchas guerras y batallas, muchas víctimas inocentes e inteligencias sacrificadas, para conseguir ese bien preciado que es el debido proceso, el derecho al juicio con plenitud de defensas, el principio de inocencia, la duda racional favorable al acusado, el Estado de Derecho, etc., y que hoy constituyen los nortes de un Estado de civilidad y de Derecho para que, ahora, vengan quienes y se levanten unas cuantas voces a pregonar el inquisitivismo como sistema bueno; la pena sin límites como medida positiva; la condena sin juicio como cuestión que palia las ansias de una sociedad por seguridad social y doméstica, en fin.
Lo que creemos es en la prevención general y especial como antídotos a la alta criminalidad que advertimos a diario en nuestro medio. Se requiere que recordemos frente a nuestra juventud que "una mente ocupada es tentada por un demonio y una desocupada por mil de ellos". "Mente sana en cuerpo sano", decían los latinos. ¿Qué estamos haciendo con nuestros muchachos? Es una pregunta que vale para la reflexión.
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