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Un millón de madres


Una impresionante multitud de más de medio millón de personas, desfiló el domingo pasado en el entorno monumental llamado "Mall", en la capital norteamericana, en los alrededores del obelisco conmemorativo de George Washington, El Capitolio y los monumentos a Abraham Lincoln y Thomas Jefferson, clamando por un mayor control de armas.
La Constitución de Estados Unidos consagra el derecho a portar armas, lo que da por resultado que al día de hoy se estimen en 200 millones las armas de fuego en manos de particulares, de las cuales 65 millones, son cortas, y el resto son armas de gran poder de fuego, que incluyen rifles de caza, escopetas, fusiles de asalto, ametralladoras, lanzacohetes, etc.
En una ocasión, Hollywood, espejo de la sociedad norteamericana, produjo una película que revela el lamentable estado de cosas, titulada "El tanque de mi papá". Fue una comedia satírica mediocre, pero con el gran mérito de ridiculizar el armamentismo en ese país.
En los últimos años, la epidemia ha alcanzado a sectores de la sociedad que se creía marginados de los avatares de las escenas de indios y vaqueros, policías y mafiosos, tan presentes tanto en la televisión como en Disney`s World, para extenderse y cobrar víctimas en las escuelas de todos los niveles, incluso de nivel primario y de jardín de la infancia.
En Colorado, el año pasado, un par de jóvenes, tomaron por asalto su escuela, con armas de guerra, y asesinaron a sangre fría a compañeros y maestros. Y la escena se ha repetido pavorosamente a todo lo largo y ancho de la Unión Americana. Hace poco, un infante de seis años mató a una compañerita, por razones o sin razones que ni él conoce.
En todos las escuelas se están emplazando máquinas detectoras de metales, para prevenir el creciente ingreso de revólveres y fusiles a los centros de estudios. Las industrias de esos artefactos se muestran sorprendidas por la creciente demanda, acostumbradas como estaban a tener como clientes a bancos, aeropuertos, industrias, oficinas públicas y similares.
Desde entonces, el Presidente Clinton ha estado librando un duro pulso con el Congreso, en procura de una legislación más severa de control, sin hallar apoyo alguno. La poderosa Asociación del Rifle, con decenas de miles de miembros en todo el país y con gran influencia en ambas cámaras, ha logrado paralizar esos esfuerzos hasta ahora. Pero esta vez, en plena campaña política, la "marcha del millón de madres", bien puede tener una gran oportunidad para cambiar las cosas a su favor.
En Panamá no somos ajenos a la realidad de la proliferación de armas, herencia de la dictadura militar, que irresponsablemente las diseminó entre la población civil y abandonó depósitos enteros de ellas en la capital, los cuales cayeron en su mayoría en malas manos. Las tropas norteamericanas compraron muchas de ellas, incluyendo tanquetas, pero quedaron muchas más. Esas y otras que se quedan en nuestro territorio, producto del tráfico de material de guerra hacia Sudamérica, está agravando la violencia y llenando de luto nuestro país. Se requiere de mayor dureza en el tratamiento de este problema. ¡A ver legisladores, anímense!


101 años de Panamá América

 
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