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¿Un país sin leyes?


Si aceptamos como clara definición de lo que significa la palabra ley, las reglas y condiciones que los humanos nos imponemos y comprometemos a acatar para convivir en armonía y en respeto al derecho ajeno, nuestro país es modelo digno de imitar en cuanto a la variedad de leyes que nos rigen. Existen leyes para evitar la explotación laboral infantil, las que reglamentan el salario mínimo según la actividad comercial, agrícola, industrial, o profesional, que se debe pagar a los que laboran dentro de esas ramas de negocios. Las que dictan la edad mínima y requisitos prácticos necesarios, para conducir diferentes modelos de automóviles, tanto particulares como de tipo comercial. También las que regulan los negocios de banca, seguros, inversiones y bolsa, en su relación con los usuarios. Las que nos dictan las vías, calles y carreteras que, podemos utilizar, a pie, a caballo, en carreteras, bicicletas, autos o camiones. La velocidad mínima y máxima permitida, lugares o sitios para estacionar vehículos a motor, el volumen permitido en los equipos de sonido, en autos, buses, residencias, o lugares de diversión. Requisitos mínimos de salubridad, para el expendio de alimentos al público. Las que reglamentan en qué área de los lugares públicos se permite fumar. Las que fijan el peso máximo permitido a los camiones que transportan materiales y equipos pesados. La cantidad tope de pasajeros en los vehículos de transporte público colectivo, así como la vestimenta a utilizar por los conductores de los mismos. Las que rigen y demandan, el buen uso que se debe dar a los dineros y bienes del estado. Los requisitos mínimos que deben cumplir todos los aspirantes a los puestos de elección popular, o, a cargos dentro del engranaje gubernamental, sea en el Ejecutivo, Judicial o Legislativo.
Constantemente se siguen estudiando, analizando y mejorando, las ya existentes o imponiéndose algunas nuevas, dentro del hemiciclo construido expresamente, para discutir y aprobar las leyes que, se consideren necesarias.
Entonces, no parece ser por falta de leyes que existen tantas situaciones que nos agobian, mortifican e impiden vivir en paz. Luego de analizar objetivamente las causas de tanta violencia, inseguridad y corrupción que padecemos en alto grado en nuestro país, no puedo menos que llegar a la conclusión de que si bien es cierto que existen las reglas adecuadas para convivir y prosperar en armónica relación, hemos fallado, en forma dramática, en el estricto y justo acatamiento de ellas.
Las leyes no son aplicadas en forma indiscriminada, como debiera ser. Los poderosos, los influyentes hacen mofa de las mismas. Sólo el pobre, el humilde, no se le perdona ninguna falta por leve que sea; para ellos no existen atenuantes válidos, el peso de la ley se les aplica con toda severidad.
Con esta práctica de utilizar las leyes en beneficio de unos pocos privilegiados, se pierde todo fundamento de justicia y equidad, factores imprescindibles para una real convivencia pacífica. Si no reconocemos el derecho de todos por igual, a una vida decorosa y digna no somos justos, y por tanto, responsables de la miseria y desesperación de nuestro prójimo. El problema de nuestra patria no es la falta de leyes adecuadas, sino la ausencia de respeto, al dolor y derecho ajeno. Mientras sigamos aceptando con resignación que "el juega vivo", o para ponerlo más claro, la corrupción y el irrespeto a las leyes, es la norma y no la excepción, estamos, con nuestro silencio y apatía, avalando la deshonestidad de pocos, en detrimento de la mayoría decente.

101 años de Panamá América

 
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