Un país vestido de rojo
En la misa de la mañana, el sacerdote ironizó: " Parece que ustedes no apoyan a la selección de Panamá, ¿no?". Todos en la iglesia vestían con algo de rojo. El fútbol logró lo que ningún líder, ningún partido político, ni siquiera algún otro deporte que se haga llamar "rey" en nuestro suelo patrio pudo antes. Panamá se uniformó. Y el uniforme fue rojo. Hasta mi madre, casi octogenaria y nunca fanática de deporte alguno, salió vestida de rojo.
Las calles de la ciudad se poblaron de autos con banderas panameñas, cuan Noviembre. De los balcones colgaban banderas rojas o nacionales. La gente en la calle usaba gorras con extrañas y divertidas formas. Pero el común denominador del panorama, era el rojo.
Dicen los entendidos que el fútbol despierta pasiones. Dicen los psicólogos que el rojo es un color que agita. ¡ Qué Bomba de combinación! Al menos por un día se olvidaron las diferencias entre obreros y empresarios, entre gobierno y oposición, entre izquierda y derecha...¡Y fuimos todos Panamá!.
En la cancha no fueron 11 ni 18 jugadores: Fuimos un millón. O más. Y la marea roja no estuvo toda en el estadio; que si adentro había marea, afuera había un tifón rojo que se tomó las Calle 50 para celebrar como si hubiésemos ganado el partido ante México ( que de hecho, fue lo único que no se ganó ese día). Nos sentimos orgullosos de ver cómo nos enfrentamos de tú a tú con el coloso de la CONCACAF. Y de haber visto que con un arbitraje distante de poder catalogarse como bueno, tuvimos más oportunidades de anotarles que las que tuvieron ellos de anotar en nuestro marco. Jugamos nuestro juego y no ganamos, porque la suerte no estuvo de nuestro lado. Bien dicen que el juego no lo gana el equipo, que más domina el balón, sino el que anota más goles.
Este próximo domingo recibimos a Canadá. Que nustra selección nacional sienta nuevamente el mismo respaldo que les brindamos para el juego ante México. Volvamos a inundarnos de rojo y a abrazarnos en un solo sentimiento, sin distingos de clase o de ideología. ¡Adelante muchachos ! Estamos con ustedes.
Las calles de la ciudad se poblaron de autos con banderas panameñas, cuan Noviembre. De los balcones colgaban banderas rojas o nacionales. La gente en la calle usaba gorras con extrañas y divertidas formas. Pero el común denominador del panorama, era el rojo.
Dicen los entendidos que el fútbol despierta pasiones. Dicen los psicólogos que el rojo es un color que agita. ¡ Qué Bomba de combinación! Al menos por un día se olvidaron las diferencias entre obreros y empresarios, entre gobierno y oposición, entre izquierda y derecha...¡Y fuimos todos Panamá!.
En la cancha no fueron 11 ni 18 jugadores: Fuimos un millón. O más. Y la marea roja no estuvo toda en el estadio; que si adentro había marea, afuera había un tifón rojo que se tomó las Calle 50 para celebrar como si hubiésemos ganado el partido ante México ( que de hecho, fue lo único que no se ganó ese día). Nos sentimos orgullosos de ver cómo nos enfrentamos de tú a tú con el coloso de la CONCACAF. Y de haber visto que con un arbitraje distante de poder catalogarse como bueno, tuvimos más oportunidades de anotarles que las que tuvieron ellos de anotar en nuestro marco. Jugamos nuestro juego y no ganamos, porque la suerte no estuvo de nuestro lado. Bien dicen que el juego no lo gana el equipo, que más domina el balón, sino el que anota más goles.
Este próximo domingo recibimos a Canadá. Que nustra selección nacional sienta nuevamente el mismo respaldo que les brindamos para el juego ante México. Volvamos a inundarnos de rojo y a abrazarnos en un solo sentimiento, sin distingos de clase o de ideología. ¡Adelante muchachos ! Estamos con ustedes.