Un tema para la cuaresma: Reconciliación
"Todos, sin excepción alguna, necesitamos reconciliarnos con Dios para redescubrir esa ley divina que ha de regular nuestro proyecto de vida humana y cristiana, como personas y como pueblo".
A la luz de lo expresado por la Conferencia Episcopal Panameña para la Cuaresma, estoy completamente convencido y pienso que la gran mayoría de los cristianos panameños que somos los que profesamos la religión católica no desperdiciaremos la oportunidad de construir, con renovado vigor y fe cristiana, la iniciativa que sobre los sólidos cimientos católicos nos ofrece para reconciliarnos la Conferencia Episcopal Panameña.
Según la propuesta, la Iglesia cree que se puede encontrar los verdaderos cauces que conduzcan a una paz auténtica, producto de la justicia y el amor por el prójimo. Igual importancia le concede a los miles de hermanos indígenas y campesinos en la búsqueda para ellos de nuevas iniciativas o renovados intentos de acción cooperativa de los que más tienen y que ahora pueden dar su aporte generoso a los hermanos marginados de la ciudad y el campo, hoy muy necesitados.
Se hace necesario interpretar lo que la Conferencia Episcopal ha determinado como fórmula de "mayor búsqueda de Dios por la oración personal y comunitaria; por la penitencia y la reconciliación; por la práctica del amor cristiano manifestado en obras de misericordia y solidaridad hacia los más necesitados".
El tema de conversión se puede entender la mudanza de mala vida a buena. En el campo, el aspecto de la marginación no es tan crítico como en la ciudad. Sin embargo, las condiciones sanitarias y lo precario de la protección del Estado frente a rigurosas condiciones climáticas, sumadas a la deficiencia en la provisión de servicios como: educación, salud, transporte, vivienda y trabajo hacen de la vida rural y campesina, así como también la indígena, un sector marginado por el desarrollo y la riqueza. Una solución a estos problemas requiere decisiones políticas al más alto nivel de gobierno, de la asignación de importantes recursos y probablemente de la introducción de modificaciones significativas en la estructura de los sistemas políticos, económicos y sociales del país. Esta solución se tiene que dar en un pleno ambiente de reconciliación de todos los panameños, puesto que el desarrollo nacional debe ser de interés y expresión de la soberanía nacional, materializado en forma integral y autodeterminado.
Advirtiendo una aguda decadencia, el documento de nuestros obispos es preocupante cuando dice: "Cada quien tiene que cambiar, cada quien debe tener el valor de poner su vida frente al Evangelio, dejándose cuestionar por el Señor". Todos los panameños sin distingo de ninguna clase, percibimos el crecimiento inaudito y alarmante de las formas y hechos delictivos, que asimilan nuestra sociedad a las etapas más decadentes y vergonzosas de nuestra nacionalidad. El primer compromiso ineludible, esencial, es el de la solidaridad. La causa de todos los panameños en esta época de Cuaresma, es la propia, el interés personal tiene que ceder al comunitario.
El documento finaliza con un llamado a los miembros de nuestra sociedad, a los creyentes y hombres de buena voluntad a fin de que asuman en esta Cuaresma sus verdaderas tareas en un empeño armonizado para salvar "en serio la difícil tarea de la conversión, la reconciliación y la construcción de una auténtica comunidad de Panamá". Pienso que este valioso documento presentado por nuestros obispos católicos, sin ánimo de polemizar, agrega como conclusión que su misión es para garantizar la justicia sin venganza, la paz y la convivencia ciudadanas. Así sea.
3.-Que los diputados aprobarán en el mismo mes de julio, también sin leer los 55 mil documentos, para cuya lectura se requiere un mínimo de mil horas y para su estudio serio y analítico, un mínimo de cinco mil horas!!!
4.- Que los panameños tendremos escasamente los meses de agosto, septiembre y octubre para, en medio del alto costo de la canasta básica, el desempleo, las altas tarifas eléctricas, el alto costo del combustible, la inseguridad ciudadana, la escasez de agua, los problemas del transporte, los cierres de escuelas y de la Universidad de Panamá y el matraqueo constante de las decenas de millones que tiene preparados para gastarse a favor del sí, en publicidad de todo tipo y, bajo el ruido de los tambores y cornetas, para la emboscada que nos tienen preparada los que quieren un país y un pueblo al servicio del Canal y no un Canal al servicio del pueblo y del país.
Ante el mangoneo de los mangorreros, recordemos con Fernando Savater que "es mejor saber después de haber pensado y discutido, que aceptar los saberes que nadie discute para no tener que pensar".
A la luz de lo expresado por la Conferencia Episcopal Panameña para la Cuaresma, estoy completamente convencido y pienso que la gran mayoría de los cristianos panameños que somos los que profesamos la religión católica no desperdiciaremos la oportunidad de construir, con renovado vigor y fe cristiana, la iniciativa que sobre los sólidos cimientos católicos nos ofrece para reconciliarnos la Conferencia Episcopal Panameña.
Según la propuesta, la Iglesia cree que se puede encontrar los verdaderos cauces que conduzcan a una paz auténtica, producto de la justicia y el amor por el prójimo. Igual importancia le concede a los miles de hermanos indígenas y campesinos en la búsqueda para ellos de nuevas iniciativas o renovados intentos de acción cooperativa de los que más tienen y que ahora pueden dar su aporte generoso a los hermanos marginados de la ciudad y el campo, hoy muy necesitados.
Se hace necesario interpretar lo que la Conferencia Episcopal ha determinado como fórmula de "mayor búsqueda de Dios por la oración personal y comunitaria; por la penitencia y la reconciliación; por la práctica del amor cristiano manifestado en obras de misericordia y solidaridad hacia los más necesitados".
El tema de conversión se puede entender la mudanza de mala vida a buena. En el campo, el aspecto de la marginación no es tan crítico como en la ciudad. Sin embargo, las condiciones sanitarias y lo precario de la protección del Estado frente a rigurosas condiciones climáticas, sumadas a la deficiencia en la provisión de servicios como: educación, salud, transporte, vivienda y trabajo hacen de la vida rural y campesina, así como también la indígena, un sector marginado por el desarrollo y la riqueza. Una solución a estos problemas requiere decisiones políticas al más alto nivel de gobierno, de la asignación de importantes recursos y probablemente de la introducción de modificaciones significativas en la estructura de los sistemas políticos, económicos y sociales del país. Esta solución se tiene que dar en un pleno ambiente de reconciliación de todos los panameños, puesto que el desarrollo nacional debe ser de interés y expresión de la soberanía nacional, materializado en forma integral y autodeterminado.
Advirtiendo una aguda decadencia, el documento de nuestros obispos es preocupante cuando dice: "Cada quien tiene que cambiar, cada quien debe tener el valor de poner su vida frente al Evangelio, dejándose cuestionar por el Señor". Todos los panameños sin distingo de ninguna clase, percibimos el crecimiento inaudito y alarmante de las formas y hechos delictivos, que asimilan nuestra sociedad a las etapas más decadentes y vergonzosas de nuestra nacionalidad. El primer compromiso ineludible, esencial, es el de la solidaridad. La causa de todos los panameños en esta época de Cuaresma, es la propia, el interés personal tiene que ceder al comunitario.
El documento finaliza con un llamado a los miembros de nuestra sociedad, a los creyentes y hombres de buena voluntad a fin de que asuman en esta Cuaresma sus verdaderas tareas en un empeño armonizado para salvar "en serio la difícil tarea de la conversión, la reconciliación y la construcción de una auténtica comunidad de Panamá". Pienso que este valioso documento presentado por nuestros obispos católicos, sin ánimo de polemizar, agrega como conclusión que su misión es para garantizar la justicia sin venganza, la paz y la convivencia ciudadanas. Así sea.
3.-Que los diputados aprobarán en el mismo mes de julio, también sin leer los 55 mil documentos, para cuya lectura se requiere un mínimo de mil horas y para su estudio serio y analítico, un mínimo de cinco mil horas!!!
4.- Que los panameños tendremos escasamente los meses de agosto, septiembre y octubre para, en medio del alto costo de la canasta básica, el desempleo, las altas tarifas eléctricas, el alto costo del combustible, la inseguridad ciudadana, la escasez de agua, los problemas del transporte, los cierres de escuelas y de la Universidad de Panamá y el matraqueo constante de las decenas de millones que tiene preparados para gastarse a favor del sí, en publicidad de todo tipo y, bajo el ruido de los tambores y cornetas, para la emboscada que nos tienen preparada los que quieren un país y un pueblo al servicio del Canal y no un Canal al servicio del pueblo y del país.
Ante el mangoneo de los mangorreros, recordemos con Fernando Savater que "es mejor saber después de haber pensado y discutido, que aceptar los saberes que nadie discute para no tener que pensar".