Un viejo problema
Hace más de 30 años obtuve un premio de prensa nacional con un reportaje publicado en El Matutino cuyo tema giraba alrededor de los problemas en el transporte colectivo. Lo digo como referencia para que tomemos conciencia de que lo que hoy estamos viviendo es un viejo problema. Recuerdo cuando el transporte estaba a cargo de la empresa privada, como los Barletta por ejemplo; y tengo la impresión que funcionaba con mayor eficiencia y decencia.
Cierto es que la ciudad capital no tenía ni la extensión ni la cantidad de habitantes de hoy. Sin embargo, existe una sola realidad que demuestra el descrédito de un sistema corrupto y abusivo que tiene que ser corregido por el bien de los usuarios.
Sostengo que en algún momento se comenzaron a dar abusos que tergiversaron la intención que tuvo Omar Torrijos al entregar la responsabilidad a un grupo que reclamaba justicia social, dándose una transformación que estaba reflejada en las pronunciadas por el Jefe de Gobierno de aquel entonces, Omar Torrijos, cuando dijo la famosa frase de “machete para el que lo trabaja”.
No tengo la menor duda cuando responsabilizo al esquema del “juega vivo” que siempre ha causado tanto daño a los panameños, del deterioro de lo que en principio fue una excelente idea de gran contenido social. Sin embargo, como suele ocurrir, a la par se fue desarrollando una dirigencia irresponsable y con una gula incontrolable. Es tal el abuso del sistema y sus dirigentes, que han llegado a creerse que sus amenazas de un paro del transporte cada vez que piensan que sus mal llamados intereses corren peligro, pueden colocar en una situación difícil a los gobiernos que se enfrentan a sus inaceptables demandas.
Esto quizás ha servido como una intimidación a los que de pronto piensan en los efectos que esta acción tendría para la economía nacional, no solo a nivel de los colaboradores del Estado, sino de manera especial en la empresa privada y el comercio en particular.
Pienso que todo tiene un límite y los abusos se convierten en la gota de agua que hace derramar el vaso, por lo que es hora que se les haga entender que el “cupo vehicular” no es una patente de corzo y que este beneficio que se les otorga involucra derechos y deberes.
Por ello, reitero lo que ya he expresa en muchas otras ocasiones. Este relajo se tiene que acabar y que todo aquel que tenga más de un bus debe funcionar como una empresa a la que se le deben aplicar no solo la carga impositiva, sino también las obligaciones laborales con sus respectivas “palancas”.
No puede ser que una persona que tiene un kiosco para vender fritanga y que apenas obtenga lo necesario para sobrevivir, cumpla con sus deberes comerciales y en cambio, un gamonal con dos, tres y hasta veinte buses que le proporcionan cada uno un mínimo de 120 balboas por día, pretenda colgarse del cuello una etiqueta de “humilde trabajador”.
Este es un negocio que tiene todas las características de una empresa privada y como tal tiene que ser tratado. Ha llegado el momento de poner orden en este desorden y que a los panameños se les brinde un servicio de transporte respetuoso y de excelente calidad, sin los abusos y ofensas que el actual régimen representa.
El presidente Ricardo Martinelli tiene en sus manos una oportunidad de oro para atender lo que ha sido una vieja demanda de miles de panameños, no solo de la capital sino a nivel nacional, adecentando un sistema que tiene todas las trazas de un negocio lucrativo y que en forma alguna satisface los requerimientos de una sociedad moderna.
La idea de un metro es buena, pero constituye una respuesta a más largo alcance, por lo que mientras ello ocurra, debemos proporcionarle a la comunidad panameña un transporte liberado de toda una secuela de abusos que implica también, una altísima cuota de sangre.
Es una lástima que en su oportunidad, cuando ocurrió el incendio del bus que ocasionó la muerte de 18 panameños y panameñas, el ex presidente Torrijos no aprovechara la coyuntura para liberarnos de un sistema carcomido por el cáncer, y con la ventaja que le daba el apoyo de cientos de miles de panameños dispuestos incluso al sacrificio de caminar todos los días con tal que se resolviera esta vieja molestia.
Sin embargo, no es el momento de cargarle la culpa a ningún gobierno porque todos, por omisión o comisión, tienen su cuota de responsabilidad. Ahora lo que todos queremos es que se les de lección a un sector que ya ha llegado a los límites de cualquier abuso tolerable.