Una salida para Darién
No hay solución fácil, pero mantener el status quo, enviando esporádicamente alguna presencia policial, es la peor de las opciones porque no conduce a nada, salvo a contabilizar heridos, muertos y secuestrados que dejan las incursiones de bandoleros e irregulares colombianos del lado nuestro de la frontera darienita.
Militarizar Darién ni siquiera es una posibilidad factible. Podemos comprar diez helicópteros y será como nada. El territorio es inmenso y la selva impenetrable, salvo para la gente de a pie que camina bajo el denso follaje o navega por su infinita telaraña de ríos. Igual de inútil sería establecer bases policiales, por las mismas razones. Es más, ni Colombia, con una fuerza armada cincuenta veces superior ha podido controlar su propio territorio. ¿Qué hacer entonces?
En primer lugar, tenemos que revisar la historia reciente y no re inventar la rueda. En América Central tuvimos tres cuartos de siglo de guerra civil, que igual afectó a países limítrofes. Costa Rica es un buen ejemplo.
¿Cómo solucionaron el problema? En primer lugar, lo internacionalizaron. Hicieron que varias naciones con interés en el área, en particular, las del Grupo de Río, mediaran y encontraran una salida.
Recordamos que, por los años 80, la guerra en Nicaragua arreció tanto, que el fuego de morteros llovía sobre la frontera de Costa Rica. Siendo, como nosotros, un país sin ejército y declaradamente neutral, todas las naciones del grupo acudimos a ayudarlo. Venezuela emplazó un escuadrón de aviones Camberra y Panamá movió tropas de sus Fuerzas de Defensa hacia Paso Canoas.
Pero los mayores esfuerzos y logros no se cosecharon en el campo de batalla sino en la vía diplomática. La paz se consiguió en la década siguiente, gracias precisamente, a los esfuerzos del grupo de apoyo, encabezado irónicamente por el tercero y víctima, Costa Rica, en particular por su ex presidente y premio Nóbel, Oscar Arias. Hoy, en el istmo centroamericano, las diferencias políticas se resuelven con votos, no con balas. Y las fronteras están tranquilas.
En concreto, nos sumamos a quienes proponen internacionalizar el problema. Conformar la constitución de un bloque de países amigos que, junto con los que padecemos el problema, ayuden a encontrar una salida escalonada para las situaciones de inmediato, mediato y largo plazo. Para empezar, hay que mudar a Paya y otras poblaciones vulnerables del teatro de conflicto. Y la ONU y la OEA deben ayudarnos financieramente en eso. Somos suscriptores de varios convenios internacionales de defensa y de refugiados, que pueden ayudar en algo. Ulteriormente, podemos declararnos absolutamente neutrales y que fuerzas internacionales nos ayuden a garantizar ese status. Todo eso en un marco de dinámica participación en la búsqueda de una solución negociada a la guerra colombiana.
Le asiste la razón al Sindicato de Industriales de Panamá al proponer al gobierno un diálogo para abordar el problema energético que enfrenta el país, y ojalá que ese intercambio de ideas se produzca pronto, porque ello le permitirá a la ciudadanía tener un panorama claro sobre dónde radica el nudo gordiano que practicamente deja al libre albedrío la política tarifaria por consumo de energía.
Una cosa está clara, y es que en la plataforma donde se conjugan los componentes de generación, distribución y transmisión, este último es el que más identificado está con el consumidor, pese a que sólo le corresponde el 10 % del total que pagamos por el servicio. Este dinero, ETESA lo está invirtiendo en la modernización del sistema con miras, no sólo a trascender nuestras fronteras, sino abaratarlo.
Militarizar Darién ni siquiera es una posibilidad factible. Podemos comprar diez helicópteros y será como nada. El territorio es inmenso y la selva impenetrable, salvo para la gente de a pie que camina bajo el denso follaje o navega por su infinita telaraña de ríos. Igual de inútil sería establecer bases policiales, por las mismas razones. Es más, ni Colombia, con una fuerza armada cincuenta veces superior ha podido controlar su propio territorio. ¿Qué hacer entonces?
En primer lugar, tenemos que revisar la historia reciente y no re inventar la rueda. En América Central tuvimos tres cuartos de siglo de guerra civil, que igual afectó a países limítrofes. Costa Rica es un buen ejemplo.
¿Cómo solucionaron el problema? En primer lugar, lo internacionalizaron. Hicieron que varias naciones con interés en el área, en particular, las del Grupo de Río, mediaran y encontraran una salida.
Recordamos que, por los años 80, la guerra en Nicaragua arreció tanto, que el fuego de morteros llovía sobre la frontera de Costa Rica. Siendo, como nosotros, un país sin ejército y declaradamente neutral, todas las naciones del grupo acudimos a ayudarlo. Venezuela emplazó un escuadrón de aviones Camberra y Panamá movió tropas de sus Fuerzas de Defensa hacia Paso Canoas.
Pero los mayores esfuerzos y logros no se cosecharon en el campo de batalla sino en la vía diplomática. La paz se consiguió en la década siguiente, gracias precisamente, a los esfuerzos del grupo de apoyo, encabezado irónicamente por el tercero y víctima, Costa Rica, en particular por su ex presidente y premio Nóbel, Oscar Arias. Hoy, en el istmo centroamericano, las diferencias políticas se resuelven con votos, no con balas. Y las fronteras están tranquilas.
En concreto, nos sumamos a quienes proponen internacionalizar el problema. Conformar la constitución de un bloque de países amigos que, junto con los que padecemos el problema, ayuden a encontrar una salida escalonada para las situaciones de inmediato, mediato y largo plazo. Para empezar, hay que mudar a Paya y otras poblaciones vulnerables del teatro de conflicto. Y la ONU y la OEA deben ayudarnos financieramente en eso. Somos suscriptores de varios convenios internacionales de defensa y de refugiados, que pueden ayudar en algo. Ulteriormente, podemos declararnos absolutamente neutrales y que fuerzas internacionales nos ayuden a garantizar ese status. Todo eso en un marco de dinámica participación en la búsqueda de una solución negociada a la guerra colombiana.
Le asiste la razón al Sindicato de Industriales de Panamá al proponer al gobierno un diálogo para abordar el problema energético que enfrenta el país, y ojalá que ese intercambio de ideas se produzca pronto, porque ello le permitirá a la ciudadanía tener un panorama claro sobre dónde radica el nudo gordiano que practicamente deja al libre albedrío la política tarifaria por consumo de energía.
Una cosa está clara, y es que en la plataforma donde se conjugan los componentes de generación, distribución y transmisión, este último es el que más identificado está con el consumidor, pese a que sólo le corresponde el 10 % del total que pagamos por el servicio. Este dinero, ETESA lo está invirtiendo en la modernización del sistema con miras, no sólo a trascender nuestras fronteras, sino abaratarlo.