Una victoria espléndida
Superando su más serio escollo a sólo 16 meses de recibir el Canal y lo que resta de las áreas revertidas, el pueblo panameño rechazó ayer ampliamente la reforma constitucional que habría posibilitado al Presidente de la Republica, Ernesto Pérez Balladares, reelegirse en el cargo por un nuevo período inmediato de cinco años.
La propuesta amenazaba con polarizar y dividir la nación en su más delicada encrucijada, tras haber hecho de la reversión canalera su principal objetivo de este siglo. No parecía prudente entonces someterla este innecesario predicamento, en momentos en que la atención del mundo se centra sobre su capacidad para asumir responsablemente el gran compromiso.
Creemos sin embargo innecesario abundar sobre tan seria disyuntiva que, con la espléndida victoria de ayer, se logra superar en parte. Mas nos resta el torneo electoral de mayo del año próximo; y asegurarnos una transición armoniosa con Estados Unidos.
Emergió ayer domingo la fina inteligencia colectiva que era capaz de distinguir en las encuestas entre el buen trabajo rendido por Pérez Balladares y las desventajas de la reelección inmediata. De algún modo se las arregló para entender las sutilezas de los inconvenientes que para la joven democracia panameña representaba la propuesta.
La amplia ventaja del rechazo, por proporción cercana al 2 a 1, disolvió por su parte los temores a la división del país, eliminando la posibilidad de cualquier discusión ulterior sobre el tema y manteniendo al país unido hacia la reversión canalera.
La inmediata aceptación de la derrota por el mandatario, constituyó una muestra de madurez que aseguró el ambiente de paz que imperó a lo largo de la intensa campaña previa al referéndum. Ello se combinó con el excelente trabajo rendido por el Tribunal Electoral, cuya credibilidad estaba en juego, tras duros cuestionamientos previos, consolidando el proceso democrático.
Las encuestas serias resultaron asimismo vencedoras al anticipar los resultados y la evolución de las preferencias del electorado con precisión milimétrica. Quedaron por otro lado en el camino, los mercaderes ocasionales de ese rubro, quienes verán reducidos sus nichos de corrupción para las próximas elecciones. Nadie creerá más en improvisados.
Ganó también la democracia panameña, con la alta participación de los electores, que no se dejaron impresionar esta vez con la abrumadora propaganda y los despliegues de poder económico. Pocos se darán cuenta que a partir de ayer, la campaña política sufre un cambio cualitativo. Se requerirá en lo sucesivo, más claridad y sinceridad del mensaje y los hechos.
Sobreviene sin embargo un aspecto negativo, representado por el vacío de poder que ocurrirá con preocupante antelación. Para conjurar cualquier peligro al respecto, el mandatario deberá guiar con firmeza la nave del Estado y multiplicar su capacidad de consulta con todos los partidos y la sociedad civil.
La propuesta amenazaba con polarizar y dividir la nación en su más delicada encrucijada, tras haber hecho de la reversión canalera su principal objetivo de este siglo. No parecía prudente entonces someterla este innecesario predicamento, en momentos en que la atención del mundo se centra sobre su capacidad para asumir responsablemente el gran compromiso.
Creemos sin embargo innecesario abundar sobre tan seria disyuntiva que, con la espléndida victoria de ayer, se logra superar en parte. Mas nos resta el torneo electoral de mayo del año próximo; y asegurarnos una transición armoniosa con Estados Unidos.
Emergió ayer domingo la fina inteligencia colectiva que era capaz de distinguir en las encuestas entre el buen trabajo rendido por Pérez Balladares y las desventajas de la reelección inmediata. De algún modo se las arregló para entender las sutilezas de los inconvenientes que para la joven democracia panameña representaba la propuesta.
La amplia ventaja del rechazo, por proporción cercana al 2 a 1, disolvió por su parte los temores a la división del país, eliminando la posibilidad de cualquier discusión ulterior sobre el tema y manteniendo al país unido hacia la reversión canalera.
La inmediata aceptación de la derrota por el mandatario, constituyó una muestra de madurez que aseguró el ambiente de paz que imperó a lo largo de la intensa campaña previa al referéndum. Ello se combinó con el excelente trabajo rendido por el Tribunal Electoral, cuya credibilidad estaba en juego, tras duros cuestionamientos previos, consolidando el proceso democrático.
Las encuestas serias resultaron asimismo vencedoras al anticipar los resultados y la evolución de las preferencias del electorado con precisión milimétrica. Quedaron por otro lado en el camino, los mercaderes ocasionales de ese rubro, quienes verán reducidos sus nichos de corrupción para las próximas elecciones. Nadie creerá más en improvisados.
Ganó también la democracia panameña, con la alta participación de los electores, que no se dejaron impresionar esta vez con la abrumadora propaganda y los despliegues de poder económico. Pocos se darán cuenta que a partir de ayer, la campaña política sufre un cambio cualitativo. Se requerirá en lo sucesivo, más claridad y sinceridad del mensaje y los hechos.
Sobreviene sin embargo un aspecto negativo, representado por el vacío de poder que ocurrirá con preocupante antelación. Para conjurar cualquier peligro al respecto, el mandatario deberá guiar con firmeza la nave del Estado y multiplicar su capacidad de consulta con todos los partidos y la sociedad civil.