Vecinos vigilantes
Vemos con mucha satisfacción que aumenta la cooperación con las autoridades de parte de los conciudadanos que denuncian movimientos extraños y casos de violación de las leyes. La alarma social ante la cotidiana información sobre delitos no pueda ya ser mayor. No es posible resignarse y aceptar que el hampa, con sus acciones, prevalezca contra el orden social, la salud pública, la seguridad ciudadana, la moralidad y la decencia.
Muchos son ya los delitos que, gracias a ciudadanos que alertan o denuncian a las autoridades sobre movimientos extraños y lugares donde operan los enemigos de la sociedad, han contribuido a allanamientos y arresto de buen número de delincuentes. Todos los ciudadanos debemos interesarnos en mantenernos ojo avizor para proteger la propiedad privada y la del Estado. Ante los robos de alambre de cobre y tapas de alcantarillas que con frecuencia ocurren, merece la pena que quienes viven frente a lugares donde éstos existan, aunque sea de vez en cuando, dediquen algunas noches en horas de la madrugada un rato de vigilancia para ver si hay alguien robando una cosa u otra y dar aviso de ello en el acto.
En una ocasión, en viaje que hicimos a Viena, Austria, un ciudadano nos dijo que allí había muy poca gente en la cárcel porque casi todos los ciudadanos eran policías que denunciaban a cualquier persona que cometiera no solamente la infracción de lanzar una lata vacía a la calle o estacionar su carro en perjuicio de otro, porque, en el primer caso, el infractor actuaba contra la higiene; y en el segundo, el ciudadano veía que le causaba un daño a otro, lo denunciaba porque él podría ser una futura víctima suya en el futuro.
Merece la pena que todos anotemos que nuestras autoridades tienen una línea caliente, cuyo teléfono es 226-8320 y que mantengamos este número junto a los teléfonos en casa y en el guantero de nuestros automóviles. Mucho se sorprenderán de cuán pronto podrán cooperar con las autoridades en defensa y protección de la ley.