Venezuela en la encrucijada: 1-Cinco elecciones seguidas
El 28 de mayo Venezuela celebrará una megaelección, para escoger a todas sus autoridades nacionales, de los Estados y municipales, de acuerdo con su nueva Constitución. Esta será su quinta elección en el último año y medio, por obra y gracia de lo que su actual Presidente, el antiguo militar golpista Comandante Hugo Chávez Frías, insiste en llamar su " pacífica revolución bolivariana".
En noviembre de 1998 Venezuela celebró la elección presidencial y legislativa regular exigida por la Constitución de 1961, en la cual Chávez obtuvo la Presidencia, pero no la mayoría legislativa. En abril de 1999 celebró un referéndum consultivo sobre la convocatoria de una Asamblea Constituyente y "las bases comiciales" de la misma. En julio del mismo año celebró la elección de los 131 Constituyentes, de los cuales 125 habían recibido el apoyo de Chávez y sólo 6 configuraron la oposición. Y en diciembre celebró el referéndum en el cual se aprobó la Constitución de la llamada Quinta República o de la recién denominada "República Bolivariana de Venezuela" (art. 1). El 28 de mayo próximo celebrará la votación por todas las autoridades de elección previstas por la nueva Constitución. Chávez espera que de esta manera quedará establecido el régimen político producto de su "revolución".
Allan R. Brewer-Carías, académico y jurista venezolano de gran prestigio dentro y fuera de su país, quien fue miembro de la Asamblea Constituyente, explica en su libro sobre La Constitución de 1999 que el régimen político desarrollado a partir del fin en 1958 de la dictadura del Gen. Pérez Jiménez -el cuarto desde la Independencia- era "un Estado Democrático Centralizado de Partidos". La crisis del mismo habría estallado al final de la década del ochenta, "cuando el centro del poder político se ubicó afuera del Gobierno y del aparato del Estado, en la cúpula del Partido Acción Democrática que en ese momento dominaba el Ejecutivo Nacional, el Congreso y todos los cuerpos deliberantes representativos, que había nombrado como Gobernadores de Estado incluso a sus Secretarios Generales regionales, y que designaba hasta los Presidentes de cada uno de los Concejos Municipales del país" (p.16).
Los otros principales partidos, tales Copei y URD, también han tenido su parte de responsabilidad por la crisis. Pero la realidad es que Acción Democrática sentó las pautas de la evolución del régimen. De hecho los dos últimos Presidentes de Venezuela provenientes de dicho partido, Jaime Lusinchi y Carlos Andrés Pérez, ambos fueron enjuiciados por corrupción y Pérez fue condenado y depuesto. Ello marcó el descalabro del régimen. No se puede desconocer, sin embargo, tal que lo reivindica con razón el ex - Presidente Rafael Caldera en su último libro Los Causahabientes, de Carabobo a Puntofijo "que la etapa democrática iniciada el 23 de enero de 1958, con sólido basamento en el Pacto de Puntofijo, logró...algo que será difícil destruir: el pueblo venezolano se acostumbró a vivir en libertad" (p.173).
Desgraciadamente, a juicio del mismo Brewer-Carías, la Constitución de 1999 no logra la descentralización y la democracia participativa que se requieren para superar institucionalmente la crisis. Por lo contrario, mantiene el centralismo. Consagra el sistema de representación proporcional conducente a la sola representación de partidos políticos. Y agrega una concepción fuertemente estatista del sistema socio económico.
Por otra parte, la mayoría de la Asamblea Constituyente, motivada por la aspiración de Chávez al monopolio del poder público, desconoció los límites que la Corte Suprema le había establecido al declarar el referéndum sobre la misma conforme a la Constitución de 1961. Tan pronto comenzó a sesionar, asumió indebidamente la tarea de reorganizar el Poder Público. Luego, una vez terminada la nueva Constitución, inició de manera ilegítima un llamado "régimen de transición del Poder Público", ajeno a las Disposiciones Transitorias de la misma nueva Constitución. En virtud de este régimen provisional, la Asamblea resolvió que cesaran inmediatamente el Congreso y las Asambleas de los Estados, así como los titulares de la Contraloría General, la Fiscalía General y el Consejo Nacional Electoral , procediendo a establecer Comisiones Legislativas transitorias y a nombrar funcionarios sustitutos temporales.
Ello le ha garantizado al Presidente Chávez el control casi absoluto del Estado (sólo le faltan los Gobernadores electos anteriormente), antes de someterse a la prueba de la megaelección. Pero ello ha suscitado de parte de una delegación de observadores del Centro Carter, encabezada por el ex - Presidente uruguayo Alberto Lacalle, una evaluación de la megaelección que destaca "el alto nivel de desconfianza e incertidumbre generado por la naturaleza provisional del marco legal", así como por "el método por el cual se nombró a las autoridades electorales", todas aparentemente favorables a Chávez.
La realidad es entonces que a través de la serie de elecciones impulsadas por Chávez y con la Constitución de 1999, "se abre la vía al autoritarismo... (se) acentúa el estatismo y (se ) mezcla el presidencialismo y el militarismo" (Brewer-Carías, p. 37).
La crisis de la democracia venezolana, una de las democracias más duraderas e influyentes de América Latina, ha tenido que ver con el centralismo y la partidocracia de su régimen. Pero es improbable que hubiera tenido ni la gravedad ni el desenlace actual de no ser porque se acompañó de una desastre socioeconómico. Mark Falcoff, académico norteamericano y especialista en América Latina del American Enterprise Institute , en un artículo favorable a Chávez intitulado "Venezuela: the Wave of the Future or the Wave of the Past?", destaca: "Desde la Segunda Guerra Mundial, Venezuela ha recibido ingresos del petróleo equivalentes a diez o quien sabe a quince Planes Marshall. (Sólo entre 1990 y 1998 recibió $122 billones de su exportación de petróleo). Sin embargo, durante la última década ha experimentado una de las bajas más drásticas en su nivel de vida en América Latina. Hoy el 86% de su población vivotea en la pobreza, el 40% en la pobreza extrema, el desempleo oficial se sitúa alrededor del 16%, la expectativa de vida ha disminuido, la pobreza y la malnutrición aumentan".
De cara a esta dramática realidad, Chávez hasta la fecha no ha ofrecido una estrategia socioeconómica eficazmente esperanzadora. En 1999 la inversión privada disminuyó 27% y el PIB se redujo en 7.2%. El desempleo bien pudo haber superado el porcentaje anterior, con más del 56% de los ocupados en el sector informal. El salario mínimo mensual en mayo de 1999 era de Bs./120,000, mientras la canasta alimentaria alcanzó los Bs./ 220,000 en marzo de 2000. Chávez sólo ha ofrecido, como solución, una fórmula política consistente básicamente en concentrar el poder público en sus manos y asegurarse que esta concentración pueda durar por lo menos dos períodos presidenciales o doce años más.
¿Pero hasta cuándo aguantará el pueblo venezolano una presunta solución exclusivamente política para sus problemas socioeconómicos, especialmente si ésta representa una variante unipersonal y autoritaria del centralismo partidista que ha imperado durante las últimas cuatro décadas?
A raíz de su toma de posesión en enero de 1999, me pregunté en un artículo: "¿Tendrá el Presidente Chávez el tiempo y la sabiduría para desarmar la "bomba de tiempo" que él mismo dice que le han entregado? ¿O presionado por la imposibilidad de satisfacer rápidamente las expectativas económicas de un pueblo acosado, se verá tentado de concentrar en sus manos todo el poder público, rechazando lo que él tilda de "consenso retrógrado", para promover una nueva Constitución a la medida de su protagonismo unipersonal con enfoque militarista?"
Hasta la fecha su única fórmula ha sido más y más poder para sí mismo, por más y más tiempo. ¿Cómo pasará ahora la prueba de la megaelección y qué le espera a Venezuela como resultado de la misma? Intentaré responder la próxima semana.
En noviembre de 1998 Venezuela celebró la elección presidencial y legislativa regular exigida por la Constitución de 1961, en la cual Chávez obtuvo la Presidencia, pero no la mayoría legislativa. En abril de 1999 celebró un referéndum consultivo sobre la convocatoria de una Asamblea Constituyente y "las bases comiciales" de la misma. En julio del mismo año celebró la elección de los 131 Constituyentes, de los cuales 125 habían recibido el apoyo de Chávez y sólo 6 configuraron la oposición. Y en diciembre celebró el referéndum en el cual se aprobó la Constitución de la llamada Quinta República o de la recién denominada "República Bolivariana de Venezuela" (art. 1). El 28 de mayo próximo celebrará la votación por todas las autoridades de elección previstas por la nueva Constitución. Chávez espera que de esta manera quedará establecido el régimen político producto de su "revolución".
Allan R. Brewer-Carías, académico y jurista venezolano de gran prestigio dentro y fuera de su país, quien fue miembro de la Asamblea Constituyente, explica en su libro sobre La Constitución de 1999 que el régimen político desarrollado a partir del fin en 1958 de la dictadura del Gen. Pérez Jiménez -el cuarto desde la Independencia- era "un Estado Democrático Centralizado de Partidos". La crisis del mismo habría estallado al final de la década del ochenta, "cuando el centro del poder político se ubicó afuera del Gobierno y del aparato del Estado, en la cúpula del Partido Acción Democrática que en ese momento dominaba el Ejecutivo Nacional, el Congreso y todos los cuerpos deliberantes representativos, que había nombrado como Gobernadores de Estado incluso a sus Secretarios Generales regionales, y que designaba hasta los Presidentes de cada uno de los Concejos Municipales del país" (p.16).
Los otros principales partidos, tales Copei y URD, también han tenido su parte de responsabilidad por la crisis. Pero la realidad es que Acción Democrática sentó las pautas de la evolución del régimen. De hecho los dos últimos Presidentes de Venezuela provenientes de dicho partido, Jaime Lusinchi y Carlos Andrés Pérez, ambos fueron enjuiciados por corrupción y Pérez fue condenado y depuesto. Ello marcó el descalabro del régimen. No se puede desconocer, sin embargo, tal que lo reivindica con razón el ex - Presidente Rafael Caldera en su último libro Los Causahabientes, de Carabobo a Puntofijo "que la etapa democrática iniciada el 23 de enero de 1958, con sólido basamento en el Pacto de Puntofijo, logró...algo que será difícil destruir: el pueblo venezolano se acostumbró a vivir en libertad" (p.173).
Desgraciadamente, a juicio del mismo Brewer-Carías, la Constitución de 1999 no logra la descentralización y la democracia participativa que se requieren para superar institucionalmente la crisis. Por lo contrario, mantiene el centralismo. Consagra el sistema de representación proporcional conducente a la sola representación de partidos políticos. Y agrega una concepción fuertemente estatista del sistema socio económico.
Por otra parte, la mayoría de la Asamblea Constituyente, motivada por la aspiración de Chávez al monopolio del poder público, desconoció los límites que la Corte Suprema le había establecido al declarar el referéndum sobre la misma conforme a la Constitución de 1961. Tan pronto comenzó a sesionar, asumió indebidamente la tarea de reorganizar el Poder Público. Luego, una vez terminada la nueva Constitución, inició de manera ilegítima un llamado "régimen de transición del Poder Público", ajeno a las Disposiciones Transitorias de la misma nueva Constitución. En virtud de este régimen provisional, la Asamblea resolvió que cesaran inmediatamente el Congreso y las Asambleas de los Estados, así como los titulares de la Contraloría General, la Fiscalía General y el Consejo Nacional Electoral , procediendo a establecer Comisiones Legislativas transitorias y a nombrar funcionarios sustitutos temporales.
Ello le ha garantizado al Presidente Chávez el control casi absoluto del Estado (sólo le faltan los Gobernadores electos anteriormente), antes de someterse a la prueba de la megaelección. Pero ello ha suscitado de parte de una delegación de observadores del Centro Carter, encabezada por el ex - Presidente uruguayo Alberto Lacalle, una evaluación de la megaelección que destaca "el alto nivel de desconfianza e incertidumbre generado por la naturaleza provisional del marco legal", así como por "el método por el cual se nombró a las autoridades electorales", todas aparentemente favorables a Chávez.
La realidad es entonces que a través de la serie de elecciones impulsadas por Chávez y con la Constitución de 1999, "se abre la vía al autoritarismo... (se) acentúa el estatismo y (se ) mezcla el presidencialismo y el militarismo" (Brewer-Carías, p. 37).
La crisis de la democracia venezolana, una de las democracias más duraderas e influyentes de América Latina, ha tenido que ver con el centralismo y la partidocracia de su régimen. Pero es improbable que hubiera tenido ni la gravedad ni el desenlace actual de no ser porque se acompañó de una desastre socioeconómico. Mark Falcoff, académico norteamericano y especialista en América Latina del American Enterprise Institute , en un artículo favorable a Chávez intitulado "Venezuela: the Wave of the Future or the Wave of the Past?", destaca: "Desde la Segunda Guerra Mundial, Venezuela ha recibido ingresos del petróleo equivalentes a diez o quien sabe a quince Planes Marshall. (Sólo entre 1990 y 1998 recibió $122 billones de su exportación de petróleo). Sin embargo, durante la última década ha experimentado una de las bajas más drásticas en su nivel de vida en América Latina. Hoy el 86% de su población vivotea en la pobreza, el 40% en la pobreza extrema, el desempleo oficial se sitúa alrededor del 16%, la expectativa de vida ha disminuido, la pobreza y la malnutrición aumentan".
De cara a esta dramática realidad, Chávez hasta la fecha no ha ofrecido una estrategia socioeconómica eficazmente esperanzadora. En 1999 la inversión privada disminuyó 27% y el PIB se redujo en 7.2%. El desempleo bien pudo haber superado el porcentaje anterior, con más del 56% de los ocupados en el sector informal. El salario mínimo mensual en mayo de 1999 era de Bs./120,000, mientras la canasta alimentaria alcanzó los Bs./ 220,000 en marzo de 2000. Chávez sólo ha ofrecido, como solución, una fórmula política consistente básicamente en concentrar el poder público en sus manos y asegurarse que esta concentración pueda durar por lo menos dos períodos presidenciales o doce años más.
¿Pero hasta cuándo aguantará el pueblo venezolano una presunta solución exclusivamente política para sus problemas socioeconómicos, especialmente si ésta representa una variante unipersonal y autoritaria del centralismo partidista que ha imperado durante las últimas cuatro décadas?
A raíz de su toma de posesión en enero de 1999, me pregunté en un artículo: "¿Tendrá el Presidente Chávez el tiempo y la sabiduría para desarmar la "bomba de tiempo" que él mismo dice que le han entregado? ¿O presionado por la imposibilidad de satisfacer rápidamente las expectativas económicas de un pueblo acosado, se verá tentado de concentrar en sus manos todo el poder público, rechazando lo que él tilda de "consenso retrógrado", para promover una nueva Constitución a la medida de su protagonismo unipersonal con enfoque militarista?"
Hasta la fecha su única fórmula ha sido más y más poder para sí mismo, por más y más tiempo. ¿Cómo pasará ahora la prueba de la megaelección y qué le espera a Venezuela como resultado de la misma? Intentaré responder la próxima semana.