Victorias y derrotas
Con detestada frecuencia escuchamos noticias ora en el campo deportivo ora en otros campos de la existencia humana, informes sobre victorias logradas y sobre inevitables derrotas. Pudiera decirse que es ley de la vida, pareciera que estamos buscando victorias y evitando las derrotas. Pero a veces no conseguimos ni una ni otra, o nos damos cuenta de que tanto las victorias o derrotas son efímeras, transitorias, no definitivas y que en último término son relativas, lo que es victoria para ti es derrota para los demás, o viceversa. Lo que es derrota para otros es una victoria que no esperabas.
Muchas veces nos cuesta aceptar la victoria de los demás aún cuando no seamos nosotros los competidores. Simpatías y antipatías. Prejuicios gratuitos.
Recuerdo en el pasado en un acto académico participaron dos amigos, cada uno tenía que hacer su propia exposición pública de un tema. Al finalizar el espectáculo le dije a uno de ellos, "te ganó fulano", y él me contestó: "yo no sabía que estábamos en una competencia".
Indiscutiblemente hay torneos escolares no sólo deportivos sino académicos, por ejemplo, torneos de matemáticas, de física, de oratoria, de declamación, de redacción y existen tribunales encargados de señalar al vencedor y póngale la firma; nunca o casi nunca queda la gente contenta con el ganador, ni con el fallo. Hace algunos meses hubo un concurso internacional de piano y ya desde el principio escuché algunas personas expresarse: "le van a dar el premio al cubano porque el gobierno quiere congraciarse con el gobierno de la isla". Al final, ganó un chino. Dígase lo mismo de tantos concursos de cantantes o de "mira quién baila", siempre queda en el aire la duda de los fallos que se dan. Imposible agradar a todos y hay que atenerse al veredicto de los que se han escogido como jueces.
A veces escucho a católicos indiferentes comunicarme que los protestantes nos están ganando, como si se tratara de una competencia de ver quién hace más templos en la ciudad y quién hace más bulla,o más milagros económicos.
Hoy día se afirma que los "Diablos Rojos" ganaron al transmilenio, dando a entender que el gobierno ha postergado la decisión sobre la modernización del transporte urbano. También ocurre una sorpresa cuando salen de la Corte Suprema fallos que la comunidad no esperaba, ya que todo a simple vista indicaba lo contrario. Como que las victorias y derrotas dependen no de la objetividad de quién gana y quién pierde, sino del tribunal o de la personas capacitadas o no que tienen la decisión de quién es el ganador.
Esto engendra un escepticismo e indiferencia sobre estas competencias, incluso, en los juegos de balompié; escucha o percibe el observador que el árbitro central muchas veces se le nota que favorece demasiado a una de las partes contendientes. Y así se oyó decir que en la "Copa Oro" todo estaba orientado para que ganara Estados Unidos y vencieran a México. Y flotaba la duda.
Ganar o perder. Vencer o ser derrotado. No podemos ver la vida como un certamen en que hay que ver cómo sales ganando. A veces siento que a la raíz del famoso "juega vivo" panameño está la visión de que estás en una contienda continua en la que tienes que ganar sea como sea, y eso no es así. A veces ganas sin competir porque estás solo en tu contienda y nadie te hace la competencia
Ojalá pudiéramos vencer a todos los enemigos de la salud corporal o espiritual, a los enemigos de la verdad, del egoísmo, de nuestras propias debilidades que tantas molestias causan a los que conviven con uno; la impuntualidad; la falta de seriedad en los temas serios; el negativismo; el juega vivo.
Ganar o perder, no es asunto de quién grita más o es más irónico o más mentiras profiere o avasalla al adversario. Es otra cosa.
Explicó que el crecimiento poblacional en las afueras ha contribuido a generar que la red vial en principio se haya quedado corta, por lo mismo hay inversiones en ensanches.
Muchas veces nos cuesta aceptar la victoria de los demás aún cuando no seamos nosotros los competidores. Simpatías y antipatías. Prejuicios gratuitos.
Recuerdo en el pasado en un acto académico participaron dos amigos, cada uno tenía que hacer su propia exposición pública de un tema. Al finalizar el espectáculo le dije a uno de ellos, "te ganó fulano", y él me contestó: "yo no sabía que estábamos en una competencia".
Indiscutiblemente hay torneos escolares no sólo deportivos sino académicos, por ejemplo, torneos de matemáticas, de física, de oratoria, de declamación, de redacción y existen tribunales encargados de señalar al vencedor y póngale la firma; nunca o casi nunca queda la gente contenta con el ganador, ni con el fallo. Hace algunos meses hubo un concurso internacional de piano y ya desde el principio escuché algunas personas expresarse: "le van a dar el premio al cubano porque el gobierno quiere congraciarse con el gobierno de la isla". Al final, ganó un chino. Dígase lo mismo de tantos concursos de cantantes o de "mira quién baila", siempre queda en el aire la duda de los fallos que se dan. Imposible agradar a todos y hay que atenerse al veredicto de los que se han escogido como jueces.
A veces escucho a católicos indiferentes comunicarme que los protestantes nos están ganando, como si se tratara de una competencia de ver quién hace más templos en la ciudad y quién hace más bulla,o más milagros económicos.
Hoy día se afirma que los "Diablos Rojos" ganaron al transmilenio, dando a entender que el gobierno ha postergado la decisión sobre la modernización del transporte urbano. También ocurre una sorpresa cuando salen de la Corte Suprema fallos que la comunidad no esperaba, ya que todo a simple vista indicaba lo contrario. Como que las victorias y derrotas dependen no de la objetividad de quién gana y quién pierde, sino del tribunal o de la personas capacitadas o no que tienen la decisión de quién es el ganador.
Esto engendra un escepticismo e indiferencia sobre estas competencias, incluso, en los juegos de balompié; escucha o percibe el observador que el árbitro central muchas veces se le nota que favorece demasiado a una de las partes contendientes. Y así se oyó decir que en la "Copa Oro" todo estaba orientado para que ganara Estados Unidos y vencieran a México. Y flotaba la duda.
Ganar o perder. Vencer o ser derrotado. No podemos ver la vida como un certamen en que hay que ver cómo sales ganando. A veces siento que a la raíz del famoso "juega vivo" panameño está la visión de que estás en una contienda continua en la que tienes que ganar sea como sea, y eso no es así. A veces ganas sin competir porque estás solo en tu contienda y nadie te hace la competencia
Ojalá pudiéramos vencer a todos los enemigos de la salud corporal o espiritual, a los enemigos de la verdad, del egoísmo, de nuestras propias debilidades que tantas molestias causan a los que conviven con uno; la impuntualidad; la falta de seriedad en los temas serios; el negativismo; el juega vivo.
Ganar o perder, no es asunto de quién grita más o es más irónico o más mentiras profiere o avasalla al adversario. Es otra cosa.
Explicó que el crecimiento poblacional en las afueras ha contribuido a generar que la red vial en principio se haya quedado corta, por lo mismo hay inversiones en ensanches.