“Vimos surgir una estrella” (Mt.2/2)
Felicidades a los que comparten conmigo esta columna con su lectura y con sus animados comentarios favorables, en el nuevo año 2010.
Hoy la liturgia navideña nos introduce en la celebración de la Epifanía, fiesta de Reyes, que antiguamente se celebraba el 6 de enero, y en algunos lugares aún mantienen la fecha, pero que entre nosotros, por motivos pastorales, la trasladamos al domingo siguiente al de la Sagrada Familia. Esto como culturilla religioso litúrgica pastoral.
“Vimos surgir su estrella”. Normalmente a los que leen el firmamento y a los que no, nos ocurre ver surgir estrellas. A los tres piadosos varones de Oriente también les ocurrió lo mismo, aunque la estrella que vieron surgir era distinta. Era “su” estrella. Y dice el texto que añadieron “y hemos venido a adorarlo”. Esto en el peor de los entornos que era el palacio de Herodes. Lo demás lo dejamos a la meditación.
No soy el que lo dice, lo he oído decir a muchos “que todos nacemos con una estrella” más aún algunos añaden “ponla a brillar”. No hablamos de eso si no en esta fecha de la Epifanía, la estrella que es signo, se confunde con el significado. Cristo es la luz de los pueblos.
Todas las zozobras que estamos viviendo que no son distintas a las que vivieron los que nos precedieron y las que se viven en otros lares, vienen a ser como quien vive en tinieblas. Y lo que más anhela el ser humano es ver la luz.
La luz es tema que domina muchas solemnidades de nuestra liturgia, sobre todo en Navidad y Epifanía. La Epifanía antiguamente en Oriente era la fiesta de la gran luz. En el clima de la noche Santa apareció Cristo que es la Luz de los pueblos, es el Sol que nace de lo alto (LC.1,78), el Sol que vino al mundo para disipar las tinieblas del mal e inundarlo con el esplendor del amor divino. La Epifanía es una de las fiestas más antiguas, mas aun que la misma Navidad. La solemnidad de hoy anticipa nuestra participación en la gloria de la inmortalidad de Cristo manifestada en una naturaleza mortal como la nuestra.
Hacer estas consideraciones en estos días de shows mediáticos que extienden un velo de oscuridad y de zozobra en el ambiente, deben ayudarnos a anhelar de nuevo a ver surgir la luz. Cristo es la luz y quiere invadirnos con su luz vivificante pero nosotros no queremos la luz porque es más rentable trabajar en las tinieblas de los caprichos y de la falta de transparencia en nuestras conductas contradictorias. Que ojalá en este 2010, luego de agradecer al Señor por lo que nos dio en estos 10 años del siglo XXI nos impulse por crear claridad y luz en nuestras vidas.