default

Virtudes


Acometí, luego de la cuaresma politiquera, el compartir con el lector algunos pasajes de una historia recién traducida al castellano del italiano escrita por un poco conocido jesuita de la época colonial, el Padre Mario Cicala.
Se imponía hacer un paréntesis en este hiato temporal entre el final de un periodo y el comienzo de otro lleno de interrogaciones.
El propósito ha sido destacar las apreciaciones tan positivas y optimistas que dice el citado autor sobre los panameños de aquellos tiempos y que por tanto sean exactas o quizás hiperbólicas, son parte del torrente hereditario del cual puede que queden algunos vestigios.
Confieso con ingenuidad que en lo que he leído sobre el mismo tema, más bien tropecé con descripciones negativas lo cual me ayudaba a diagnosticar nuestro errático comportamiento actual como algo inevitable pues era heredado. Por lo visto, no todo era tan tenebroso.
Cicala, por el contrario, ilumina y renueva esa visión. El habla, además, de lo que ha afirmado, no sólo de virtudes sino de defectos los cuales, oportunamente abordaremos. Espigemos.
En los títulos habla de "su elocuencia y locuacidad natural", más adelante "de su afabilidad y al mismo tiempo generosa liberalidad", "de su singularísima gratitud" y no podía faltar por ser lo más obvio "de las particularidades", "de los vicios dominantes en aquella ciudad" "del juego de gallos" "de las virtudes que florecen en aquella ciudad"....
Sobre la elocuencia del panameño colonial dice: "Otra propiedad natural es ser todos elocuentes y muy locuaces, pero con gracia y eficacia en sus expresiones. Amplifican de maravilla un hecho, un cuento con una retórica natural y una gracia y elocuencia deliciosas que encantan a los circunstantes. Por ello son tenidos por los demás, como locos y chiflados de carácter, pero no así, sino que es injuriarlos desvergonzadamente, pues son de espíritu vivaz, de ingenio agudo y rápido, de donde les viene ser de carácter natural aquella elocuencia y locuacidad de todos los panameños".
Quien ha tenido la experiencia de la docencia puede confirmar parte de lo que el amigo Mario afirma.
Sobre la afabilidad nos ofrece: "Es en verdad un atractivo muy grande para los extranjeros, la extraordinaria afabilidad que los panameños manifiestan hacia ellos". Citando a un obispo limeño que había sido Oidor de la Real Audiencia de Panamá por 20 años: "Aunque los ciudadanos panameños no tuvieran otras cualidades para ser apreciados y alabados, que solamente por su afabilidad tan fina para con todos, merecen ser apreciados y estimados por todos con la mayor y más cordial ternura". Yo sé que muchos me dirán: "Ojalá fuera verdad tanta belleza".

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América