¡Visible avance democrático!
En los últimos lustros, Panamá ha vivido una transformación constante y acelerada en su sistema de partidos políticos y de su vida electoral. En el curso de pocos años hemos transitado de un sistema de partido tradicionalmente muy cuestionado a un sistema pluripartidista que, aunque no ha respondido a las expectativas de la ciudadanía, se ha facilitado su funcionamiento con opciones y alternativas ideológicas y de concepción bien diferenciadas.
Simultáneamente, hemos evolucionado de una vida electoral incipiente a una etapa democrática más avanzada (los resultados de las elecciones nacionales de 1994, 1999 y 2004 son evidencias claras, pero aún persisten deficiencias que urge mejorar). Y es menester que se diga sin ambages: en el mismo lapso, la democracia se ha proyectado como un valor medular de la vida política nacional y de una demanda sentida de muchos grupos sociales, así como un instrumento esencial para el ejercicio de los derechos y la contienda por el poder.
Desde 1994, pues, los partidos políticos compiten con determinación por el poder público en condiciones legales que les garantizan la posibilidad real de constituirse en gobierno con base en la voluntad popular.
Es un hecho, también, que en los últimos años ha emergido con gran fuerza una ciudadanía alerta, activa y demandante: movimientos, asociaciones, grupos cívicos, sindicatos obreros, organizaciones de ciudadanos labran el perfil de una sociedad compleja y creativa. Y es bueno que los partidos políticos vigentes comprendan que esta nueva estructura social enriquece el diálogo político, fortalece la participación ciudadana y afirma el avance democrático de la Nación.
Además, no hay que olvidar que los medios de comunicación integran hoy un sistema amplio y diferenciado que ha ensanchado las vías para la expresión ciudadana; que difunde la información con signos y tonos plurales; que congrega la diversa opinión ciudadana en torno a los problemas nacionales y las alternativas de solución. Justamente, por ser hoy una sociedad panameña mejor integrada y más dinámica y consciente de los derechos ciudadanos, resulta más difícil aceptar las insuficiencias prevalecientes, incompetencias en función de gobierno y, más todavía, algunas graves carencias de nuestra vida democrática.