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Vivir de la política o vivir para la política


En las elecciones pasadas un gran número de políticos que corrían a diversos puestos de elección fueron reelectos; así se demuestra que la política es la aspiración de llegar al poder y participar del mismo. En el caso particular de los legisladores, hay quienes han sido cuestionados por su actuar y proceder en diversas ocasiones. Es en este marco que resalto los postulados de Max Weber sobre la política; el cual señala que existen dos pecados capitales que pueden cometer los políticos. Uno de ellos es la carencia de finalidades objetivas y el otro la falta de responsabilidad.
Pareciese que un gran número de los políticos panameños y en particular de legisladores han cometido estos pecados; ya que se ha demostrado con cifras el ausentismo que a lo largo de su respectivo período han mantenido.
Con los postulados de Weber, he querido enviar un mensaje claro a la próxima Asamblea Legislativa que se instaurará el 1 de septiembre del año en curso; ya que su trabajo está en el hemiciclo legislativo. Sin embargo, hay quienes aún no comprenden cuál es el papel de los legisladores de la Nación; tal vez sea exclusivamente porque viven de la política y rechazan las investigaciones sólidas sobre ciencias sociales porque suponen que su experiencia de primera mano les ha dado el conocimiento necesario; aún no son capaces de diferenciar entre la política y la politiquería; aún peor, no se han detenido a estudiar el arte de la política.
En la actualidad hay quienes viven de la política y no para política; es claro que entre una y otra existe una gran diferencia. Quienes viven de la política son aquellos que han caído en el nivel más burdo y más asqueroso ya que dependen económicamente de su actuar en la misma y se valen de ella para captar permanentemente los ingresos. La diferencia radica en que el que vive para la política cuenta con una situación económica independiente de los ingresos que pueda percibir de la política.
La renovación del nuevo ciudadano promueve y prevé todos estos cambios hacia una sociedad de valores más humanizada y en donde estas prácticas no tendrán cabida en el nuevo sistema democrático del nuevo siglo.

101 años de Panamá América

 
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