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" Yankee, come home "


Es indiscutible que los Estados Unidos es la nación más poderosa del planeta y por eso suscita recelos, manifestaciones de envidia, rechazo y ataques de una buena cantidad de resentidos y acomplejados que tratan de encontrarles defectos y están constantemente "señalando la paja en el ojo ajeno". Y eso sucede en Panamá y en muchas naciones del mundo. A mí me interesa analizar ese fenómeno en mi país. Siempre he considerado esta actitud poco práctica, contraproducente, estéril y nada inteligente.
Sé que sólo con el párrafo anterior me ganaré la antipatía, el rechazo y hasta el ataque destructivo de muchos panameños que se consideran muy patriotas por su sistemático desprestigio de "todo lo norteamericano". No me importan las consecuencias, pero creo que ha llegado el momento de exponer la verdad y erradicar de nuestro medio las "fobias", "resabios" y "complejos" que desgraciadamente muchos han fomentado por intereses muy particulares y de distintos ángulos.
Cuando a un joven se le envenena la mente, éste se ofusca, se ciega y es muy difícil que cambie de actitud y tenga la serenidad y el criterio suficiente para que en algún momento de su vida, sepa razonar libremente y ver la verdad. Son como esos seres que son captados por ciertas "logias" y llegan hasta el crimen o suicidios colectivos creyendo que hacen el bien.
Así sucede también con los ultranacionalismos retrógrados y estériles que en vez de sumar, restan. Y los mas dañinos son los fanatismos religiosos. Los Ayatolah envenenan las mentes de los jóvenes, del pueblo, e imponen restricciones y prohibiciones porque casi todo lo consideran pecado. Justifican barbaridades como la ablación del clítoris en las jóvenes para que no sientan placer en sus relaciones sexuales. Esclavizan a las mujeres que no tienen prácticamente ningún derecho, excepto el parir.
Al que han "desquiciado" en su juventud, sigue emitiendo permanentemente "mala bilis" por todos sus poros. Y yo quiero para mi país hombres con mente abierta, receptivos, prácticos, alegres, sin resentimientos ni rencores y dispuestos a integrar a todos los hombres de buena voluntad para el progreso de nuestra nación.
Sabemos que en el siglo XIX el país del norte emitió su "Doctrina Monroe" y con este criterio se consideró dueño de toda América. Se erigieron en gendarmes y protectores de nuestros países y sus múltiples intervenciones en Nicaragua, Salvador, Chile, Panamá, etc. sólo fueron pretextos para cuidar sus intereses. Ponían y quitaban mandatarios y no importaba si éstos eran unos tiranos que explotaban al pueblo. Eran "buenos" si obedecían a "USA" y seguían sus directrices. Muchas veces sus "marionetas" tomaban vida propia, como sucedió en nuestro país con Noriega, y entonces había que eliminarlos. Es obvio que contra un poderoso enemigo no se puede plantear una batalla frontal. ¿Qué le hubiese sucedido a David en un "cuerpo a cuerpo" con Goliat? En lugar de eso usó su inteligencia, su astucia, su rapidez y una vez que tuvo mareado al gigante, blandió su honda con precisión y abatió al enemigo.
Alemania, Italia y Japón perdieron la guerra y no han estado "lloriqueando" ni echándole la culpa de todos sus males a Estados Unidos, como hacen muchos panameños. Se pusieron a trabajar sin complejos ni resabios y hoy en día son países prósperos y potentes. Claro está que Estados Unidos después de la destrucción de la II Guerra Mundial implantó un "plan Marchall" para la recuperación económica de los países europeos perdedores y a Japón lo inundó de dinero para levantarlo de las cenizas. Pero la virtud de esos pueblos es que supieron emplear la ayuda recibida. Hemos visto en nuestros países americanos cómo el dinero que llega para paliar catástrofes como terremotos, inundaciones, etc., termina en el bolsillo de unos cuantos inescrupulosos aprovechadores.
Hay una realidad bien tangible: ¡Hemos recuperado el Canal y lo estamos manejando bien! Traslademos esa experiencia a todos los ámbitos de nuestra nación, convirtamos en "hormiguitas trabajadoras" y roguemos a Dios que en la administración de la vía interoceánica no penetre la nefasta burocracia ni la política criolla. ¡El Canal es uno de nuestros grandes bienes y debemos cuidarlo!
Estados Unidos es grande por su capacidad de trabajo y organización, por su perseverancia, por su ciencia y tecnología etc. Su prosperidad no le ha caído gratuitamente del cielo. Imitemos los buenos ejemplos y aunque me critiquen "las aves agoreras" afirmo que en muchos aspectos en lugar de decir: ¡Yankee go home! Deberíamos decir: ¡Yankee, como home! Debemos trabajar para convertirlos en nuestros amigos, en nuestros socios. ¡Si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él!
Es verdad que los Estados Unidos, mirando sus propios intereses, contribuyeron a nuestra independencia para luego firmar un "leonino" tratado con la "nueva nación" para construir su Canal; pero también es cierto que dejamos de ser un remoto Departamento de Colombia con pésima comunicación, una sanidad que brillaba por su ausencia, una caótica administración, etc.. ¿Qué sería de nosotros si hubiésemos continuado siendo un ignorado trozo de Colombia ?
Mi experiencia con los norteamericanos siempre ha sido muy positiva y fructífera. Sólo un ejemplo: Hace ya unos cuántos años, cuando hacía mi Residencia de Ortopedia en el Hospital Santo Tomás, el jefe de nuestro servicio organizó unos programas conjuntos con nuestros colegas del Hospital Gorgas. Dos veces por semana intercambiábamos visitas, conferencias, sesiones clínicas, etc. A ellos les interesaba mucho conocer la patología y los casos de nuestro Hospital del Niño y nosotros nos beneficiábamos de la visita, cada seis meses, de un "Consultor" de prestigio de los Estados Unidos, del material que ellos recibían de la Academia Americana de Cirugía Ortopédica, de su estupenda Biblioteca, etc. Al principio algunos nos resistimos porque todo se hacía en Inglés, pero nos sirvió para perfeccionar el idioma. Doy fe, de que ese intercambio fue muy fructífero y nuestras relaciones muy fraternales, desprendidas y amables.
Eso es lo que tenemos que hacer, conseguir la colaboración de ellos, hacerlos nuestros amigos, nuestros socios y no andar atacándolos permanentemente y pregonando que son los culpables de todos nuestros males. Procuremos conquistar a los mejores cerebros del mundo, ofreciéndole buenos salarios y facilidades para que aporten a nuestro país sus valiosos conocimientos y entre ellos especialmente a los norteamericanos que son los poseedores de la ciencia y la tecnología punta. Eso es hacer Patria y lo demás es "patriotería negativa y barata".

101 años de Panamá América

 
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