Yo prometo, tú prometes...
Para quienes aspiran a cargos de poder las promesas son el pan nuestro de cada día. Y no se trata de un vicio exclusivo de los políticos porque ni los militares en su momento se resistieron a hacerlas. La misma noche del golpe de Estado de 1968 comenzaron con los llamados "Postulados de la revolución".
Los diez postulados, el mismo número que mandamientos de la ley divina, promulgaban el "adecentamiento inmediato" de la administración pública, la erradicación del peculado y el nepotismo y el castigo para los corruptos, independientemente de su clase social.
Los recursos estatales serían usados con eficiencia y honestidad para el "beneficio de los más y no para el provecho exclusivo de los menos".
La Guardia Nacional sería la garante del orden y equilibrio en las elecciones y los eleccionarios.
A un año del golpe de Estado, el editorial del diario Crítica, controlado por los militares, señaló que "la Guardia Nacional no debe seguir cargando sola con el peso de las responsabilidades cimeras. Ya hizo parte importantísima y es menester que tenga un vigoroso brazo cívico de apoyo".
Hablaba también de "la igualdad de oportunidades para quienes quieren acoplarse, sin recelos ni hesitaciones, a la gran empresa de unificar a los panameños".
Las palabras eran loables, pero en la realidad durante los años siguientes se sucedieron una serie de desmanes, crímenes y malos manejos que hasta hoy afectan nuestro país.
Con la invasión terminó la dictadura y la democracia proclamaba su regreso a grandes voces. La situación del país comenzaba a mejorar, pero las promesas siguieron siendo las excluyentes protagonistas.
El presidente electo, Guillermo Endara Galimany, tomó posesión de su cargo, ganado a fuerza de la inconformidad de la población, protestas callejeras, promesas de libertad, sudor y sangre. Le llegó entonces el turno de cumplir sus compromisos con la ciudadanía.
En su balance personal, realizado al dejar el gobierno, Endara se refirió a lo que consideraba su mayor triunfo en sus cuatro años de mandato: un crecimiento económico del 3.4 al 5.9 por ciento y la disminución de la tasa de desempleo de 20 al 12.5%.
Claro que no todos compartieron su opinión. La legisladora Teresita de Arias afirma hoy que el gobierno post invasión dejó sin cumplir muchísimas promesas en el ámbito social.
No atendió la deuda social que se acumuló en los últimos años de la dictadura, que empobreció a muchos sectores de la población. Se concentró únicamente en los grupos que más tenían, de allí la cantidad de manifestaciones e inconformidades que se dieron durante el último período de su mandato.
Arias agregó que Endara benefició a sus parientes y allegados con puestos en el gobierno, hizo mal uso de los fondos para los damnificados de Bocas del Toro y nunca aclaró la venta de terrenos en Colón.
Asimismo, la legisladora perredista Balbina Herrera manifestó que 1989 era un momento muy crítico y de transición a la democracia.
Con los fondos liberados por los Estados Unidos y la coyuntura especial que se dio, el gobernante pudo hacer mucho, pero no lo hizo.
Señaló que si Guillermo Endara hubiera cumplido con lo que prometió, hoy no estaríamos hablando de constituyente o de la administración de justicia. Agregó que si hubiera hecho lo que debía, hoy habría una apreciación más transparente y con proyecciones a futuro.
El descontento que generó en una gran parte de la población el gobierno anterior le dio el paso expedito a la silla presidencial a Ernesto Pérez Balladares.
"Invoco la protección de Dios para que guíe mi gestión presidencial, para que me ayude a compenetrarme con los problemas nacionales, para que todos los días arraigue mi identificación con las aspiraciones y necesidades de los más humildes, para que no me deje desviar del propósito de gobernar para todos los panameños", fueron las palabras de su discurso de toma de posesión.
Su consigna durante la campaña fue "El pueblo al poder" y entre sus principales promesas figuraba la administración de las áreas revertidas de manera colectiva, incluso dijo que construiría viviendas populares en la zona.
Para Eduardo Peñalosa, de la asesoría legal de Martinelli, más que cumplir su slogan electoral lo que hizo Ernesto Pérez Balladares fue poner "el pueblo a correr". Quien declaró la "guerra al desempleo" fue el mismo que despidió a miles de empleados con bajos ingresos nombrados por el gobierno anterior, señaló.
Los diez postulados, el mismo número que mandamientos de la ley divina, promulgaban el "adecentamiento inmediato" de la administración pública, la erradicación del peculado y el nepotismo y el castigo para los corruptos, independientemente de su clase social.
Los recursos estatales serían usados con eficiencia y honestidad para el "beneficio de los más y no para el provecho exclusivo de los menos".
La Guardia Nacional sería la garante del orden y equilibrio en las elecciones y los eleccionarios.
A un año del golpe de Estado, el editorial del diario Crítica, controlado por los militares, señaló que "la Guardia Nacional no debe seguir cargando sola con el peso de las responsabilidades cimeras. Ya hizo parte importantísima y es menester que tenga un vigoroso brazo cívico de apoyo".
Hablaba también de "la igualdad de oportunidades para quienes quieren acoplarse, sin recelos ni hesitaciones, a la gran empresa de unificar a los panameños".
Las palabras eran loables, pero en la realidad durante los años siguientes se sucedieron una serie de desmanes, crímenes y malos manejos que hasta hoy afectan nuestro país.
Con la invasión terminó la dictadura y la democracia proclamaba su regreso a grandes voces. La situación del país comenzaba a mejorar, pero las promesas siguieron siendo las excluyentes protagonistas.
El presidente electo, Guillermo Endara Galimany, tomó posesión de su cargo, ganado a fuerza de la inconformidad de la población, protestas callejeras, promesas de libertad, sudor y sangre. Le llegó entonces el turno de cumplir sus compromisos con la ciudadanía.
En su balance personal, realizado al dejar el gobierno, Endara se refirió a lo que consideraba su mayor triunfo en sus cuatro años de mandato: un crecimiento económico del 3.4 al 5.9 por ciento y la disminución de la tasa de desempleo de 20 al 12.5%.
Claro que no todos compartieron su opinión. La legisladora Teresita de Arias afirma hoy que el gobierno post invasión dejó sin cumplir muchísimas promesas en el ámbito social.
No atendió la deuda social que se acumuló en los últimos años de la dictadura, que empobreció a muchos sectores de la población. Se concentró únicamente en los grupos que más tenían, de allí la cantidad de manifestaciones e inconformidades que se dieron durante el último período de su mandato.
Arias agregó que Endara benefició a sus parientes y allegados con puestos en el gobierno, hizo mal uso de los fondos para los damnificados de Bocas del Toro y nunca aclaró la venta de terrenos en Colón.
Asimismo, la legisladora perredista Balbina Herrera manifestó que 1989 era un momento muy crítico y de transición a la democracia.
Con los fondos liberados por los Estados Unidos y la coyuntura especial que se dio, el gobernante pudo hacer mucho, pero no lo hizo.
Señaló que si Guillermo Endara hubiera cumplido con lo que prometió, hoy no estaríamos hablando de constituyente o de la administración de justicia. Agregó que si hubiera hecho lo que debía, hoy habría una apreciación más transparente y con proyecciones a futuro.
El descontento que generó en una gran parte de la población el gobierno anterior le dio el paso expedito a la silla presidencial a Ernesto Pérez Balladares.
"Invoco la protección de Dios para que guíe mi gestión presidencial, para que me ayude a compenetrarme con los problemas nacionales, para que todos los días arraigue mi identificación con las aspiraciones y necesidades de los más humildes, para que no me deje desviar del propósito de gobernar para todos los panameños", fueron las palabras de su discurso de toma de posesión.
Su consigna durante la campaña fue "El pueblo al poder" y entre sus principales promesas figuraba la administración de las áreas revertidas de manera colectiva, incluso dijo que construiría viviendas populares en la zona.
Para Eduardo Peñalosa, de la asesoría legal de Martinelli, más que cumplir su slogan electoral lo que hizo Ernesto Pérez Balladares fue poner "el pueblo a correr". Quien declaró la "guerra al desempleo" fue el mismo que despidió a miles de empleados con bajos ingresos nombrados por el gobierno anterior, señaló.