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¡Yo soy más que eso... ! (II)


El poner orden me hace dueño de mi ser. Debo ser un buen “observador” y analizarlos y eliminar los que no me ayudan en nada. Debo tener mucho cuidado con los que generan miedo, baja autoestima y odios. Esos debo pulverizarlos nada más aparecen en mi mente. “Lo que pienso constantemente lo atraigo”. Es más, podría decir que: “soy lo que constantemente pienso”.

2. Por otro lado debo analizar el origen de mis pensamientos repetitivos y descubrir quien ha sido “su vientre o gestor”. Un papá racista o una madre rencorosa, un hermano mayor miedoso o un maestro supersticioso, cualquiera pudo inocular el veneno de enfoques negativos que me han estado angustiando o paralizando. Cuando niños somos como “esponjitas” que todo lo absorbemos. Una regla para saber si son o no pensamientos dañinos es la capacidad que tienen para destruir mi paz, mis relaciones humanas, mis ansías de superación, mi contacto con Dios. La carga de esos pensamientos obstruye el canal de energía positiva que quiere desarrollarse en todo mi ser. El poder de un pensamiento dañino está en que me haga creer que él es cierto, importante, necesario y que debo por lo tanto obedecerlo. No debo caer en la “telaraña” maligna de ellos. Todos mis pensamientos compulsivos tienen un origen de enfoque distorsionado, donde el miedo, el odio, el deseo o la superstición manejaron el poder de sugestión interno que tengo y me hicieron crear “monstruos” mentales que han condicionado mi existencia.

3. Así como yo me defino así actúo. Así como me veo funciono en la vida. Debo ser consciente de que estoy hecho a imagen y semejanza de Dios, único, irrepetible, con una misión sagrada en la vida, dotado de dones, cualidades, iluminado por el Espíritu y con la capacidad de asumir responsabilidades que influyan positivamente en el curso de la historia. Soy un ser creado de manera singular por Él, que debe buscar siempre la verdad sobre sí mismo, para poder seguir caminando en la vida, cumpliendo la voluntad del Padre construyendo un mundo mejor, sabiendo que con Dios puedo vencer cualquier obstáculo para realizarme como persona y servir mejor, ya que con Él soy invencible.

101 años de Panamá América

 
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