Zapatería Jissy: una herencia Italiana de 65 años
En una esquina del vetusto inmueble conocido como la casa 8-36 de la Calle E del barrio de Santa Ana se encuentra la zapatería Jissy, la cual funciona en ese lugar desde 1936, cuando bajo el nombre de Zapatería Nápoles, fue fundada por Don Giusseppe Murno, un napolitano que en 1918 atraído por el olor del trópico y enamorado de esta tierra, decidió asentarse en nuestro Istmo.
Nora Muñoz, nuera de Giusseppe Murno, es hoy la administradora y cabeza principal de la zapatería.
Señaló que "el abuelo", como cariñosamente recuerda a Don Guisseppe, vino a Panamá huyendo de la guerra en Europa, pues era enemigo de la violencia y sobre todo muy amante del trabajo honesto y esforzado, como típico italiano.
"Yo conocí a su hijo, José Luis Giusseppe Luiggi, con el cual forme una familia de cuatro hijas", manifestó Doña Muñoz.
Recuerda que en 1936, Don Giusseppe padre, alquiló otros cuartos del local a un señor de nombre Mariano Ortega por una suma que no pasaba de los diez balboas, la que con el paso del tiempo fue aumentando hasta llegar a pagar más de 150 balboas por los dos cuartos aún alquilado hoy en día en el inmueble.
El abuelo Giusseppe murió a una muy avanzada edad y mi esposo tuvo que viajar a Italia a efectuar diligencias propias de la familia, por lo que tuve que hacerme cargo de la dirección de la zapatería, explicó la señora.
Doña Muñoz confiesa que no le ha sido tan fácil estar al frente de la administración de la zapatería pues aparte de no ser una labor tradicional femenina ha tenido que imponerse un reto "como mujer y como persona" para salir adelante en el negocio.
Aseguró que en sus momentos más difíciles al frente del negocio siempre recuerda los consejos especiales que le daba el abuelo referentes al pequeño, pero exigente mundo de la zapatería, como lo son escoger materiales, el trato afable con la clientela y sobre todo, la obligación de que todo el que ocupara nuestros servicios ya fuera para reparar o confeccionar un calzado saliera bien satisfecho del mismo.
La señora Muñoz expresó que gracias a la paciencia que aprendió del abuelo y a su curiosidad como mujer ha logrado muchas cosas que le han servido y que pone en práctica cada día.
Los consejos del abuelo han sido de mucho valor para mí, dijo la señora Muñoz.
"Nunca olvido cuando una tarde, ya a su avanzada edad me dijo, Nora, no vendas el negocio hasta que la más pequeña de mis nietas, termine sus estudios...fue una promesa que le hice, y hasta hoy la he cumplido al pie de la letra en conmemoración a un ser humano que fue querido por mucha gente y que supo dar parte de si en todo momento", dijo la entrevistada.
Hoy, todavía en la vieja esquina de la calle E del barrio de Santa Ana, en lo que queda de la casa 8-36, Doña Nora Muñoz, es asistida en su negocio por Roger Rueda y Eugenio Caballero, maestros de la zapatería.
Muda ante el paso del tiempo, pero con una sabiduría que atraviesa el tiempo y espacio, la zapatería Jissy continúa con la labor iniciada por Don Giusseppe, el hijo de la localidad de Moliterno, Nápoles, quien dejó en nuestro arrabal santanero una estela de herencia de honestidad, trabajo y amor familiar.
Nora Muñoz, nuera de Giusseppe Murno, es hoy la administradora y cabeza principal de la zapatería.
Señaló que "el abuelo", como cariñosamente recuerda a Don Guisseppe, vino a Panamá huyendo de la guerra en Europa, pues era enemigo de la violencia y sobre todo muy amante del trabajo honesto y esforzado, como típico italiano.
"Yo conocí a su hijo, José Luis Giusseppe Luiggi, con el cual forme una familia de cuatro hijas", manifestó Doña Muñoz.
Recuerda que en 1936, Don Giusseppe padre, alquiló otros cuartos del local a un señor de nombre Mariano Ortega por una suma que no pasaba de los diez balboas, la que con el paso del tiempo fue aumentando hasta llegar a pagar más de 150 balboas por los dos cuartos aún alquilado hoy en día en el inmueble.
El abuelo Giusseppe murió a una muy avanzada edad y mi esposo tuvo que viajar a Italia a efectuar diligencias propias de la familia, por lo que tuve que hacerme cargo de la dirección de la zapatería, explicó la señora.
Doña Muñoz confiesa que no le ha sido tan fácil estar al frente de la administración de la zapatería pues aparte de no ser una labor tradicional femenina ha tenido que imponerse un reto "como mujer y como persona" para salir adelante en el negocio.
Aseguró que en sus momentos más difíciles al frente del negocio siempre recuerda los consejos especiales que le daba el abuelo referentes al pequeño, pero exigente mundo de la zapatería, como lo son escoger materiales, el trato afable con la clientela y sobre todo, la obligación de que todo el que ocupara nuestros servicios ya fuera para reparar o confeccionar un calzado saliera bien satisfecho del mismo.
La señora Muñoz expresó que gracias a la paciencia que aprendió del abuelo y a su curiosidad como mujer ha logrado muchas cosas que le han servido y que pone en práctica cada día.
Los consejos del abuelo han sido de mucho valor para mí, dijo la señora Muñoz.
"Nunca olvido cuando una tarde, ya a su avanzada edad me dijo, Nora, no vendas el negocio hasta que la más pequeña de mis nietas, termine sus estudios...fue una promesa que le hice, y hasta hoy la he cumplido al pie de la letra en conmemoración a un ser humano que fue querido por mucha gente y que supo dar parte de si en todo momento", dijo la entrevistada.
Hoy, todavía en la vieja esquina de la calle E del barrio de Santa Ana, en lo que queda de la casa 8-36, Doña Nora Muñoz, es asistida en su negocio por Roger Rueda y Eugenio Caballero, maestros de la zapatería.
Muda ante el paso del tiempo, pero con una sabiduría que atraviesa el tiempo y espacio, la zapatería Jissy continúa con la labor iniciada por Don Giusseppe, el hijo de la localidad de Moliterno, Nápoles, quien dejó en nuestro arrabal santanero una estela de herencia de honestidad, trabajo y amor familiar.