El venezolano César Vanegas corto una oreja al sobrero en la corrida de la Consolación celebrada hoy en esta población andina, en la que fue más la bulla que la cabulla (el ruido que las nueces).
El peruano Fernando Roca Rey dio una vuelta al ruedo por su cuenta y el venezolano Alexander Guillén se fue de vacío.
Se jugaron siete toros nacionales, primero, quinto y sexto de "Los Ramírez", segundo y tercero de "El Prado", el cuarto de "Rancho Grande" y el séptimo de "Jerónimo Pimentel".
Estuvieron bien presentados y fueron bravos en general, quedándoles grandes a la terna; destacaron tercero, cuarto, quinto y séptimo.
La plaza registró un tercio de entrada y los tres últimos toros se lidiaron con luz artificial.
Vanegas, silencio, pitos y oreja en el de regalo.
Roca, palmitas y vuelta al ruedo por su cuenta.
Guillén, palmas y silencio.
Al toro que abrió plaza lo estrellaron contra un burladero y le mermaron poder; Vanegas lo cambió con un par de banderillas y lo mató de pinchazo y descabello.
A su segundo, un toro con trapío, lo saludó con faroles de rodillas; invitó al peruano a clavar banderillas y cumplieron; no pudo con el toro en el ultimo tercio.
Pidió el sobrero, bravo, noble y de embestida fija, y le cortó la única oreja de la corrida.
Roca lidió de forma desordenda a su primero que terminó "calamocheando"; lo liquidó de "espadazo" contrario y trasero.
Al quinto lo lanceó movidillo; clavó par y medio de las largas y un par de las cortas comprometido; se lo brindó a la alcaldesa y comenzó de rodillas un trasteo valiente y encimita; mató con pinchazo y estocada.
Guillén saludó con desordenados lances a su primero y lució en "chicuelinas" al sacarlo del caballo; fue a la muleta con nobleza por ambos pitones que aprovecho el merideño para gustarse con tanda de naturales y derechazos; mató de pinchazo y tres golpes de descabello.
Al sexto, un jabonero de buena lámina, lo trasteó sin sabor y lo despachó con apuros.