La estupidez humana puede llegar a niveles estratosféricos. Y pongo un ejemplo: las guerras. El costo humano y material de estas es impresionante. Mire usted que en el siglo XX murieron por las guerras en el mundo entre 160 a 190 millones de personas. En la primera guerra mundial unos 20 millones de personas. La mitad de ellos civiles. En la segunda guerra entre 70 a 85 millones de personas. En las guerras civiles unos 30 millones. En otro tipo de matanzas como genocidios, holocaustos, otros 20 millones. Se imagina la cantidad real y potencial de científicos, artistas, ingenieros, médicos, maestros, religiosos y gente buena de todas las razas y naciones que murieron en esas guerras. La cantidad de niños, jóvenes, ancianos, hombres y mujeres que perdió la vida violentamente. Luego las hambrunas y pestes de las post guerras. Todo porque a unos cuantos por intereses políticos, económicos, racistas, elitistas y de cualquier otra índole movieron grandes ejércitos e invirtieron grandes cantidades de dinero, para atacar y destruir al contrario. A nivel económico se hace un cálculo aproximado en gastos de 70 a 100 billones de dólares en todas las guerras del siglo XX. En la primera guerra mundial unos 5 a 6 billones de dólares. En la segunda guerra mundial unos 30 billones de dólares. En el resto de las guerras del siglo XX, unos 15 billones de dólares de hoy. En la guerra fría unos 30 billones de dólares en producir armas nucleares, submarinos, aviones, misiles. Se fabricaron mas de 70 mil cabezas nucleares. Se imagina todo ese dinero invertido en producción de alimentos, investigación, educación, viviendas, carreteras, salud, bienestar de la humanidad. No habría pobreza ni hambre en el mundo.
La estupidez humana no tiene límites. Es tan irracional y nefasta, tan absurda y falta de lógica, tan carente de principios y valores, pero es tan extensa y amplia como la humanidad. La encuentras en todas partes: en gente preparada e ignorante: en inteligentes como en escasos de mente; en creyentes y ateos; en todas las razas y naciones. ¿Pero qué nos ha pasado? ¿Por qué hemos llevado a la humanidad a esos límites de lo absurdo y de lo infernal? Con una creación tan bonita y perfecta, donde hay de todo para todos, la hemos transformado en una tierra desolada y terrible, inhóspita y salvaje.
Pero no todo está perdido. Hay mucha gente buena y pensante, serena y lúcida, capaz de emprender tareas de renovación en todas las áreas de la vida, que aprendiendo lecciones del pasado, están reconstruyendo un mundo destruido. Gente con fe en Dios y llenos de esperanza que creen que con el Señor podemos hacer de este mundo un lugar mejor para todos.