Las costuras de Vamos: ¿Coherencia independiente o pragmatismo político?
A dos años de su histórico triunfo, la Coalición Vamos enfrenta fisuras internas y el desgaste ético de negociar en el fango de la Asamblea panameña.
Las costuras de Vamos: ¿Coherencia independiente o pragmatismo político?
La mujer del César no solo tiene que serlo, sino también parecerlo. Esta es una máxima que la Coalición Vamos debe entender con urgencia. El movimiento que se presentó a las elecciones de 2024 como la alternativa a la partidocracia enquistada en Panamá empieza a mostrar sus primeras fisuras, y el idilio con su electorado da señales de desgaste.
Tras su llegada en masa a la Asamblea Nacional, a Vamos y a sus líderes se les han empezado a ver las costuras.
El primer gran error de cálculo es creer que se puede dirigir una bancada a control remoto desde la distancia y esperar que no haya divisiones. Tampoco se puede pretender gozar de los beneficios de los partidos políticos y, al mismo tiempo, negarse a ser uno.
Pensar que estando lejos se puede evitar que los tuyos caigan en la tentación del clientelismo es de una ingenuidad pasmosa.
En un país que adolece de liderazgo, Juan Diego Vásquez no cumple con varias de las casillas que, a priori, se asumen que debe tener un líder; sin embargo, el peso específico de una planilla discrecional de 20 mil dólares al mes y el manejo de hilos dentro de la Asamblea se están convirtiendo en un obstáculo difícil de sortear.
El derecho al disenso en una coalición conformada por personas independientes no es un capricho: es un deber para enriquecer las ideas. Pero en Vamos, cuando la cúpula traza la línea, la independencia y el derecho a opinar diferente se evaporan. Los diputados expulsados o marginados pueden dar fe de ello.
Las costuras del movimiento se hicieron flagrantes cuando decidieron apoyar a Jorge Herrera para la presidencia de la Asamblea Nacional, una bofetada no solo para sus electores, sino para su propia esencia.
Votar por una figura del Partido Panameñista, tras la administración de Juan Carlos Varela y los escándalos de corrupción que la acompañaron, contradice directamente todo lo que prometieron combatir.
Alcanza con recordar el periodo pasado. Juan Diego Vásquez, Gabriel Silva y Edison Broce, entre otros independientes, cuando eran minoría frente a la gestión del PRD de Laurentino Cortizo y Gaby Carrizo, se postulaban entre ellos para la junta directiva dentro del Palacio Justo Arosemena.
Sabían perfectamente que iban a perder, pero era un llamado a la conciencia nacional y a la dignidad del cargo. El electorado premió esa coherencia en las urnas.
Sin embargo, tras conseguir una histórica bancada de 20 diputados, prefirieron dejar a un lado los principios para jugar al pragmatismo político, votando por un Herrera que, según se denuncia en diversos espacios de opinión, se dedicó a llenar la Asamblea de botellas sin control con el silencio cómplice de los diputados de Vamos.
Esta elección, sumada a las posteriores pugnas internas, ha terminado por dejar en evidencia que hay grietas profundas en el paraíso independiente. Los nombramientos a discreción y los privilegios económicos siguen formando parte del cóctel político panameño, sin importar la bandera.