Han pasado nueve meses, desde que la tierra tembló con tanta fuerza en el distrito de Barú, en el occidente de la provincia de Chiriquí.
Fue una madrugada de Navidad que para muchos se transformó en amarga, cuando observaban el estado en que quedaron sus casas.
El temor de 6.5 en la escala de Richter, que se sintió inicialmente a las 1:15 a.m., con epicentro a unos 45 kilómetros al oeste de la ciudad de David y a unos 5 kilómetros al norte de la ciudad de Puerto Armuelles y a una profundidad de 33 kilómetros, ya pasó, pero las secuelas, aún están presentes.
Fueron más de mil familias que se vieron obligadas a abandonar sus hogares, tras una evaluación técnica que realizaron técnicos y especialistas del gobierno de la entonces presidenta Mireya Moscoso, debido al riesgo que representaban estas estructuras.
Fue así como desde aquel día muchos edificaron a un costado de sus casas unos ranchos improvisado con zinc, madera, cartones, pencas y otros materiales rudimentarios que les permitiieran permanecer por algunos días.
Sin embargo, los días y semanas se han transformado en meses, hasta lograr la reparación o en mejor de los casos, la construcción de la vivienda completa.
Para algunos esta espera ha sido infinita, y aún permanecen enfrentando el frío, calor, sobre la tierra y con muchas incomodidades, aguardando que finalmente se entreguen los materiales para edificar sus casas.
Esta es la caótica situación que enfrentan más de un centenar de personas que residen en los sectores de Agua Buena, El Palmar, San Bartolo, Manaca Norte, entre otros lugares en donde el sismo sacudió los cimientos más profundos de la tierra chiricana.
Hermenegildo Camarena Gutiérrez, un anciano de 86 que vive solo y aún enfrenta estas penurias, recuerda que contento con la ayuda de dos hijos, derribaron lo que quedó de la casa, porque les habían pedido que lo hicieran, pues al día siguiente iban a empezar a construir. Pero eso fue hace más de cinco meses y desde entonces nadie los ha visitado.
"Han venido varias veces a evaluar y a ver mi terreno, pero todavía no me han hecho nada, parece que todo eso se ha quedado quieto, porque mire que solo está el hueco todavía sin rellenar", comentó.
La respuesta a sus reclamos es que el mal tiempo y la falta de material no han permitido que se inicie la construcción. "Estoy viviendo en un cuartito que me dio por el momento una nieta", afirma.
Igual situación también la vive la familia Chavarría. Zenaida comenta que con sus seis hijos y esposo, tienen que pasar penurias. "Ya estamos cansados que vengan a medir todas las semanas y nos digan pronto, pronto, va a iniciar la construcción".
Para colmo, asegura que hasta les han robado unos animales al no tener nada protegido.
"Esto no es vida, mire todo se moja cuando llueve, hemos tenido que emparapetar muchas veces la casita, porque se nos ha querido caer, esto esta muy feo", expresa.
Es la historia común de más de 100 familias.
Abandono en áreas del fuerte sismo
Los días de espera se han transformado en meses.