La realidad de los ancianos en la provincia de Chiriquí cada día es más conmovedora. Después de tener el privilegio de vivir una larga trayectoria por el terruño de la vida, quedan amedrentados en el sufrimiento del abandono.
Son muchos los casos donde las familias les dan la espalda por su edad, mientras que otros se abaten en las calles buscando un refugio en el abandono de la miseria o yacen en el olvido de los asilos.
Tal vez la particularidad de cada hogar de ancianos cambia de lugar, pero no de realidad. Las caras de tristeza y soledad reflejan ese olvido que muchos familiares han cultivado para sus seres queridos.
Paulina Martínez, una anciana de 96 años, dijo sentirse muy agradecida de vivir los últimos nueve años en el Hogar Santa Catalina en la ciudad de David, a pesar de su ceguera. "No conozco familia alguna, mis familiares son las personas que en algún momento se disponen a visitarme en este lugar y las que me atienden", expresó.
Recordó que tiene tres hermanas que son médicos especialistas en la ciudad capital, en el Hospital Gorgas, pero nunca se frecuentaron, y otra vive en las tierras altas de Chiriquí.
Paulina es una mujer estéril, nunca pudo tener hijos con su esposo que murió hace 30 años. Narró que una vez muerto comenzó a vivir en casa de un tío, pero poco a poco la ceguera fue obstruyéndole su visión hasta que se vio impedida.
Comentó que a través de un sacerdote de Boquete logró ingresar en el Hogar Santa Catalina y hasta la fecha le han dado una excelente atención, como el resto de los 77 ancianos que acoge el lugar.
El hogar es administrados por la congregación de las Hermanas Franciscanas Elisabetinas de la Iglesia Católica y reciben una ayuda gubernamental; además, de las donaciones de personas caritativas de la comunidad.
La historia de cada anciano es diferente, comentó Paulina, cada uno refleja en el carácter lo que ha representado su vida. Para estos ancianos, la comida, el vestido y la atención, no les falta, a pesar de las limitaciones económicas y las demandas que traen sostener y atender a estas personas, sostuvo una de las encargadas.
Cabe señalar que Chiriquí cuenta con otro asilo de ancianos ubicado en Puerto Armuelles, sector golpeado por la crisis bananera, que congrega a unos 18 ancianos, así lo dio a conocer la encargada del hogar "La Amistad", Josefina Rodríguez .
Indicó que desde 1985 cuando se fundó en esta región el asilo, sólo ha podido mantener a 19 ancianos, de los cuales 14 son varones y cinco mujeres, pese a que su capacidad es de 40. Desde su fundación se decidió albergar a personas indigentes, como efectivamente se ha hecho, sostuvo Rodríguez.
Enfatizó que la razón por la cual los ancianos llegan a "La Amistad", es por la falta de hogar. Estos "se encontraban desamparados en las calles y no se les conoce ningún tipo de familiar, ni recursos económicos con los cuales puedan sobrevivir".
Afirmó que este albergue se inició en 1985, como una inquietud de las damas de la comunidad de Puerto Armuelles, quienes estaban preocupadas porque muchos ancianos dormían en las calles. En esa época estaba la Chiriquí Land Company en todo su apogeo y la comunidad con el apoyo de la empresa llevaron adelante el proyecto para la creación de este asilo.
Agregó que reciben un subsidio por parte del Ministerio de la Juventud, la Mujer y la Familia por un monto de B/.800 mensuales; además, de la ayuda de la cooperativa CACSA de B/.50, y los aportes de la comunidad, no obstante, ahora con la situación actual de la empresa frutera han dejado de percibir una gran cantidad de ingresos que hasta el momento sólo representa B/.600.
Pero la dificultad se podría acrecentar en este mes con la salida de la compañía del distrito de Barú. El recurso con que se cuenta en la actualidad no permite darle un mayor incentivo a las personas. Sostuvo que el subsidio del ministerio es estrictamente para alimentación, medicamentos y vestidos de los ancianos.
La preocupación es eminente, toda vez que a la fecha han preferido quedarse sólo con los ancianos actuales, porque desconocen el futuro del asilo localizado en Puerto Armuelles, por lo tanto no pueden hacerse responsables de una mayor cantidad de personas.
Herminio Cubilla, un anciano de 96 años, es uno de los fundadores de este asilo, recordó que llegó enfermo al hospital Dionisio Arrocha y posteriormente lo enviaron al asilo, porque no tenía quién se hiciera cargo de él.
Sostuvo que hace más de 40 años que no ve a su hermano, ya que en los 25 años que tiene de vivir en el asilo nunca lo visitó y los otros que tiene vivían en Divalá. "Aquí no me hace falta nada, ya que tengo comida a tiempo y la atención es muy buena. Cuando era joven, trabajaba como guía de turistas porque domino muy bien el inglés y en ese tiempo la empresa estaba iniciando labores, casi nadie entendía a los empresarios y turistas", relató.
Contó que visitó con mucha frecuencia Costa Rica, ya que en ese tiempo Chiriquí estaba iniciando el turismo y los gringos habitaban en nuestro país-"aprendí inglés con ellos, pero nunca tuve una esposa", expresó.
El problema radicó en que en ese periodo no se pagaba cuotas de seguro social, ya que comenzó a trabajar en la compañía desde 1934 hasta 1962, debido a eso no tuve jubilación porque el Seguro inició meses después de su renuncia. Los relatos de estos ancianos son pequeñas muestras de la realidad que viven estas personas en los asilos.
Ancianos buscan un refugio
El hogar "La Amistad" en Puerto Armuelles, distrito de Barú, creado en 1985, se maneja mediante un patronato que le paga a las personas que atienden a los de la tercera edad la suma de B/.125 mensualmente.