LOS programas educativos dentro de las fincas cafetaleras y demás áreas agrícolas del país han logrado alcanzar más de mil niños sobretodo en la provincia de Chiriquí, esto a pesar de los muchos inconvenientes que surgieron al inicio, por la oposición de los propios padres de familia y algunas otras personas de que se ejecutara.
Belinda de Anguizola, presidenta del programa Destino, apuntó que la situación del trabajo infantil en Panamá es de considerar más cuando se habla de gran cantidad de niños que cada año abandonan sus escuelas para ir a los campos en compañía de sus padres; ya sea para ir a trabajar o para cuidar a los más pequeños.
Tomando en cuenta esta realidad el departamento de Trabajo de los Estados Unidos consideró ofrecer ayuda económica para hacerle frente a este flagelo social, con una donación de 3 millones de balboas que de acuerdo Anguizola, han servido para ampliar más estos proyectos.
En Panamá entidades como Casa Esperanza desarrollan desde hace 10 años programas educativos dentro de las áreas laborales agrícolas, inicialmente en la provincia de Chiriquí, en las zonas cafetaleras de Boquete, Cerro Punta y Renacimiento.
Allí se ubican dentro de albergues temporales instalaciones rudimentarias, con los elementos básicos de una maestra y los útiles escolares que son proporcionados por los dueños de las fincas, para rescatar a esos niños que han abandonado los estudios.
Anguizola dijo que el programa Destino llegó a Panamá para apoyar estas iniciativas que están logrando poco a poco a erradicar el trabajo infantil.
Dijo que son cuatro años de implementación y durante el primer año de gestión se han puesto en marcha 20 centros de atención comunitaria, que funcionan como un centro de tutorías para que los niños no fracasen en la escuela y pueden hacer las tareas bajo la dirección de una docente. Se han instalado también unas siete escuelas aceleradas, además de los programas en las fincas.
Señaló que al principio fue un poco difícil pero hoy los niños y las niñas han escogido participar de los programas antes de ir a trabajar y perder parte de su tiempo de estudios.
Dijo que han sido muchas dificultades pero hoy se puede decir que se ha avanzado mucho, pues sólo Casa Esperanza ha logrado integrar más de mil niños al sistema educativo nacional.
Este año participan en la provincia de Chiriquí unas 20 fincas dentro de los sectores en donde se desarrollan actividades agrícolas.
La directiva señaló que el apoyo, sobretodo económico internacional que se recibe, no sólo contribuye con la labor que realiza Casa Esperanza, sino también con otros programas que buscan beneficiar al niño.