La sonrisa sincera de Enoc, un niño de la comarca Ngöbe Buglé, nos obligó a detenernos en el camino pedregoso de este apartado lugar, en donde el lodo y el agua se conjugan para impedir que los carros comunes entren.
Pese esta situación, un hecho singular llamaba la atención: Como si fuera perro, un gato amarrado por un hilo simple, se aferraba al pantalón deslustrado del pequeño Enoc.
"Voy para Sardina", respondió el niño antes de preguntársele si deseaba un "aventón". Se pensó que el lugar estaba cerca. No fue así, la admiración por este menor indígena creció, cuando pasaron dos horas en un tortuoso camino para llegar al destino. El lo recorre a pie varias veces a la semana.
Enoc dice tener 12 años, aunque no lo aparenta, porque como es común en estos lugares, la mala alimentación o la desnutrición hacen que cualquier persona parezca de menos edad.
Sin borrar nunca su sonrisa del rostro, comentaba que iba hacia donde una tía, porque no tenía nada que hacer en su casa, ubicada en Cerro Dios, a varios kilómetros de donde fue encontrado.
Mientras, el gato mostraba temor por hallarse en un carro en movimiento, cosa que quizás su dueño tampoco había hecho, el pequeño enseñaba a través de la ventana los lugares por donde él trabajaba "chapeando" de vez en cuando.
Contó que sus padres lo abandonaron desde muy niño y entonces tuvo que vivir con sus abuelos, pero éstos hace poco se fueron para la ciudad capital a buscar trabajo, y no sabe más de ellos.
Vive en compañía de tres familiares, pero, al parecer, es uno más de los que viven en el pequeño rancho.
Para este niño la escuela es un sueño inalcanzable donde sólo pudo llegar hasta segundo grado, pero después no ha podido ir más, porque le dicen que "no hay plata" para pagar la matrícula, que cuesta un dólar en la escuela más cercana.
"Yo sé leer un poco y escribir algunas cosas y quiero ir a la escuela, pero allá en la casa dicen que no hay plata y que si quiero ir a la escuela que me vaya de allí. Pero también yo no tengo ni cuadernos ni nada", dice el pequeño sin borrar nunca su sonrisa.
Enoc encontró a "Minchi" un día en el monte y lo amarró con el hilo para que lo acompañara. "Minchi" significa "gato" en la lengua Ngöbe, la que Enoc habla muy bien, a diferencia del Español que, como sus coterráneos, no utiliza con facilidad.
Con su suéter rojo puro y su pantalón verde, que mantiene siempre sucio por el lodo del camino, dejamos a Enoc en Sardina, donde una joven indígena que no parece ser mayor de edad, con gran cantidad de niños y otros señores lo recibieron.
Uno de los señores, pidiendo que no le sacara fotos, confirmó lo que Enoc había dicho sobre sus padres y las ganas de asistir a una escuela, pero comentó que piensa que este niño tiene 15 en vez de 12 años como dice.
"Yo sé que sus papás lo abandonaron y él estaba con su abuela, pero ya se fue para Panamá y él viene por ahí de vez en cuando; se queda por ahí y después se va solito, porque él conoce todo esto por aquí", dijo el señor desde una lomita de tierra, junto a la casa de madera y zinc.
Con la misma sonrisa que encontramos a Enoc Santos, lo despedimos; pero con una gran incertidumbre por la manera en la que este niño está viviendo, prácticamente solo ante las injusticias de la vida que para él no significan nada.
Su mochila vieja y "Minchi" viajan con él todos los días, atravesando los caminos, llenos de peligros por donde tiene que pasar o cuando va a "chapear" en la montaña para tener un puesto en la mesa donde comen dos veces al día.
Paradójicamente cuando nos encontramos a Enoc en el camino, veníamos de cubrir una gira del Presidente de la República en Hato Chamí, donde entregaba bonos de comida.
No obstante, el niño no sabe de esas oportunidades, él solo observó muchas camionetas y carros de doble tracción que pasaban rápidamente y escuchó el helicóptero donde viajaba el mandatario.
Cuando pensamos en los 10 mil dólares mensuales y otros privilegios que devengan las altas autoridades, nos preguntamos si se piensa en gente como Enoc.
Quizás en el 2009, cuando Enoc tenga edad para votar, se le brinde la ayuda que tanto necesita. Mientras, tendrá que seguir vagando entre los caminos y creciendo con la soledad que lo hace cada vez más fuerte, sin borrar su ingenua sonrisa.
Enoc y "Minchi" luchan en un mundo de injusticias
Para el niño Santos la vida transcurre en su ir y venir de largas caminatas por los senderos de la comarca, tal vez en busca del cariño que tanto le hace falta, acompañado de su pequeña mascota.