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Fiebre alta causa secuelas irreparables


Chiriquí. A Erick Gallardo Montezuma, de 14 años, sólo le queda el recuerdo de los momentos que junto a sus amiguitos solía correr, saltar y jugar al aire libre, en la comunidad de Cerro Tula, en el distrito de Mironó, Comarca Ngöbe Buglé, ya que una alta fiebre lo atacó, provocándole una parálisis cerebral infantil que lo dejó dejándolo inválido, y sin habla.
Cuando por primera vez Erick fue recluido en el Hospital José Domingo de Obaldía, fue por tuberculosis crónica cuando cursaba el segundo grado de escuela primaria.
Sin embargo, el niño presentaba síntomas de fiebre alta y los padres no pudieron llegar a tiempo por la distancia en que viven y la falta de transporte que existe en la región comarcal.
El menor junto a su madre, Ofelia Montezuma, estuvo hospitalizado por más de un año en la ciudad de David y luego fue trasladado al Hospital del Niño, en la ciudad capital, debido a la gravedad del caso, aunque las esperanzas de vida eran muy remotas para Erick.
El menor quedó totalmente inválido, no habla, no ríe, no puede hacer sus necesidades; quedó postrado en una cama sin poder valerse por sus propios medios.
Las secuelas que dejó en la vida de Erick la parálisis cerebral son catastróficas, quien volvió a la comarca, pero no como un niño normal. Sin embargo, a pesar de sus padecimientos, guarda la esperanza de vida.
Solo han pasado unos cuatro meses desde que Erick dejó la vida cómoda de una cama del hospital para llegar a una cama de cañaza, abrigado con las sábanas de retazos que su familia le puede ofrecer.
La vida para Erick cambió totalmente. Regresó a su pueblo natal con una sonda estomacal, porque no podía comer, pero actualmente con mucho esfuerzo, come lo poco que sus padres en su precaria condición económica le pueden ofrecer.
La casa de pencas, con el fogón dentro, junto al hermano de 16 años esperaban con los brazos abiertos a Erick quien después de muchos meses retornaba a su hogar. Erick parece un niño de nueve años, desgastado por la enfermedad y atropellado por la mala dieta que lleva, y su familia espera que las manos caritativas de algunos panameños lo ayuden para pasar los días de su vida en una mejor condición.
Valentín Gallardo, padre del menor, explicó que en estos momentos su hijo está bastante mal, porque no tiene los recursos económicos para comprarle leche y solo le puede ofrecer yuca y guineo, porque la situación económica en la comarca es sumamente difícil.
No obstante, espera que alguna mano les pueda ayudar, porque su hijo necesita urgentemente un colchón para estar más cómodo, ya que todo el día lo pasa acostado encima de una cama improvisada de cañaza.
"Gracias a Dios se puede sentar, pero no tenemos silla para poner a nuestro hijo que hemos llorado muchas veces, porque pobrecito estamos acostumbrado a verlo bien y ahora está en cama, no los habla, no nos dice nada", expresó.
Lo real es que a pesar de la pobreza en que está inmersa esta familia indígena, su alegría está en la vida que mantiene su hijo y la esperanza es un día volver a verlo como estaba, completamente renovado, aunque es difícil pero no imposible.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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